Billy Peña, Diario Tiempo

Honduras—nuestro país—resultó triste y abrumadoramente aplazado en materia del respeto a los derechos humanos. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que nos visitó, ya elaboró un informe preliminar en el cual concluye que en Honduras los derechos humanos son brutalmente violados por la policía y el ejército del gobierno de facto que dirige don Roberto Micheletti. Siendo hondureños nos sentimos muy dolidos por esa calificación tan vergonzosa que nos coloca en un sitio lamentable del escenario mundial. Las autoridades no han podido esconder las golpizas y los vejámenes sufridos por los simpatizantes del depuesto presidente constitucional de la República, Manuel Zelaya Rosales, debido a que existen fotografías y vídeos en que aparecen los policías garroteando al pueblo, además, los integrantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos entrevistaron a multitud de personas en varias ciudades del país y escucharon de primera mano los testimonios de las víctimas de la brutalidad policial. Nosotros recibimos un boletín noticioso procedente de los Estados Unidos que informa—en inglés—que ha quedado comprobada la brutalidad policial en Honduras. Nos sentimos bastante tristes y acongojados cuando leímos todas las barbaridades que se han cometido furiosamente contra ciudadanos indefensos simpatizantes del presidente Zelaya. Y en varios países de Europa los analistas políticos, observadores e intelectuales, han quedado perplejos debido a lo que está sucediendo en Honduras. Uno de ellos dijo que “ya los bananos se han madurado en esa república bananera.” En Europa, pues, no nos toman en serio…para los europeos somos una caricatura grotesca y chocante y lo que está sucediendo es un espectáculo político inconcebible…un fenómeno. Para los europeos simple y sencillamente no existimos como país. Y un analista francés dijo que en Honduras “la Constitución es inconstitucional”, agregando que los llamados Artículos pétreos son “una ridiculez”. Los comentarios provenientes de Europa son hirientes y dolorosos.

Es natural que la crisis política actual haya generado distintos comentarios debido a los acontecimientos que ha provocado. El pueblo hondureño se encuentra claramente dividido en dos bandos, uno es llamado la Resistencia, es el pueblo que se opone al gobierno actual que califican de golpista y llaman “dictador” al dirigente Roberto Micheletti. Por otro lado existe la facción que está a favor del gobierno de don Roberto. Esta facción, compuesta por poderosos empresarios respaldados por la más alta jerarquía de la Iglesia católica, mantiene que en Honduras no hubo un golpe de Estado el pasado 28 de junio, al ser derrocado y expulsado el presidente Manuel Zelaya. La facción llamada golpista considera que lo que aconteció el 28 de junio fue una “sucesión constitucional” que se produjo para impedir que el presidente Zelaya celebrara una consulta popular para perpetuarse en el poder. Lo incomprensible de ese razonamiento es que no se sabe con absoluta certeza si el presidente Zelaya Rosales en realidad deseaba celebrar la consulta popular con el fin de aferrarse al poder. Si lo pensó nunca exteriorizó su propósito y, que sepamos, pensar no es delito. Además, la consulta popular ni siquiera está contemplada en la Constitución de la República y, siendo así, ignoramos cómo puede ser violentado un Artículo que no existe. Tampoco existe la sucesión constitucional, de manera que se tendrá que llegar a la conclusión de que el presidente constitucional Manuel Zelaya fue derrocado por un golpe de Estado militar alentado y planificado por poderosos grupos políticos para mantener el statu quo. Nosotros entendemos que un individuo puede llegar a la presidencia por medio de elecciones generales, mediante un referendo (proceso jurídico), o un plebiscito, no existe—que sepamos—la “sucesión constitucional” tal como se califica el ascenso al poder del señor Roberto Micheletti, sin embargo, él mismo dice que en Honduras no hubo ningún golpe de Estado. Todo es bastante confuso y lo único que está muy claro es que Honduras tiene dos gobiernos, uno que ningún país reconoce y otro, el depuesto, que las naciones reconocen como el único gobierno legítimo y constitucional. Para esos gobiernos, que incluye el de los Estados Unidos, Manuel Zelaya es el presidente constitucional de Honduras aunque se encuentre fuera del territorio nacional. Las cosas se complican puesto que a pesar de que el señor Micheletti asegura que habrá elecciones libres en noviembre y él entregará el poder al candidato ganador en enero del 2010, los países extranjeros mantienen que dichas elecciones y el candidato ganador no serán reconocidos por surgir el proceso de un gobierno de facto. Lo que acontece es motivo de preocupación para los hondureños ya que todos sufriremos las consecuencias. Son grandes las contradicciones y las anomalías. Aunque el gobierno actual quiera presentar una semblanza de normalidad, en Honduras nada marcha normalmente. Y ahora nos aplaza la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Andamos mal. Navegamos a la deriva…solos, intranquilos, inseguros y redondamente aplazados.

Agosto 22, 2009

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