Grabado de Francisco de Goya

por Víctor Manuel Ramos

Realmente no merece la pena responder a César Indiano. Él siempre ha estado en contra de los que están a favor y a favor de los que están en contra y tiene metido en su cabeza un galimatías que, por su artículo, pienso que empieza a desenredarse ya retratarlo tal cual es. Diagnóstico de médico.

Hace afirmaciones temerarias para quien se ha proclamado adalid de la justicia y dedo justiciero. Y basta leer uno de los párrafos de su llamamiento para entender su telaraña mental. En él justifica, vaya patriota éste, la intervención norteamericana en la década de 1980, que dejó a Honduras persecución, secuestro, tortura y muerte. Eduardo Lanza, era mi alumno en la Escuela de Medicina y Félix Martínez mi compañero en el SITRAUNAH, ninguno de los dos era terrorista. Fueron asesinados ambos gracias a la aplicación de la “doctrina de seguridad nacional” que impuso el sicópata Gustavo Álvarez Martínez y su compinche en la Universidad Oswaldo Ramos Soto, que ahora parecen los santos de Indiano. Y por supuesto hay muchos nombres más que pueden recordarle las madres, hermanos, esposas, hijos y parientes de los desaparecidos. Qué autoridad tiene Indiano para hurgar en las heridas aún abiertas de las madres y parientes de los desaparecidos. Todo este tinglado, con el respaldo del gobierno norteamericano a través del embajador Negroponte, justamente para organizar, desde Honduras, la resistencia en contra del gobierno de Daniel Ortega, convirtiendo al país en base para la agresión en contra de un país vecino y soberano. Sería recomendable que Indiano leyera el libro de Gregorio Selser: Honduras República alquilada, para que se entere de la verdad de las cosas, y, sin ir muy lejos, el libro de Longino Becerra “Las tarántulas atacan”, para que limpie un poco la turbación mental en que está sumergido. Y no estaría de más que lea mis artículos en mi columna Estafeta de esa fatídica época.

Indiano alega que Honduras es ajena a “modelos políticos importados de inspiración marxsista” y se atribuye el mandato, que quien sabe quien se lo adjudicó, de pensar en nombre de todos los hondureños y de hablar las mismas incoherencias de quienes siempre han estado en contra de los cambios y de las transformaciones políticas que se dan en el pensamiento político en la esfera terrestre, y que son los que nos han gobernado desde que Honduras se hizo independiente(¿?) y que son los mismos que asesinaron a Morazán. Las ideas de la transformación política no son del agrado de Indiano. Y tiene que ser así porque en su cabeza solo cabe el fundamentalismo plasmado en su propia biblia, la del asno, e imaginándose él, el profeta destinado a la salvación del mundo, se atreve a asumir que sus gustos ideológicos son coincidentes con los de todos los hondureños.

Lanza su grito al cielo, ¡Ah, la puta política!, distorsionando la historia y justificando lo injustificable cuando proclama a Los Estados Unidos como el campeón, como el chapulín colorado, que vino a detener “los comandos agresivos que intentaban desbaratar nuestra humilde democracia”. Un ex soldado, en mi clínica, aquejado de una severa depresión, me contaba con gran orgullo, como había observado a su jefe, el General Álvarez Martínez, asesinar en persona, con balazos en la cabeza, al Dr. Reyes Mata y al Padre Guadalupe Carney, en un país en donde la pena de muerte está proscrita.

Ahora Indiano hace migas con los dirigentes del golpe militar de Estado, fundamentalmente con el aún no juzgado Billy Joya y todos los militares, retirados y en servicio, que estuvieron al frente de esa horripilante etapa de la historia en Honduras de la que hablé arriba. Él tiene su propia biblia, la del asno, y pareciera que en uno de sus versículos y profecías se lee que los hombres de paz y de bien son menos infatigables que los perturbadores del orden público. Porque para Indiano quienes están, con el apoyo del mundo, en la calle exigiendo justicia, y una mejor suerte para las grandes mayorías, los indios intibucanos curtidos por el sol, los trabajadores, los maestros, los intelectuales, son una minoría bulliciosa. Es seguro que su biblia de malabares le permite contar a quienes están con los golpistas y quienes en contra y en sus contabilidades los golpistas son siete millones de personas calladas que habrán transmitido su sentir y pensar, al gran escritor de novelas y obras teatrales, mediante la magia del espíritu.

