Una hondureña durante el funeral de su hermano, asesinado por el ejército durante el operativo desplegado el domingo pasado en el aeropuerto de Tegucigalpa para impedir el retorno del presidente Manuel Zelaya

  • Viaja a EU comisión de buena fe del gobierno golpista; cierran aeropuerto de Toncontín
  • Colegios magisteriales determinan paro indefinido
  • Más de 800 detenidos por las protestas, sólo en Tegucigalpa


Tegucigalpa, 6 de julio. La condena a los golpistas hondureños ha sido unánime. Presidentes, organismos internacionales, medios de todas partes, han insistido en lo inadmisible del golpe de Estado, entre otras cosas porque significa un retroceso de décadas, la vuelta a un pasado que América Latina daba por enterrado, algo que huele a viejo. Tan viejo como el avión Electra, pieza de museo que la Fuerza Aérea de Honduras coloca en la pista del aeropuerto de Toncontín para evitar que a Manuel Zelaya se le ocurra tratar de aterrizar de nuevo en esta tierra. Hacia la Segunda Guerra Mundial, el bimotor ya había comenzado a entrar en desuso debido a su escasa capacidad de carga. Los golpistas hondureños le han encontrado una nueva utilidad.

El avión Electra es colocado en la pista, cerca de donde el domingo murió un joven, al tiempo que el gobierno de facto informa que el aeropuerto permanece cerrado dos días más, por razones de seguridad, como se estila en estos casos. Cerrado a la aviación comercial, el aeropuerto se abre para que despegue un jet con seis pasajeros rumbo a Washington, la comisión de buena fe del gobierno golpista para tratar de negociar con la Organización de Estados Americanos y el gobierno estadunidense. Según la prensa local, viajan el ex fiscal general Leónidas Rosa Bautista, el ex canciller Guillermo Pérez-Cadalso y el candidato presidencial del partido Demócrata Cristiano, Felícito Ávila. Quitan el Electra en vano, porque un vocero del Departamento de Estado anuncia que no serán recibidos por nadie (lo que no significa que Estados Unidos no busque contactos informales con los golpistas). Según los medios locales, desde hace unos días se encuentra en Washington Carlos Flores Facussé, ex presidente de la República y acaudalado empresario.

Las horas contadas

A pesar de los temores aeronáuticos del gobierno de facto, Zelaya anda con otros planes que, hasta pasado el mediodía, ni sus seguidores aquí conocen exactamente. Más tarde se enteran de que viajará a Washington y que el martes se encontrará con la secretaria de Estado, Hillary Clinton.

En la víspera de ese viaje, Zelaya concede una entrevista a la cadena CNN: Este régimen tiene las horas contadas, dice, al anunciar que volverá a Honduras en las próximas horas, tras elaborar un plan que garantice que no será asesinado por el gobierno y que los golpistas no volverán a frustrar su intento de ingresar a territorio hondureño.

Ya entrada la noche, dirigentes de la resistencia informan que este martes su marcha de protesta será encabezada por Xiomara Castro, esposa del presidente Zelaya, y otros de sus familiares.

El pajarraco Electra resulta tan vetusto como el lenguaje de Enrique Ortez, canciller del gobierno golpista, quien reconoce que el domingo hubo dos muertos, aunque, sin investigación de por medio, niega que la policía o los militares hayan disparado. No hay ninguna responsabilidad de las fuerzas de seguridad. Claro, se dispararon entre ellos.

A pesar de lo dicho por el canciller, la fiscal de Derechos Humanos del Ministerio Público, Sandra Ponce, dice a la prensa que no hay una segunda víctima fatal confirmada, como se aseguró el domingo, en medio de la confusión. Los dirigentes de la resistencia tampoco confirman un segundo fallecimiento.

