ALGUNOS PROBLEMAS ESTRATÉGICOS
DE LA RESISTENCIA NACIONAL ANTIGOLPISTA

UNION DE ESCRITORES Y ARTISTAS DE HONDURAS
RESISTENCIA UNIVERSITARIA

A casi dos meses de la organización de resistencia contra el golpe de Estado perpetrado contra el gobierno constitucional del Presidente Manuel Zelaya Rosales, habrá que plantearse algunos elementos estratégicos para visualizar el desenvolvimiento de la crisis provocada por la clase empresarial, el estamento militar y la dirigencia política aliada al poder fáctico nacional con los agregados de los intereses económico-ideológicos que la derecha norteamericana ha sembrado en Honduras.

La interrupción de la paz democrática implica la implementación de una guerra política ideológica en Honduras, si tomamos en cuenta además que el aparato ideológico denominado ejército, policía y gobierno central han sido las bases especiales de funcionamiento de la maquinaria golpista, y a la vez, sostenimiento por la fuerza represiva de una jefatura de gobierno repudiada por el pueblo hondureño.

Las contradicciones de las clases que se enfrentan en este golpe de Estado conlleva la más alta expresión de las antípodas posibles que se puedan conocer en nuestra nación, que ha caído en un estado de guerra preventivo, con el fin de disolver cualquier intento de liberación que el pueblo pueda vislumbrar a través, por ejemplo, de la instauración de la Asamblea Nacional Constituyente.

Nos encontramos en el ojo del huracán de las contradicciones producidas por dos bloques antagónicos, las contradicciones del movimiento popular y sus aspiraciones ciudadanas y políticas contra el sistema del neoliberalismo con caracteres fascistas que poseen intereses determinados sobre su propio destino histórico clasista.

Frente a la guerra ideo-política y militar que establece su escenario de acciones operativas, se necesita explicar algunas estrategias que se han montado para desarrollar este plan bélico que está compuesto por varios elementos: la ideologización del receptor (prensa escrita, hablada, televisiva en cuyo frente se colocan los periodistas e intelectuales que han servido siempre de mensajeros de la clase empresarial que les paga con creces su defensa como voceros terciarios de sus intereses) cuyas estrategia emplea del terror mediático e ideológico necesario para manipular masas, unas ingenuas y otras mercantiles que desempeñan el papel de número, cantidad, en fin el rol de masa.

Otro elemento, es la del papel que desempeñan las asociaciones empresariales que asumen el papel de financistas de acciones militares y civiles que ellos no pueden desempeñar por que no ocupan todos los estrados de gobierno y del Estado, es decir no sólo mueven sus piezas en la estructura gubernamental sino que, además, al copar el aparato general del Estado, necesitan imponer su voluntad dictatorial mediante el uso de la fuerza a través de la policía y el ejército, quienes siempre saldrán a la plaza pública o a los espacios de guerra dispuestos con el fin de reprimir cualquier intento de insubordinación, desobediencia o insurrección frente al mandato de los intereses del poder fáctico militar.

De allí que, para esta estructura de poder, le es sea fácil desembolsar recursos financieros como inversión para la protección de sus negocios ligados estrechamente a todo el funcionamiento del aparato estatal, inversión de capital que restituyen en la medida en que acaparan todos los negocios gubernamentales que sirven de base a su sustento super-estructural.

Así mismo, el elemento denominado aparato ideológico represivo del Estado es la policía y el ejército, quienes han sido educados precisamente en la escuela de la guerra sucia y de la guerra abierta, en diferentes instancias que la sociedad neoliberal fascista desarrolla a nivel nacional o internacional. No es raro entonces que estos aparatos represivos combinen la guerra sucia con la guerra declarada en los operativos militares creados y aplicados según código específico, contra la población civil en estado de desobediencia o insurrección nacional.

