Caricatura de Luis Chávez. julio 4 de 2009 (Diario Tiempo, Honduras)

En medio del actual cerco mediático y las presiones extremas con fines inconfesables, Diario Tiempo ha sido ejemplo de objetividad periodística, de dignidad responsable y de una entereza ejemplar. Mientras otros medios han optado por la adhesión fácil e interesada, olvidando su elemental responsabilidad de ser la voz de los sin voz, esencia del periodismo comunitario, Tiempo ha logrado encontrar el mesurado equilibrio a través del análisis certero y una verticalidad a toda prueba.

En este momento de crisis, tras sortear pruebas díficiles, han enfatizado en una nota editorial el desafío implícito en "las incomprensiones y los intereses subalternos en conflicto", el cual han afrontado "siempre con lealtad a la sociedad hondureña y en perspectiva con la verdad y el equilibrio institucional".

También han denunciado que el diario está siendo sometido "a presiones para que entre a formar parte de un cerco mediático que haga imposible a la nación hondureña el conocimiento objetivo de la situación histórica presente, y que ha tornado a ser la crisis constitucional más profunda de su historia."

Una denuncia seria, sobre todo viniendo de un medio con una trayectoria ejemplar. Una denuncia sobre la que más adelante revelan detalles sórdidos: "Con perversidad se echan a rodar rumores, veladas amenazas y análisis políticos intencionados, con el objetivo de desacreditar la independencia de TIEMPO y de someterlo por miedo a perder credibilidad y sustentación económica". No obstante, la conclusión es obvia, dada la comprobada entereza de quienes le dirigen: "Nada ni nadie, sin embargo, puede torcer la voluntad honrada del Diario de Honduras de informar y de opinar con imparcialidad y responsabilidad patriótica...Para honra del periodismo profesional, nunca TIEMPO ha caído en esa vergüenza."

A continuación reproducimos ambas notas: la primera referida a la presencia de la OEA en nuestro país, donde resulta evidente el enfoque profesional que maneja TIEMPO, diametralmente opuesto a los medios que han querido engañar a la población con juicios peyorativos sobre los alcances de una posible sanción de ese organismo contra Honduras. Y para concluir, la nota editorial que nos hemos tomado la libertad de titular "Una lección de dignidad", donde "El Diario de Honduras" refrenda ese honroso título con una cátedra de objetividad, profesionalismo y entereza en tiempos díficiles, allí donde se conoce a ciencia cierta de qué madera están hechos los hombres y las mujeres de bien, los verdaderos patriotas.

Presencia de la OEA
El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), doctor José Miguel Insulza, llega hoy a Tegucigalpa, y su visita tiene enorme importancia, en virtud de la crisis política a que ha conducido el golpe de Estado del 28 de junio/09, cuyas repercusiones son de magnitud mundial.

Inicialmente la visita a Honduras del secretario general de la OEA había sido programada para el lunes 29 de junio, pero en otras circunstancias, cuando no se esperaba un rompimiento del orden constitucional ni la expulsión del país del presidente Manuel (Mel) Zelaya Rosales por acción de las Fuerzas Armadas.

El golpe de Estado en Honduras, como todos lo sabemos, ha causado una conmoción mundial, sin duda por la afectación a los principios fundamentales del sistema democrático que todos los países están comprometidos decididamente a salvaguardar y a hacer cumplir.

Por lo tanto, la asamblea general de la OEA, en cumplimiento de la Carta Democrática Interamericana, se reunió de urgencia para ocuparse del caso, resolviendo su enérgica condena al rompimiento del orden constitucional en nuestro país, al extrañamiento forzado del presidente de la República y exigiendo, al mismo tiempo, la restauración inmediata del régimen presidido por Zelaya Rosales.

Al no tener respuesta la exigencia de la OEA por parte del régimen impuesto por el golpe de Estado, la asamblea de la OEA se reunió de emergencia para analizar esta situación, repudiada sin excepción por todos los países y pueblos del mundo representados en la asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y decidió la OEA dar un plazo de 72 horas –que vence mañana, sábado—para que el régimen del golpe cumpla con el mandato de dicha asamblea.

Aquí, en nuestro país, la percepción de estos acontecimientos es muy limitada por falta de información y de análisis político. Por consiguiente, ni el mismo régimen pretende darse cuenta de los enormes alcances de estas resoluciones, ciertamente mandatos, de los organismos internacionales, incluyendo lo relacionado con la justicia penal internacional.

