por Gustavo Campos

Roberto Micheletti continúa sin ceder ante las exigencias de la comunidad internacional de restituir al depuesto presidente constitucional Manuel Zelaya. Ante las amenazas de intervención de parte de algunos países latinoamericanos para restablecer el orden constitucional del Gobierno de Honduras, Micheletti se pronunció: “Escuché a un señor de Venezuela que iba a venir a atacar a Honduras; mi contestación fue: señor, en este país somos siete millones y medio de soldados”, dijo. (Léase BBC Mundo).

Y no sólo la unanimidad de los países del mundo le exige desistir de tal necedad, sino también su único aliado: la estadística. ¿De dónde sacará 7.5 millones de soldados? Según el Análisis del trabajo infantil y adolescente en América Central y República Dominicana publicado por la OIT, en el año 2004, “más del 40% de la población es menor de los 15 años, y la edad promedio de los habitantes ni llega a los 19 años”. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) la población que constituye la República de Honduras es aproximadamente 7, 415,972 habitantes de los cuales la población urbana está integrada por el 45% y la población rural por el 55% (INE, 2006).

Además este Instituto agrega que la mayor cantidad de población la concentran los menores de 18 años, con el 49.9%, seguido de las personas entre 19 y 59 años con el 44.9%, las personas de 60 años o más constituyen el 5.2%.

A sacar cuentas se ha dicho: 49.9% (menores de edad) más 5.2% (tercera edad), suman un total de 55.1% de “refuerzos” menos, quedando el total de 44.9%, que equivaldría a unos 3 millones –aprox.- de soldados en existencia en el almacén hondureño de los Golpes de Estado y de las Guerras Civiles.

Allí no acaba el cálculo, ya quisiera Dios que contásemos con tan prometedor número de efectivos listos a enlistarse en pro del Golpe de Estado. Se presenta un nuevo problema y por lo tanto habrá que resolver la ecuación pertinente. Según el mismo INE la población de mujeres es mayor que la de los hombres en un estimado de 100 mil personas. Entonces, por lógica deduciremos que esos 3 millones de soldados valientes e inexpertos (mal alimentados porque la tasa general de pobreza es de 62.1%) tendrán que dividirse entre dos: género femenino y género masculino, resultando la nada envidiosa cifra de 1 millón y medio.

Pero el problema no termina allí: habrá que restarle a esa cifra los empresarios activos, los hijos de empresarios, los políticos e hijos de políticos, la familia de todos los diputados, en fin, las familias de todos los que engranan el sistema de poder económico, político y de manipulación. Ellos, por supuesto, integrarán otro batallón: primer batallón del Dolphin Mall en Miami.

Sigue la resta: los enfermos de salud, los parapléjicos, las personas con incapacidades, enfermos mentales, mendigos, médicos y enfermeros, éstos últimos que se dedicarán a sanar el pueblo mutilado. Y descreo que los garífunas quieran integrar ese ejército soñado de Roberto Micheletti, puesto que Ortez Colindres se ha referido en más de una ocasión al presidente de Estados Unidos Barack Obama como “el negrito del batey”. Que conste que los garífunas son el grupo étnico más cuantioso de todos los del territorio nacional.

Después de tan sistemática y sesuda ecuación, ¿Qué nos queda? La novedad del siglo XXI: un Golpe de Estado Democrático –Honduras como precedente histórico a nivel Universal- y el inédito precedente de recién nacidos atrincherados con sus pepes. Su consigna: agú, agú.

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