Es necesario establecer que donde quiera que se proponga un escenario como el descrito, existe de facto un teatro operativo de guerra en contra del población civil que se declara en resistencia ante un acto de vandalismo y terrorismo estatal producido por la partidocracia, el poder fáctico y militar, aliados en su conjunto para obtener ganancias y trofeos de guerra de acuerdo con los roles desempeñados al efecto.

Se necesita entonces, estudiar hacia donde se dirige este operativo cívico militar, su estrategia general de funcionamiento y decodificar una a una las etapas que van cumpliendo en el tiempo real, en el planificado y en el tiempo de conquista general de los objetivos.

El medio por el cual se puede y se debe eliminar esta circunstancia de indefensión civil frente a la ofensiva cívica militar, es proponer un plan estratégico de lucha desmontadora del plan golpista, en el tiempo real, con un tiempo planificado y con una meta final de desmontaje de los objetivos represivos mencionados. Esta lucha nacional e internacional sólo puede triunfar si existe una verdadera organización ideopolítica del Frente Nacional, que no siga una línea espontánea de reacción cotidiana, si no un plan estratégico que avance en todos los niveles de trabajo organizativo y operativo con los objetivos específicos correspondientes.

Una estrategia general debería comprender en primer término el recuento de las fuerzas integrantes de la Resistencia, el carácter y limitación de cada una de ellas, las alianzas inmediatas y las perspectivas de las mismas en el Frente Amplio para trabajar como un cuerpo coordinado y efectivo en el proceso de la resistencia nacional contra el golpe.

El inmediatismo inyectado a la masa popular puede convertirse en una decepción general que le podría restar energías al proceso de resistencia nacional. La unidad y la defensa de la democracia constituyen en este sentido las columnas vertebrales políticas del avance estratégico que corresponde.

Se hace necesario entonces organizar la resistencia patriótica en toda la nación con coordinaciones locales, regionales y nacionales e internacionales, mientras se solicita al gobierno golpista cesar las coacciones a los derechos humanos, abrir el abanico de la democracia participativa mediante un gobierno de coalición nacional y establecer el objetivo de instalar la Asamblea Constituyente como pleno derecho de la soberanía popular, como punto vertebral de su conquista política.

En tal sentido, las elecciones sólo tienen importancia si las condiciones generales de paz y de desmontaje del aparato represivo en todas sus manifestaciones se vuelven una realidad.
Así que las elecciones generales ya no constituyen la meta de la aspiración popular, dado que toda la estructura normativa e institucional forma parte de la maquinaria golpista, sea que el Presidente vuelva o no vuelva, de modo que sólo serán importantes si se asegura un triunfo del Frente Amplio Patriótico de la Resistencia Nacional, tanto a nivel de Presidencia como a nivel de los diputados y alcaldes. Los mecanismos para lograr este objetivo se discutirán sobre la base del desmontaje del aparato dictatorial en todas sus manifestaciones.

El regreso del Presidente electo por los hondureños tiene significaciones diferentes en dos momentos: en el instante mismo del golpe cuando la resistencia no estaba organizada y la propuesta estratégica política de la misma, en este mismo momento de cara a la reinstalación de la democracia, al castigo de los golpistas, al desmontaje del aparato institucional golpista, a la conformación de un nuevo tribunal electoral y a la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente.

La masa popular y el Frente Nacional de Resistencia creen en el siguiente eslogan: EL CAMINO DE LA VICTORIA ES LA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE. De este modo, las lecciones generales constituyen por así decir un problema de tercera categoría.

Nos enfrentamos, entonces, a la abolición de la dictadura partidocrática, empresarial y militar para instalar un gobierno de coalición de las fuerzas populares y enfrentar un proceso democrático que pase por la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente como fuente de afirmación de la victoria del pueblo sobre la dictadura neoliberal fascista.

Desde esta perspectiva, la Resistencia Nacional sólo verá como excelentes aliados a la comunidad internacional que apoye la visión política del pueblo que ha tomado el poder de las calles y podría tomar otros poderes aledaños a las mismas. Una comunidad internacional que desconozca los objetivos de la Resistencia Nacional, en vez de convertirse en una aliada, se convertirá en un lastre para lograr los objetivos de la soberanía popular.

