Con esta divertida entrevista que le hicieran en Argentina a Horacio Castellanos Moya he decidido, sin abandonar el asunto éste del Golpe de Estado en H, empezar a reorientar este blog hacia su rol primigenio, que es el de enfocarse en el arte en general y en la literatura en particular. Pasan los días en H y cualquier cosa que ocurra en adelante se las comunicaremos a ustedes, apreciables lectores, pero de ahora en adelante que no les extrañe volver a encontrarse aquí "insensibles" notas culturales en medio del caos político. De tanto machacar con Mel y con Micheletti ya había llegado a aburrirme y por eso me zampo un whiskicito (que no me gusta mucho pero me entona adecuadamente) para volver a la carga. Gracias, Horacio, por devolvernos un poco del buen humor perdido en estos últimos días. Aquí les va la entrevista hecha por Osvaldo Bazán:
Desde Tokio, donde acaba de fijar residencia, y sin perder ni un centímetro de su conocida rebeldía, con el poder de provocación intacto, Horacio Castellanos Moya contesta en exclusiva para Crítica de la Argentina una docena de interrogantes sobre la situación actual de su patria de nacimiento, Honduras. Sus lectores habituales saben que no deben esperar respuestas políticamente correctas, que está en conflicto con todo tipo de nacionalismo, que abomina del militarismo, que la palabra “demagogia” no figura en su diccionario y que puede llegar a decir cosas como que lo que diferencia a Micheletti de Zelaya es el color de tintura que usan y que lo mejor que puede ocurrir con Honduras es que lo trasladen a África. Con estas prevenciones, he aquí el cuestionario.
–¿Cómo puede ser que, mientras toda la comunidad internacional sin excepción habla de golpe de Estado, los hondureños hablen de “recambio constitucional”?
–Honduras era un país fuera del tiempo, nunca había tenido un papel protagónico en la historia mundial. Los políticos hondureños estaban acostumbrados a dar golpes de Estado sin que nadie en el exterior les pidiera cuentas de ello. El país se llama Honduras precisamente porque está en lo hondo, donde lo contemporáneo apenas llega y con mucha dificultad. No se extrañe, pues, de nada.
–¿Cómo explica Roberto Micheletti hacia dentro de su país que todo el mundo esté hablando de “golpe de Estado”?
–No sé. Yo ahora vivo en Tokio, Japón.
–¿Qué opinión tiene de Roberto Micheletti?
–Ninguna. Pero seguramente es como la mayoría de los políticos hondureños: zamarro y zopenco.
–¿Y de Manuel Zelaya?
–Creo que los diferencia el color del cabello: uno se lo tiñe de cano y el otro de negro.
–El personaje de Doña Lena, en el que usted tantas veces personalizó a la alta burguesía hondureña, ¿qué piensa en estas circunstancias?
–Doña Lena estaría muy contenta de que los militares hayan expulsado a “ese comunista”, como ella lo llamaría. Relea las primeras páginas de mi novela Desmoronamiento, que suceden en 1963, aplíquelas a los acontecimientos actuales y verá que curiosamente empatan. Le repito: Honduras está fuera del tiempo.
–¿Qué papel está cumpliendo la prensa hondureña?
–Veo por internet lo mismo que usted puede ver: complicidad y censura.
–¿Cómo ve el papel de Hugo Chávez?
–Es un hombre que tiene facilidad de palabra y una enorme capacidad histriónica. Si logra salir vivo del poder, se puede convertir en una estrella de la televisión. No creo que sea el caso de Zelaya.
–¿Cuáles son las culpas que debe pagar Zelaya?
–Zelaya es un típico caudillo liberal, aunque en su lenguaje haya incorporado una retórica socialista. Creyó que se iba a imponer por sus “huevos” y las cosas le salieron al revés.
–¿Cuál sería la mejor solución para el país?
–Ni Clinton, ni Insulza, ni Arias Sánchez han logrado una solución. Yo propondría lo que puede proponer un escritor de ficciones: que reinventen ese país en el centro de África.
–¿Qué opina del viaje de la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner hacia Honduras, junto con Lugo, de Paraguay, y Correa, de Ecuador?
–Les aconsejaría que no aterricen en el aeropuerto de Toncontín. Es muy peligroso: está casi en el centro de la ciudad, tiene una pista cortísima y está rodeado de cerros. No cualquier piloto se atreve.
–¿Qué sentimientos despertaron en usted estos acontecimientos?
–Yo carezco de sentimientos hacia la política. Creo que este golpe fue apoyado por un poderoso grupo de inteligencia del Partido Republicano de Estados Unidos para meter en una trampa la política de Obama hacia Latinoamérica. John Dimitri Negroponte, Abrams y muchos que después encabezaron la guerra de Bush en Irak se formaron en Honduras en la década del ochenta y aún tienen su garra metida en esos bosques.
–¿Qué opina del hecho de que usted sea consultado por estos acontecimientos?
–Pensaría que usted no tiene fuentes. Yo nací en Honduras y viví ahí los primeros cuatro años de mi vida. Es todo.

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