En esas condiciones de estudiada inconsciencia, se espera que la presencia del secretario general de la OEA y su comitiva daría lugar a una negociación para ablandar los efectos de las resoluciones antes mencionadas, no obstante que el secretario general Insulza ha sido categórico al expresar que éstas no son materia de negociación, y que el mandato acerca de su visita es el de confirmarlo personalmente al régimen.

El mandato de la OEA indica con absoluta claridad que, de no ser atendida la exigencia de la restauración del gobierno depuesto, se aplicaría el artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana, vale decir la separación de Honduras del sistema interamericano mientras prevalezcan las causas que obligaron a tomar estas medidas extremas. Las implicancias de esto son de repercusión incalculable.

En estas circunstancias la comprensión de los acontecimientos rebasa el entendimiento de una “clase política” sumamente polarizada, sin un juicio equilibrado ni conciencia crítica, que valora más los intereses inmediatos, la mayoría inconfesables, y desprecia los verdaderos intereses de la patria hondureña y su nación.

Una lección de dignidad
Desde que TIEMPO, El Diario de Honduras, salió a luz pública el 7 de noviembre de 1970, ha cumplido con su compromiso de informar con objetividad y profesionalismo, dando cabida en sus páginas, sin censura, a los diversos acontecimientos noticiosos, y de ser tribuna abierta a toda opinión responsable.

El compromiso fundacional de TIEMPO fue y sigue siendo con Honduras y su pueblo, con la determinación de fortalecer y promover la democracia, el desarrollo político, económico y social para el bien común, así como defender la legalidad, la legitimidad de las instituciones públicas, la soberanía y la integridad nacional.

En los momentos cruciales de la vida de la nación, cuando nuestro país se ha visto amenazado, cuando la soberanía popular ha sido conculcada, en los trances de desastres naturales, o cuando la institucionalidad democrática y republicana está en peligro, TIEMPO, El Diario de Honduras, hace honor a la palabra empeñada de servir a la patria sin condiciones.

Mantener esa posición vertical no es fácil, nunca lo ha sido, especialmente en los momentos de crisis política y en aquellas situaciones de polarización social en que se ponen a prueba los procesos de construcción democrática. TIEMPO, desafiando las incomprensiones y los intereses subalternos en conflicto, siempre ha desempeñado su rol informativo y de opinión con lealtad a la sociedad hondureña y en perspectiva con la verdad y el equilibrio institucional.

Esa invariable conducta le ha valido a TIEMPO, El Diario de Honduras, el posterior reconocimiento público. Pero en la hora de las confrontaciones, su Casa Editora ha tenido que sufrir los ataques y las presiones de los bandos en pugna, cada cual tratando de obligar la parcialización y el desconocimiento de los supremos intereses de nuestro país. Para honra del periodismo profesional, nunca TIEMPO ha caído en esa vergüenza.

TIEMPO no ha cedido —ni cederá jamás— a esas presiones por la simple razón de que se rige por principios y por la convicción de que el privilegio de informar y de opinar es, ante todo, un pacto con la verdad a favor de la sociedad. Que es un hecho incontrastable que la verdad nos hace libres. Que la democracia no puede existir sin la verdad. Que la democracia no es un instrumento político, sino una vía luminosa para vivir en libertad.

En las actuales circunstancias se repite la historia. TIEMPO, el Diario de Honduras, está siendo sometido a presiones para que entre a formar parte de un cerco mediático que haga imposible a la nación hondureña el conocimiento objetivo de la situación histórica presente, y que ha tornado a ser la crisis constitucional más profunda de su historia.

Con perversidad se echan a rodar rumores, veladas amenazas y análisis políticos intencionados, con el objetivo de desacreditar la independencia de TIEMPO y de someterlo por miedo a perder credibilidad y sustentación económica. Nada ni nadie, sin embargo, puede torcer la voluntad honrada del Diario de Honduras de informar y de opinar con imparcialidad y responsabilidad patriótica.

TIEMPO, El Diario de Honduras, es fiel a los principios y valores democráticos y republicanos. Es fiel a su posición original, actualizada: “TIEMPO sólo se vende por siete lempiras”.

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