Ahora bien: ¿Querrá el señor Presidente Mel Zelaya vanguardizar esta perspectiva, con un movimiento que nació tímidamente mediante el apoyo a la encuesta que se realizaría el 28 de junio de 2009?.

Las condiciones de lucha de la Resistencia Nacional ha permitido la afirmación de un nuevo liderazgo político y popular, con ello ha nacido un nuevo movimiento de masas que recoge aspiraciones viejas que estaban relegadas por que la partidocracia y la dictadura neoliberal del poder fáctico mediático así lo habían instituido.

Los partidos políticos fueron superados por el movimiento general de la resistencia a nivel nacional, y cada vez más este movimiento se organiza en cada región, departamento, aldea y ciudad o barrio. Un día, si la lucha sigue como habrá de hacerlo, tendrá un arraigo enorme de tal forma que los partidos políticos tradicionales quedarán relegados a una simple expresión reaccionaria sin influencia para captar los votos directos del pueblo hondureño. Todo lo que estratégica y tácticamente determine la Resistencia Nacional estará determinado por las diferentes expresiones de las fuerzas coyunturales que la integran.

El Presidente Mel Zelaya tendrá que entender y liderar si así lo quisiere esta nueva fuerza política emergente y de gran capacidad de convocatoria. Si no, la misma fuerza histórica de la dialéctica política lo rebasará en todos los campos, porque ha surgido un nuevo poder que nace de la base hacia la cúpula y no de la cúpula hacia la base.

¿Qué sucederá con el Partido Liberal y el Partido Nacional?

El fenómeno que se ha podido observar es que una parte de la resistencia está integrada por militantes y simpatizantes del Partido Liberal. Este partido prácticamente fue destruido por Roberto Micheletti, los empresarios golpistas cachurecos y liberales, el Partido Nacional, la cúpula militar y la jerarquía eclesiástica. Cada uno puso su cuota de destrucción ya que frente al terror que sufrieron por la posibilidad de que se instalara una Asamblea Constituyente que podría haber arrebatado su poder político y sustituir los cuadros dirigentes que forman parte de su esfera de poder, prefirieron cada uno, desde su perspectiva, apoyar un plan que ya había sido diseñado por el Departamento de Estado del gobierno de Bush y del reciente gobierno de Obama, mismo que se había aplicado en el fallido golpe al Presidente de Venezuela Hugo Chávez.

Roberto Micheletti fue el más interesado en tomar un atajo contrario a la democracia, por cuanto sus asesores militares y políticos, como Carlos Flores y demás otros empresarios ultraderechistas, le introdujeron una visión cataclísmica políticamente, concepción que la cúpula militar y los embajadores de Estados Unidos manipularon para defenestrar al Presidente Zelaya, muy cercano a los países del Alba y fundamentalmente a Chávez y Castro.

Micheletti abrazó de lleno el discurso y acción golpista frente a la segura victoria del planteamiento de la cuarta urna que el presidente Zelaya había planteado al pueblo hondureño. Las consecuencias de esta decisión golpista no fueron consideradas por cuanto se creyó que la comunidad internacional prontamente aceptaría el nuevo estatus político, y peor, aún, Micheletti no valoró el grado de esperanza que Zelaya había permeado en la conciencia política del pueblo. Por otro lado, su esquizofrenia por el poder político le dictaba la necesidad de asumir la primera magistratura bajo el pretexto de salvar a Honduras del comunismo internacional.

Los empresarios políticos, la mayoría de corte cachureca, vieron desde su perspectiva, la posibilidad de rescatar algunos negocios que habían perdido bajo la administración del Presidente Zelaya y además, la proyección de abrir una nueva compraventa de bienes y servicios para su enriquecimiento ilícito y parasitario como ha sido la característica de sus negocios.