Se refiere al Presidente Zelaya como traidor a su pueblo. Aquí el amigo vuelve a estropear su propia visión sacrosanta de la política, porque si realmente ha habido un presidente identificado con el pueblo ha sido Manuel Zelaya Rosales y el golpe militar que le ha extrañado de su país, país en donde está proscrita la expatriación, se ha dado, precisamente, porque quiso abrir las puertas de la esperanza para el pueblo hondureño con las posibilidades de una nueva constitución en que quedara plasmada la legitimidad de que el pueblo sea partícipe de las grandes decisiones nacionales. Habla de que Zelaya gestaba la dictadura y con eso no hace más que repetir, como loro imperialista, para usar palabras de Chávez, las justificaciones de la oligarquía nacional que está empeñada en justificar a como dé lugar sus patrañas para perpetuarse en el poder e impedir que el pueblo decida su propio destino.

El ingenuo novelista no está completamente seguro de que los procedimientos para destituir al Presidente Zelaya hayan sido los correctos, pero se lanza, quijote redivivo, a proclamar su acuerdo “absoluto con el espíritu de las acciones”. Más adelante encontramos la explicación de su inseguridad, porque a aceptación de culpa, relevo de pruebas: está nuestro creador de fantasías “al borde de un ataque de nervios”.

Indiano tiene una venda en los ojos o, sumido como está en su mundo de fantasía novelesca y teatral, no quiere aceptar la realidad, asegura que la inmensa mayoría del pueblo hondureño está en contra de Zelaya, a pesar de que esa mayoría de las fantasías macondeanas de Indiano carece de presencia porque solo existen en su imaginación o vestiditas de camisetas blancas, reunidas como borregos bajo la presión de sus empleadores y de los ministros golpistas.

Indiano, sin embargo, cree que Honduras tiene una dignidad mínima, nada más que la ve del lado de los salteadores del poder. Y si realmente hay dignidad en Honduras esa pertenece a quienes, ya sea en las calles o desde sus casas, resisten con heroísmo a las botas militares y a sus marionetas. Y, sumergido en su mundo surrealista de creador de historias, Indiano hace coro con quienes quieren inventarnos una historia de fantasía y descaro. La misma historia que utilizaron contra Salvador Allende, la misma que les sirvió en Grenada, la mismísima, con los mismos capítulos e intrigas, que condujeron a la invasión de Panamá, la mismísima de que Fidel se come a los niños, con la que pretenden evadir el bulto, echándole la culpa al Presidente Hugo Chávez Frías. Eso lo lleva a hacer un nudo con los golpistas venezolanos que han encontrado en Honduras su paraíso perdido en Venezuela gracias a la decisión de ese pueblo bolivariano de dar un giro diferente a la historia de su país. Claro, eso no es intervencionismo. Si no serán ridículos cuando los reservistas, los que salieron corriendo cuando sonaron las primeras balas de los salvadoreños en la guerra del futbol, ahora se entrenan para repeler la inminente invasión a Honduras por parte de los ejércitos de Bolivia, Ecuador y Venezuela. Vaya fantasía propia de una historia de García Márquez, porque nuestro novelista no llega a tanto.

El chispa Indiano, no sale de su asombro frente a la ingenuidad internacional que unánimemente ha condenado el golpe de Estado en Honduras. Las pobrecitas OEA, ONU, SIECA, Unión Europea, Países no alineados, de acuerdo con su dialéctica, porque la dialéctica existe a pesar de que no le agrada a nuestro amigo, andan más perdidas que el hijo de Limberg, y en igual circunstancia se encuentra el Presidente Obama quien ha condenado el golpe militar. Habría que enviarles un mensaje para que le contraten como asesor, que bien pudiera estar apoyado por el brillante burlón Ortez Colíndres, ascendiente de golpista.

Para Indiano, Zelaya debe arrepentirse, Biblia del Asno en mano, por haber abierto los ojos al pueblo hondureño, por haber permitido que los desposeídos de este país se dieran cuenta de que hay una esperanza que es posible. Por eso, Indiano, en verdad os digo: llegó la hora de desenmascarar a los cobardes que van, como moscas, tras las mieles del poder impuesto por la felonía y la traición de las botas militares. Siga Ud. escribiendo novelas y creándose un mundo de fantasía política. Siga con sus ojos cerrados a la realidad y lance su personalidad al mundo como el vidente que ansía la humanidad para reparar todos sus males. Tome el fusil, unifórmese y salga a reprimir a los revoltosos para que sea congruente con su pensamiento trasnochado. Seguro que tendrá la mejor suerte del mundo. Pero mientras tanto deje que el pueblo hondureño viva la realidad y esa es: que está, de manera heroica, en contra del golpe y por el retorno del Presidente Zelaya.

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