Los tropiezos verbales del diplomático de carrera Ortez son antológicos y la comidilla de los antigolpistas. Será por eso que el personaje no forma parte de la comitiva oficiosa que parte a Washington con la idea de explicar al necio mundo la receta para que un golpe asestado por miliares no sea un golpe militar.

Ese negrito que no sabe nada

Hace unos días, en la televisión nacional, Ortez se despachó en grande, armado de una ironía sin igual, contra los mandatarios que han condenado el golpe: Zapatero a tus zapatos, le dijo al presidente español. Del vecino país El Salvador dijo que ni siquiera valía la pena hablar: Es tan pequeño que ni siquiera se puede jugar futbol porque se sale la pelota. Y, siguiendo los pasos de Vicente Fox, Ortez dijo que Barack Obama es ese negrito que no sabe nada de nada.

Dispuesto a darle lecciones de democracia a Estados Unidos, Ortez siguió de largo: Ellos permiten lo que sea. Ya Estados Unidos no es el defensor de la democracia. En primer lugar, el presidente de la República, que lo respeto, el negrito, no conoce dónde queda Tegucigalpa. Nosotros somos los que conocemos dónde está Washington y somos los obligados como país pequeño, un pigmeo democrático, a aclararles las concepciones y a leerle, tal vez en su idioma, lo que está pasando.

A los apologistas del golpe, en cambio, se les agota el humor. El Heraldo, diario que los zelayistas consideran vocero del golpe, trata de desmarcarse, en un editorial, de Roberto Micheletti y sus funcionarios. Los llama quienes optaron por la fuerza para poner fin a una crisis política interna, además de reprocharles que la situación ha empeorado de forma exponencial y llamarlos, ante perspectivas tan sombrías, a buscar una salida negociada.

Sin lucha, heredaremos harapos a nuestros hijos

Tras un fin de semana lleno de tensión, la capital de Honduras vive un lunes en calma aparente. Todo mundo está preocupado, pero los centros comerciales lucen llenos de clientes y no es evidente ningún desabasto.

Entre la tarde del domingo y la madrugada del lunes son detenidas más de 800 personas, sólo en Tegucigalpa y zonas aledañas, luego de que el gobierno golpista adelantó el toque de queda debido a los disturbios en el aeropuerto.

Para fortalecer la vuelta a la normalidad, el presidente Micheletti anunció el domingo la reanudación de clases, suspendidas todas la semana anterior. Pero los sindicatos magisteriales se hallan divididos sobre si volver a laborar o continuar el paro indefinido.

La Universidad Nacional, por su parte, reinicia labores pero hacia el mediodía los estudiantes antigolpistas la han cerrado de nuevo.

De mañana, sale rumbo a su pueblo el cadáver de Isy Obed Murillo, el joven de 19 años caído el domingo en el aeropuerto. Isy Obed era originario de Santa Cruz de Guayape, en el departamento de Olancho, de donde procede también el presidente Zelaya. Su padre es David Murillo, un pastor evangélico de 57 años, quien al ser entrevistado por la radio nacional dijo que su hijo fue asesinado por un francotirador, y que luego de enterrarlo volverá a la batalla: Si abandonamos la lucha, heredaremos a nuestros hijos sólo harapos.

Han matado un olanchano, no saben con quién se han metido, dice un hombre en el mitin del día, cerca de la casa presidencial, donde existe una intersección cuya única peculiaridad es que en cada esquina hay un restaurante de comida rápida. Se ha vuelto el lugar de reunión habitual de los antigolpistas, que hoy brindan un minuto de aplausos al joven asesinado por los militares.

Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos, dice al micrófono Salvador Zuniga, dirigente del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh).

Zuniga hace ver la paradoja de que la oligarquía más atrasada del continente se convierta en la vanguardia de los sectores dispuestos a rechazar, incluso con el poder de las armas, el avance de los gobiernos de izquierda en el continente.

Es un grupo atrasadísimo. ¿A poco no lo muestra que su canciller racista diga que Barack Obama es un negrito del batey?

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