Para estos empresarios derechistas, el Partido Liberal siempre ha constituido una piedra en el zapato de sus andanzas financieras. Siempre hubo de parte de la enseña del color rojo y blanco una inclinación al liberalismo social, corriente política y filosófica que obstruye sus proyectos empresariales neoliberales, en los cuales el hombre deja de ser el centro de su universo, para darle paso a la mercancía como columna vertebral de la sociedad.

Sus nexos con la derecha cubano americana han constituido el riel de su carrera ideológica y mercantil. De esta manera, en alianza con un liberal inescrupuloso como Roberto Micheletti, les permitiría destruir al liberalismo social que había revivido con la figura del Presidente electo en el año 2005. El propósito de limpiar el camino hacia una meta mercantil y política más clara estaba asegurado mediante el golpe que les había susurrado al oído el Departamento de Estado y de la Embajada Norteamericana.

Los nacionalistas habían percibido que una posible alianza entre Mel Zelaya y Elvin Santos representaba una victoria partidaria sin precedentes, y no estaban seguros de que la política implementada por el aún Presidente podría seguirse practicando, aunque fuese levemente, en el posible mandato del candidato convertido en el año 2009, en el Presidente Elvin Santos.

Así que decidieron involucrar al Candidato presidencial Santos y tocarle su conciencia de clase empresarial para proponerle el golpe de Estado, como un negocio redondo y sin ninguna complicación. De esta encerrona se encargaron sus más cercanos colaboradores, viejos líderes fracasados en las recientes justas electorales. Santos aceptó de buena gana y asumió el discurso argumentativo de los conspiradores que en su mayoría eran líderes cachurecos que en sus respectivas conciencias se reían de la ineptitud política de Micheletti- Santos.

Los militares que han sido nacionalistas durante el decurso de la vida político- militar del país, y que al mismo tiempo, tradicionalmente, han integrado la cabeza directriz de las Fuerzas Armadas, educados por una parte en la vieja escuela del conservadurismo centroamericano Carrerista, así mismo, por otra parte en las filas del Partido Nacional, y finalmente muy bien pulido su pensamiento fascista por la Escuela militar de Las Américas, han sido los verdaderos amos y señores de la política vernácula en una extensa parte de la historia del desarrollo de la nacionalidad hondureña.

Los militares han construido el destino político hondureño contemporáneo, siempre conspirando en contra del pueblo, de sus dirigentes populares y de los líderes de los partidos políticos que observan algún desliz ideológico de centro izquierda, izquierda o centro derecha. No han sido en ningún instante, el fiel de la balanza, han constituido la balanza con alevosía, ventaja y premeditación. Es por ello que los civiles conservadores nunca dejaron de lado esa paternidad maquiavélica, malévola y enfermiza contra todo aquello que implique redención social para un pueblo extremadamente pobre.

Entre tanto la Iglesia Católica y más recientemente la Iglesia Evangélica, siempre defendieron el Estatus Quo de la sociedad nacional, papel que jugaron contra Morazán, contra Rosa y contra Villeda Morales y para completar su tarea política en el siglo XXI, conspiraron con todos los otros actores en la planeación del golpe de Estado en contra de Manuel Zelaya Rosales, sin importarles la feligresía pobre y creyente, si no las almas llenas de riqueza y muerte del ser humano, fuese por acción o por omisión, y, sin avergonzarse por la enseñanza del Cristianismo primitivo y moderno que yace y subyace en el libro de todos los tiempos: la Biblia.

Y he aquí que estos protagonistas de la dictadura con que Honduras estrena el siglo XXI, el siglo de la sociedad del conocimiento, ahora tiene sumido al país en una crisis sin precedentes, sostenida sólo con la represión jamás imaginada por el más enfebrecido profeta nacional o internacional de nuestra era.

Fuente: UNION DE ESCRITORES Y ARTISTAS DE HONDURASRESISTENCIA UNIVERSITARIA
Edición de: PrensaPopularSolidaria-ComunistasMiranda (PPS_CM)

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