A continuación Fabricio Estrada dirigiendo unas palabras cariñosas a dos sujetos de esos que nuestra pobre y puta patria, por su ignorancia y su mal gusto, convierte en héroes cada dos por tres. Por favor léase con la mano puesta sobre la Biblia... del burro y con la música de fondo de Crí Crí.
Una vez que decido detener el reel de hechos y sensaciones de estos días, valoro los asombros, los descubrimientos y las sorprendentes declaraciones que han salido a flote desde el fondo de un turbio mar. Leo detenidamente -por ejemplo- lo escrito por César Indiano e intento creer que alguien le está haciendo daño escribiendo en su nombre, le concedo la duda que impone todo corcho en su ligereza sobre las olas; leo, riéndome de antemano sus primeros párrafos, así como él nos ha enseñado en el método Indiano; sin embargo, al avanzar en su kilométrico pronunciamiento, me doy cuenta que Indiano ha decidido profundizar su insolencia y despistado humor, y que no puede hacerse mayor daño del que ya se hizo desde sus primeros y borrascosos libros.

Indiano (César Rodríguez) es consecuente con su papel de los últimos años: "yo soy el que puedo decir cómo están las cosas aquí" "Yo que soy un hondureño auténtico le pido a la ONU", "Yo que me pronuncio hasta hoy, les pido a los hondureños que estamos con miedo dentro de nuestras casas, que tomemos las escobas, los garrotes y apoyemos al ejército en su lucha... ahora, todos debemos ser un soldado más" (...)

Recuerdo una plática que le escuché en la UPN hace algunos años: en ella sostenía que la conquista española le había venido a hacer un gran favor a estos puebluchos de indios ignorantes... se reía, alababa los métodos de supresión de la cultura indígena, explicaba que de seguir con las civilizaciones asentadas en el continente hubiéramos sido los hazmerreir de la historia...

Y bueno, ahí está un hombre coherente con todo su arsenal de morbosidades y disfunciones, desquicio que lo hace interpretar que hoy, 20 de julio, día de Lempira, se celebra el día internacional de La Malinche.

El otro abordaje de la crisis viene de la carta de respuesta de Guillermo Anderson: leo y releo su "defensa al silencio" y sólo logro sacar de la carta un racional cuidadosamente redactado para las ONG´s que lo ponen a viajar y a cantar sobre cusuquitos y tapires. "Debemos hacer ahora la canción más difícil de todas" dice, "sin confrontaciones, sin acusaciones, porque los que quedaremos aquí seguiremos siendo hondureños"... Caramba, ¿suena la guitarra y la marimba? al parecer a Guillermo se ha transfigurado a uno de sus animalitos del verde bosque y corre, corre con la guitarrita a través de una pradera de ensueño. "Yo le canto a los paisajes, yo le canto a las plantitas, yo le canto a..." sí, por supuesto, la mitad de hondureños que se quedarán en este territorio deben ser para él los pacíficos loros, los bulliciosos monos arañas y uno que otro cayuco zarandeado por el mar, es decir, la santísima inocencia manifestada en el silencio de todas las especies de la fauna y de la flora.

Pienso que se ahora en adelante, mis lecturas de poesía tendrán una mayor precisión en cuanto a públicos se refiere, y por supuesto, que las tonaditas y palabrotas de Anderson e Indiano, tendrán un público igual de preciso, nada más que el mío estará bajo permanente amenaza y el de ellos, en la gloria y luminosidad protectora de las fuerzas del orden… a menos que logre encontrar el secreto de Francisco de Asís y así pueda leerle mis versos a los fieros lobos con piel de oveja y a los mansos guayabales que en esencia, siempre tendrán la forma de una granada de fragmentación.

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