A Isis Obed Murillo, por todo lo dado…

Sos un niño gigante de nuestra dignidad, nuestro más tierno héroe.

I
¿Qué hace una bala de Galil
en la cabeza de un niño?
¿no pudo este gobierno de facto ofrecerle algo mejor?
-el día de hoy ni siquiera había desayunado-
¿le pregunto este régimen al niño,
que soñaba?
¿no debió llenarle la cabeza de escuela
en lugar de plomo?
Un muchachito pobre
que cumplía lo mandado por su carta magna,
un desobediente civil,
ante los usurpadores.
Un niño valiente frente a las ráfagas de los gorilas.
Isis cayó con las manos limpias,
como nunca morirán los cobardes,
sin mácula,
sin más armas que un grito en la garganta.

II
Ahí lo llevan a Isis,
En volandas,
-Abrazado por la flácida muerte-
con los ojos vacios,
con el cráneo ahuecado por la bala.
Un desperdicio de juventud
Sangrando,
fertilizando la patria con su venas,
-Abonando un almácigo de puños
para detener el golpe de las botas-
dejando un pocito de sangre y de cerebro
en el sitio de su caída.
-hueco horadado en la ignominia.-
Isi es una mancha en las manos de los asesinos,
vergüenza de páginas escritas por gorilas.
Es el llanto en nuestra boca,
nuestra impotencia,
nuestro dolor,
Sin habernos sentado a compartir
un pocillo de café al lado del fuego.
Nos unió su muerte ,
mucho más que amistosas palabras en un mismo camino,
irónicamente su partida,
su inmolación sangrienta por la patria.
Todos lo lloramos,
porque a pesar de su infancia,
valió más a su país que todos los golpistas.

Es un mártir de nuestra democracia
Y en nada se parece a los proxenetas,
Que hicieron de la constitución una desahuciada
en el pabellón de enfermedades venéreas.

III
Los hermanos -todos los hondureños-
se reunieron alrededor del sitio de su muerte
Y guardaron silencio.
Un respeto por su determinación frente a las balas.
Se nublaron los ojos de los concertantes cuando se entono el himno nacional,
no el himno mutilado en la boca de los magistrados,
ni la vacua canción de los estadios,
o de las sesiones del congreso.
Aquí fue un himno entonado con llanto,
corcheas con dolores de miocardio,
gargantas desdobladas de canto,
Instrumentación, armonía de labios salobres, doloridos.
Justificamos cada estrofa,
levantamos puños zurdos,
cerramos manos en actitud de barricada.
Se le dijo a la patria nuestro amor,
nuestra irreductible resolución por su defensa,
nuestra disposición frente a la muerte.
Se le dijo
te queremos limpia, renovada,
Hecha con la voluntad de cada hombre y mujer dignos de esta tierra.
Hoy la canción patria fue una canción de cuna para un muerto,
Una canción para incendiarnos,
Una canción protesta,
Hoy por fin entendí su verdad,
Creo que ni siquiera Augusto C. Coello
Se lo hubiese imaginado…
Una canción de guerra.
Por guardar tus emblemas
marcharemos a la muerte.
Generosa será nuestra suerte
-Nuestra muerte-

Si morimos
pensando en tu amor.
¡Honduras!
Serán muchos tus muertos,
Pero todos caeremos con honor…
Con amor…

Bairon Paz
Madrid, julio de 2009

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