Por Mario Rodríguez

En los años 80 Centroamérica fue un polvorín por las guerras internas que asolaban este territorio, esto la puso en el centro de la atención mundial. Al cabo de los años ese interés por el futuro de la región se fue diluyendo a medida que los procesos de paz iniciados en Esquipulas se fueron desarrollando y dieron paso a los Acuerdos de Paz. Los programas de ajuste estructural que iniciaron precisamente cuando la región estaba en pleno proceso negociador se fueron consolidando hasta el punto de generar un auge liberalizador que tuvo su máxima tensión con la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. En fin, fue una etapa de posconflicto que diluyó el interés de la comunidad internacional por la región y cada país como pudo, enfrentó sus problemas internos, sus lastres sociales y el auge de los grupos paralelos y el narcotráfico que ha generado ingobernabilidad de baja intensidad en todos los países, con mayor o menor intensidad según sea el país. Sin embargo, el golpe de estado en Honduras cambio por completo el panorama y Centroamérica vuelve a ser una región geopolíticamente de importancia. ¿Por qué ocurre esto? A nuestro entender, son tres los aspectos que explican este quiebre importante:

§ El auge que han tenido los gobiernos de izquierda en América Latina, ha generado temor, principalmente en Estados Unidos y las oligarquías locales que han cerrado filas para frenar esa tendencia. El golpe en Honduras implica un freno a esa disposición en Centroamérica. Implica también conocer y reconocer los límites del sistema, y hasta donde los sectores de poder están dispuestos a llegar dentro de este esquema. A pesar de la condena internacional, Michelleti sigue en el poder y el retorno de Zelaya pasa por reconocer los límites de su accionar. Ya lo decía ayer el portavoz Philip Crowley, al referirse a que Zelaya debe entender que no puede aliarse a Chávez y el Alba.

La posición geoestratégica de la región es propicia para generar procesos de tras localización empresarial, logística, plataforma multimodal para el apoyo al comercio y acceso a recursos estratégicos, minerales y materias primas en general, lo cual se ve afectado por el cambio en la correlación de fuerzas a nivel político y el peligro que eso implica en el rumbo de los gobiernos. En otras palabras, el Plan Puebla Panamá, el Plan Colombia, la Iniciativa Mérida, el Tratado de Libre Comercio TLC con Estados Unidos y el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, todas ellas iniciativas que giran en función del acceso, uso y manejo de los recursos estratégicos de la región y su plataforma continental, no son viables en otro esquema político que vaya en contra de tales objetivos y que no este alineado a los intereses del gran capital empresarial. Los golpistas en Honduras tienen ese objetivo, marcar los límites del sistema, y buscan consolidar el modelo económico, el cual no es negociable. En esa tarea están respaldados por las oligarquías nacionales de todo el continente, pero también por amplios sectores de poder de Estados Unidos. Sin embargo, la reacción social y la movilización popular hondureña, el amplio repudio internacional y el respaldo casi unánime al presidente Zelaya, han generado una situación difusa, pero no por ello compleja. Los grandes poderes económicos reconocen que el fondo de toda está lucha pasa por reafirmar el modelo económico y sus privilegios, más allá de la retórica legalista que manejan los golpistas.

La importancia que tiene América Latina para Estados Unidos en la situación actual de crisis y vulnerabilidad económica en que se encuentra ese país, es otro elemento fundamental para comprender por qué la región es nuevamente un factor importante en este re-acomodo de fuerzas en el continente. Centroamérica fue un modelo exitoso de pacificación para Estados Unidos. Por ello, no pueden permitir que los pueblos de esos países se expresen libremente sobre su futuro. El golpe ha significado, con o sin su consentimiento una oportunidad para reafirmar su influencia política en la región. Estados Unidos condena el golpe, pero evita llamarlo por su nombre. Actúa rápidamente y propone un diálogo, siendo una jugada estratégica que le da tiempo a los golpistas, y le permite maniobrar para quitarle la iniciativa a los países del ALBA y de América Latina en general. A través de Oscar Arias, Estados Unidos retoma la iniciativa y pone sobre la mesa sus términos para el regreso de la institucionalidad, lo cual implica un marco limitado de actuación para Zelaya y la capitulación de sus tímidas propuestas de reforma. Con está acción Estados Unidos retoma la iniciativa, y reafirma sus intereses en la región. Su visión geoestratégica sigue intacta y en ella, desde los tiempos de Monroe, Nixon y Kissiger, Centroamérica siempre fue su patrio trasero, y los golpistas sus lacayos.

Fuente: www.albedrio.org

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