Foto de Claudia Sevilla

Por: Eva Golinger

Fecha de publicación: 29/06/09

Cuando el Presidente Manuel Zelaya de Honduras fue brutalmente secuestrado de la residencia presidencial en Tegucigalpa en horas de la madrugada del domingo, 28 de junio, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se disfrutaba de la paz y tranquilidad del campo en Camp David, la residencia vacacional del jefe de estado norteamericano. Mientras que el Presidente Zelaya fue golpeado por soldados hondureños y forzado en un avión sin saber su destino, el Presidente Obama desayunaba con el relajante sonido de los pajaritos del bosque del estado Maryland. Y durante el desarrollo del golpe de estado en Honduras ayer, que produjo múltiples violaciones de los derechos humanos, el secuestro y la violencia contra la Canciller de Honduras, Patricia Rodas, la brutalidad y secuestro de los embajadores de Cuba y Venezuela en Honduras y la toma ilegal del poder de un gobierno de facto, ilegítimo, el Presidente Obama estaba tomando una decisión muy, muy difícil sobre la iglesia donde él y su familia asistirían durante los próximos años.

El titular de hoy, “Obama escoge a la misma iglesia en Camp David donde también asistía George Bush”, está más destacado en los medios estadounidenses que este titular, que además, minimiza y manipula la verdad, “Chávez y aliados respaldan al presidente derrocado de Honduras”. Pues es obvio, la selección de la iglesia donde la familia Obama pasarán todos sus domingos durante los próximos cuatro años es mucho más importante que un golpe de estado en un país centroamericano. Ahora también se entiende porque ayer las declaraciones de la Casa Blanca sobre el golpe en Honduras, realizada solo por voceros y no directamente por el presidente, fueron tan ambiguas y mesuradas. Obama no solamente estaba de retiro en el campo con su familia, sino estaba tomando decisiones de alta prioridad sobre sus futuras estadías dominicales. No tenía tiempo parar preocuparse con asuntos ajenas de su dominio personal. ¿Golpe, qué golpe? Obama estaba decidiendo sobre su propia vida y muerte, porque según reseña un artículo en la Revista Time, “a pesar de que Obama quería asistir a una congregación en Washington, luego de probar varias iglesias, decidió que ‘era incómodo’ estar en un lugar pública donde ‘la gente’ se acercaba para verlo.” Entonces, por eso urgentemente se tuvo que trasladar a Camp David para aislarse de su pueblo.

El punto es que el Presidente Obama, a pesar de ser el actual Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas estadounidenses y el presidente del imperio, aún no está directamente en control sobre toda la maquinaria imperial. Fuentes cercanas a Washington han confirmado que el Pentágono, a través de la misión militar (grupo militar) de Estados Unidos en Honduras, ha estado trabajando con los militares golpistas involucrados en el golpe de estado contra el Presidente Zelaya. El Comando Sur realiza acerca de 55 maniobras anualmente con las fuerzas armadas de Honduras. La misión militar en la embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa financia a las fuerzas armadas de Honduras con aproximadamente dos millones de dólares cada año, y eso no incluye los millones de dólares que Washington suministra a través de otras programas de cooperación con Honduras, y la gran inversión en la base militar de Estados Unidos en Soto Cano, Honduras.

Ayer, miembros del congreso golpista de Honduras anunciaron que estaban en reuniones durante la semana anterior con el embajador de Estados Unidos en Tegucigalpa, Hugo Llorens. Incluso, un congresista hondureño declaró que el embajador quería que dejaran que realizaran la encuesta programada para el domingo pasado sobre un futuro referéndum para la convocatoria de una asamblea constituyente, porque “más adelante podemos resolver el problema de la reforma constitucional, no se preocupan”. Pero, según el congresista, no querían esperar hasta noviembre y permitir que Zelaya, junto al pueblo, “tomaran decisiones sobre el futuro del país”.

Es cierto que el gobierno de Estados Unidos se ha unido a la declaración contundente de la Organización de Estados Americanos condenando al golpe de estado y demandando el regreso inmediato del Presidente Zelaya al poder. Pero hasta hoy, los voceros de Washington que han dado la cara sobre la situación en Honduras, han dicho que aún no están considerando suspender el apoyo económico y militar a Honduras en caso de que los golpistas se nieguen a cumplir con la Carta Interamericana y los principios democráticos. ¿Será que plantean a un golpe tipo Haiti en 2004, cuando secuestraron al Presidente Aristide y lo llevaron al exilio en África antes de que el mundo se enterara de la brutal violación de la democracia que estaba sucediendo en el país caribeño? Fue un avión estadounidense que llevó a Aristide, escoltado por militares estadounidenses. Y luego, el gobierno de Estados Unidos, junto a la OEA, condenó a la ruptura del orden constitucional. Pero en lugar de trabajar para el regreso de Aristide a su puesto legítimo como presidente de Haití, apoyaron a un “periodo de transición” para restablecer el estado de derecho y permitir un proceso electoral “pacífico” durante el año siguiente. Además, enviaron tropas de la ONU a Haití, que principalmente fueron estadounidenses, para “garantizar la paz y orden” en el país. Hasta hoy siguen allí.

La Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos (USAID) financia a grupos de la llamada “sociedad civil” en Honduras con más de 50 millones de dólares al año. A través de la National Endowment for Democracy (NED) y el Departamento de Estado, canalizan también millones de dólares y ayuda estratégica a los principales partidos políticos y organizaciones políticas en Honduras por vía del Instituto Republicano Internacional, el Instituto Demócrata Nacional y otras agencias de Washington. Grupos como Paz y Democracia, que salieron a la luz pública ayer respaldando el golpe de estado en Honduras, reciben parte de ese dinero proveniente de los auto-llamados “promotores de la democracia”. Tanto como fue en el caso de Venezuela, durante el golpe de estado de abril 2002, el gobierno de Estados Unidos financió a los grupos involucrados en el golpe de estado, y los continuaban financiando a pesar de conocer a sus planes golpistas. Tal vez no sea el “smoking gun” (o la evidencia directa) que comprueba la mano de Washington en el golpe, pero es suficiente para demostrar su complicidad.

El Vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, declaró una vez que el Presidente Obama será sujeto a una prueba internacional durante su primer año en el gobierno. La condenación de Washington del golpe de estado en Honduras tendrá que ser mucho más fuerte que su simple firma al final de la declaración de la OEA. Si no indican que suspenderán el apoyo financiero al gobierno golpista en Honduras si este siga en el poder, el “cambio” que tanto avaló el Presidente Obama con referencia a la relación entre su administración y América Latina quedará como un chantaje.

Fuente: www.aporrea.org

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