5 de julio, 6: 33 p.m. Foto de Claudia Sevilla
Avión que sobrevoló el Toncontín. Foto de Rbreve
Escrito de sangre, con la sangre de uno de los manifestantes. Foto de Rbreve
"¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!". Foto de Rbreve
por Gustavo Campos

Tegucigalpa, 5 de julio.- Un día sangriento e inolvidable para la historia de la humanidad tuvo como escenario el pueblo hondureño (ya son muchos los días y muchas las víctimas de las agresiones). La comunidad internacional no olvidará ninguno de los dos heroísmos –ingenuidad para otros- vividos hoy en la capital de Honduras: la promesa cumplida del retorno del Presidente Manuel Zelaya y la fe del pueblo hondureño en espera de su líder.

Era cuestión de que cielo y tierra se unieran, que a cada manifestante le brotaran alas cual ángeles para recibir al valiente Presidente de la República de Honduras. Sin embargo, ésta imagen sólo existe en el imaginario; la realidad imperó: ante la marcha pacífica de los hondureños, el gobierno de facto multiplicó sus crímenes.

¿Dónde está el ángel de la piedad? ¿Era demasiado ingenuo pedir o creer que los militares y policías en un momento de lucidez o de humanidad se rebelaran contra las órdenes de reprimir a su pueblo? Nadie los juzgaría jamás por esa rebelión, al contrario, al no acatar órdenes y defender a su pueblo estarán inscribiéndose en la historia de la humanidad, cambiando el rumbo de la historia nacional de agresiones y crímenes contra sus compatriotas.

El sol reflejó el escrito de sangre sobre cada piedra del suelo hondureño, el escrito de sangre con sangre de uno de los manifestantes. Sobre alguna superficie debía quedar la huella de este día, y sobre la sangre el brillo del ocaso intensificando el reflejo de un cielo invadido de súplicas y llanto.

Queda recordar los versos de Vallejo, leerlos de la misma manera que se llora un pariente: “¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!”

La justicia en Honduras es una utopía; la libertad, un ideal. Una patria justa es una tiranía para los que gobiernan el país. La voluntad del pueblo, pecado. “¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!”.

Fernando Savater nos señala dos aclaraciones respecto a la libertad, cito una de ellas:

“Primera: No somos libres de elegir lo que nos pasa (haber nacido tal día, de tales padres y en tal país, padecer un cáncer o ser atropellados por un coche, ser guapos o feos, que los aqueos se empeñen en conquistar nuestra ciudad, etc.), sino libres para responder a lo que nos pasa de tal o cual modo (obedecer o rebelarnos, ser prudentes o temerarios, vengativos o resignados, vestirnos a la moda o disfrazarnos de oso de las cavernas, defender Troya o huir, etc.).”

“La solidaridad de los hombres se funda en el movimiento de rebeldía, y éste, a su vez, sólo halla justificación en esta complicidad.” (A. Camus, El hombre rebelde). ¿Obedecer o rebelarnos? ¡Rebelarnos! Debemos responder a lo que nos pasa: defender Honduras, defender nuestra soberanía, defender nuestra dignidad hasta lograrlo. El pueblo hondureño se ha caracterizado por ser conformista y pacífico, por aceptar cada imposición que lesione la integridad territorial, la soberanía e independencia de la República. “No podemos aceptar una bota más en nuestro cuello” ni lamerla, y por mucha programación biológica o cultural que tengamos, nosotros siempre podremos optar finalmente por algo que no esté en el programa: podemos decir sí quiero o no quiero. (Léase Savater, Ética para amador). Habrá que hacer “de tripas, corazón”, como nos dice Luis Eduardo Aute en una canción de mismo nombre.

Es nuestra oportunidad para decir “no quiero”, “no quiero” y “no debo” permitir este Golpe de Estado. Quienes dicen representarnos, no lo hacen. Si según el Tribunal Supremo Electoral, en su censo nacional electoral, sólo 2 millones votan, ¿cómo es posible que los diputados sostengan el falso argumento que representan al pueblo si medio millón de los votantes a nivel nacional andan en las calles pidiendo se respete el Estado de Derecho y se restituya al presidente constitucional Manuel Zelaya? Al sacar cuentas de la cantidad de diputados que se eligen en “representación” del pueblo hondureño, un total de 128, siendo fieles a una ecuación lógica de representación, ésta desmitificaría tal exposición de parte del Congreso Nacional: se representan a sí mismos y a quienes pagan sus campañas políticas. El alto porcentaje de abstencionismo en las Elecciones Generales del año 2005, revelan un 44.6% de incredulidad de la población votante sobre cualquier candidato presidencial.

Pero este día domingo 5 de julio de 2009 el sol reflejó cada piedra del suelo hondureño, el escrito que sangra con sangre de un par de manifestantes muertos. El pueblo hondureño tiene derecho a incurrir a la insurrección en defensa del orden constitucional, y los militares como hondureños también gozan de ese derecho. Ojalá lo asuman. Ojalá se rebelen. Ojalá su conciencia les recuerde una de las razones por las que ingresaron al batallón: la pobreza en sus pueblos y su intención de obtener un trabajo para ayudar a familiares y servir a la patria. La patria es el pueblo, no una bandera enarbolada y mancillada de sangre. Y ellos son parte de la patria junto a sus hijos y parientes.

Es nuestra oportunidad para decir “no quiero”, “no quiero” y “no debo” permitir este Golpe de Estado. Quienes dicen representarnos, no lo hacen. Y quienes marchan a favor del Golpe son los menos necesitados, que olvidan el artículo 6 de la Constitución que dicta que el idioma oficial de Honduras es el español; quienes marchan en pro de una falsa “paz y democracia” son quienes prefieren protestar con mensajes en inglés, defendiendo, claro está, la soberanía nacional, mientras sobre una superficie capitalina queda la huella de este atroz día, y sobre la sangre el brillo del ocaso intensificando el reflejo de un cielo invadido de súplicas y llanto.

¿Cuál será el destino de estos aqueos? ¿Cuál será el destino de Aqueo Micheletti Baín?

Fotos: http://www.flickr.com/groups/1112257@N25/pool/

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