La paz es una construcción social que, obviamente, necesita de una estructura ciudadana conciente de los valores que la forman, valores que la clase política hondureña ha sabido instrumentar y pervertir a través de la ley, "las buenas costumbres", "el sentido común" y el poder estatal; no obstante, en la mentalidad del ciudadano común, estos valores aparecen desvinculados de su realidad personal y por eso no se apropian de ellos como medios para frenar la corrupción, la injusticia, la irresponsabilidad política y el irrespeto interpersonal, verdaderos causales de la violencia y de la inestabilidad social.

Nos ayuda, para puntualizar en estas apreciaciones, la Encíclica Vaticana inspirada por Juan XXIII, PACEM IN TERRIS, de 1963, en la cual se identificaban cuatro importantes requisitos para que reine la paz: la verdad, la justicia, el amor y la libertad.

“Para que una sociedad se ordene de acuerdo a la dignidad humana, «debe basarse en la verdad» -afirmaba Juan XXIII, Citando Efesios 4, 25, escribía que toda persona debería hablar de la verdad con su prójimo.- Esta práctica implica el reconocimiento no sólo de los derechos de cada individuo, sino también de los deberes que se debe cumplir de cara a los demás.

Tras fundarse sobre la verdad, la sociedad «debe llevarse a efecto por la justicia». Esto se alcanza cuando respetamos los derechos de los demás y satisfacemos nuestros deberes hacia ellos. Sólo entonces las personas se guiarán por la justicia en sus relaciones sociales. Pero esta vida social también necesita, indicaba la encíclica «estar animada por un amor tal que sientan las necesidades de los demás como propias, induciéndoles a compartir sus bienes con los demás, y a esforzarse en el mundo para lograr que todos los hombres sean iguales herederos de los más nobles valores intelectuales y espirituales».

El último de los cuatro conceptos, la libertad, entra en juego cuando los miembros de la sociedad eligen como medios para realizar sus acciones aquellos que son «coincidentes con la dignidad de sus miembros individuales, quienes, estando dotados de razón, asumen la responsabilidad de sus propias acciones».

Descrito lo anterior, es obvio que la paz pregonada por los golpistas en Honduras, es tan solo un souvenir o una contraseña, un salvoconducto para cruzar en caballo blanco la historia brutal de lo que entienden por democracia.


F.E. - Bitácora del Párvulo
17 de julio, 2009

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