Tegucigalpa. El derrocado presidente de Honduras, Manuel Zelaya, dice que Dios está de su parte. Pero el hombre que lo reemplazó tras el golpe militar está convencido de que llegó al poder por obra divina.

¿De qué lado está Dios en la crisis desatada tras el golpe en Honduras?, se preguntan muchos católicos en esta devota nación de siete millones de habitantes.

"Le puedo asegurar que Dios no está con los golpistas; está de nuestro lado", dijo Zelaya al diario argentino La Nación.

Sólo Dios, explicó, podrá impedir que retorne en las próximas horas a Honduras para reclamar la presidencia de la que fue sacado a punta de pistola el 28 de junio.

Pero el presidente de facto, Roberto Micheletti, dijo que no entregará el sillón al que llegó por intercesión celestial.

"Yo lógicamente llegue aquí por Dios y por ustedes", dijo esta semana en un acto público que cerró rezando con los ojos cerrados tomando de la mano a sus ministros,

La polémica sobre de qué lado está Dios comenzó cuando el arzobispo de Tegucigalpa, el cardenal Oscar Andrés Rodríguez Madariaga, negó que hubiera habido un golpe de Estado y dijo que apoyaba al Gobierno de facto de Micheletti.

Sus comentarios llenaron los muros de Tegucigalpa de pintadas como "Oscar Andrés golpista" o "Cardenal del mal" en los muros de la ciudad.

"No podemos estar de lado de la mentira y de lo ilegítimo. No hay condiciones para que Zelaya vuelva", dijo a Reuters el obispo auxiliar de la capital, monseñor Darwin Andino.

El 80 por ciento de hondureños son católicos. Rafael Alegría, líder del frente que defiende a Zelaya y se opone al golpe de Estado, solía leer las escrituras durante la misa.

El papa Benedicto XVI dijo estar preocupado por la situación en Honduras y pidió diálogo y reconciliación.

Pero en Honduras, polarizada por el golpe de Estado, hay curas también en las barricadas.

"Dios está donde sufre el pueblo. Lo que pasa es que por mantener un estatus social, la jerarquía de la Iglesia está con el sistema", dijo el padre Andrés Tamayo, que participa en las protestas contra el golpe en Catacamas, la ciudad de Zelaya en el oriente de Honduras.

Mientras tanto, algunos hondureños se arrodillaban a rezar en la catedral de Tegucigalpa, un templo en obras donde el altar está tapiado y hay andamios en las paredes.

"Sólo nuestro Señor sabe qué va a ser del país. Yo no estoy con unos ni con otros, pero sé que Dios es el único que puede ayudarnos", dijo Vilma Lemos, un ama de casa de 52 años.

Fuente:Reuters

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