Por: Patricia Murillo Gutiérrez


Cuando Eduardo Bueso declaró el jueves dos de julio, (quinto día del golpe) al periodista Jesús Vélez Banegas, en radio Internacional, que junto a los corporativos se reuniría con las autoridades de la policía y militares a fin de buscar una estrategia para desalojar a quienes se manifestaban en el centro de la ciudad y recuperarlo, un escalofrío me recorrió, porque las palabras del vicealcalde de San Pedro Sula, sonaban a mal presagio.

Y así fue, las aves de negro plumaje que habla una de las estrofas de nuestro himno nacional, revolotearon sobre las cabezas de mujeres, jóvenes, niños y adultos, que confundidos por millares, ejercían su sagrado derecho a la expresión, pidiendo se restituyera el estado de derecho en Honduras.

Ese fue su pecado, y es que los pobres, y las clases medias medias o bajas esos que, caminan por estas calles de Dios, sin guardaespaldas, parecen estorbar, (menos a la hora de rogarles el voto ¡eh!). Y hay que hacerlos invisibles a como sea.

Paralelamente, no escuchamos a las autoridades decir que igual trato se daría a otros marchantes. Quienes conducidos por personajes que jamás podrían arrojar la primera piedra, porque allí encontrará desde políticos con piel de oveja, cuando sabemos de sus dentelladas de lobos, hasta personajes vinculados a los malos manejos de la Corporación Nacionalde Inversiones, la famosa Conadi, como "líderes" de ciudadanos casi aterrorizados por el miedo mediático que los ha absorbido, y paradójicamente, se abrazan hasta hoy que conste, con centenares de humildes trabajadores que no pudieron escoger ante sus patrones, si ir o no a marchar.

Buen momento ciudadanos para hacernos un examen de conciencia, aún hay tiempo, aunque algunos sientan la soga al cuello.

Olvidan los que mueven las masas para sus fines y no el del bien común, lo que aseguró la socióloga y rectora de la UNAH, Julieta Castellanos, "no es con la violencia que se tapan las desigualdades y la deuda social, y ello lleva a la ingobernabilidad".

Y remata asegurando que: "La crisis actual evidencia la urgente necesidad de reformar el estado; la democracia debe garantizar mayor participación e inclusión social y económica, mayor eficiencia y transparencia. Pero sobre todo, añade, necesita construir una institucionalidad que garantice su despolitización partidaria y evite que, cualquier funcionario manipule e irrespete la ley para satisfacer sus interés particular o políticos". (¿Entienden diputados, por ejemplo?)..

Tras la represión de este jueves, cuando vimos a mujeres y niños vomitando, gente despavorida ante el abuso de poder de los militares y policías, ellos mismos nacidos de vientre campesino, golpeando y apresando a estudiantes y dirigentes populares, e intimidando a los periodistas de Radio Progreso, me acordé de esas proféticas palabras de la última homilía del obispo mártir salvadoreño, monseñor Oscar Arnulfo Romero, que caen como anillo al dedo a nuestros oficiales sensibles que los hay, para que lo piensen dos veces antes de levantar la mano a su hermano: "En nombre de Dios, de nuestro pueblo atormentado, que ha sufrido tanto y que eleva su mirada al cielo, les pido, les suplico, les ordeno: ¡Paren la matanza!".

Hablando de masacres, en julio, allá en la década de los cuarentas, una manifestación de sampedranos liberales en su mayoría, fue ahogada a balazos, cuando marchaba pacíficamente en la Tercera Avenida, protestando contra el tirano de turno, el general Tiburcio Carías Andino.

En esa oportunidad, los comandantes de armas locales no dudaron en ordenar abrir fuego sobre desarmados pobladores que ejercían su pleno derecho a la protesta contra el oprobioso régimen de facto que ahogaba a la Patria.

Y jamás se borrará de la mente de los sampedranos, esa acción impune y cobarde contra seres humanos que luchaban por quitarse el yugo.

Hoy la llevada y traída Constitución nos dice claramente en su artículo 3: "Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador, ni a quienes asuman funciones o empleos públicos por la fuerza de las
armas o usando medios o procedimientos, que quebranten o desconozcan lo que esta Constitución y las leyes establecen. El pueblo tiene derecho a recurrir a la insurrección en defensa del orden constitucional".

Desde el nefasto domingo 28 de junio, el pueblo sampedrano llamó Plaza Libertad a la calle frente al parque central y era su punto de catarsis ante la ignominia. Hoy veremos quién cargará para la
historia con la sucia responsabilidad de haber ordenado aplastar a sus hermanos.

Hace relativamente poco tiempo, los mejicanos también fueron atropellados en Tlatelolco por la brutalidad de las botas mal influidas y los chinos en Tiananmen, al buscar pacíficamente más oxígeno dentro de la opresión que los asfixiaba. Así que, el hombre lobo del hombre no es sólo patrimonio nacional.

¿Podría Ramón Custodio López el defensor estatal de los derechos humanos, a quien los ciudadanos pagamos el salario, venir a investigar el rosario de violaciones a los derechos humanos de los costeños? Aquí le esperamos, después podría ser tarde, como pasó en la década de los ochentas, donde el mismo fue víctima de la persecución.

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