¿Qué haría usted ante el Guernica de Picasso que denuncia la masacre de un pueblo? ¿Qué haría ante Chaplin o John Lennon?

La Cultura de un pueblo es, en términos generales, la forma particular de percibir, interpretar y expresar su vida pasada, presente y futura. Es un crisol donde confluyen su historia y tradición, la paradoja existencial de su presente y la creación permanente de su futuro. La Cultura es entonces esa dinámica social que permite la conservación e innovación de ideas, costumbres y valores, dando sentido e instrumentalizando el trabajo para la preservación y la transformación del medio natural y social en que se desarrolla el ser humano, como protagonista forjador de su propio destino. La cultura es a la vez motor e indicador del desarrollo espiritual y material de los pueblos. Es en el ámbito de la cultura que se desarrolla el conocimiento, se construye el legado patrimonial, se establecen las instituciones y adquieren forma los elementos identitarios del individuo en sociedad.

Para que la Cultura surja en todo su potencial de desarrollo humano y por lo mismo social, requiere de unidad en la diversidad y para eso es que surge y se necesita su institucionalidad, porque procura la unidad para que el esfuerzo sea común y converja en el bien y bienestar de todos, a la vez que promueve la diversidad para que esa misma sociedad, rica en formas y contenidos, sea inclusiva de las múltiples manifestaciones y tendencias que adquiere el sentir y pensar de los diferentes grupos humanos e individuos que la conforman. El ámbito de la Cultura es el bosque encantado de la convivencia. La diversidad sin unidad es la dispersión y así cualquier inversión resulta vana. La unidad sin diversidad no existe, se llama soledad y es autócrata, desfasada y estéril.

El reto de la Cultura es potenciar las capacidades humanas tanto de los individuos como de los grupos y de estos en un contexto social, nacional y universal, incluyente y simultáneo como el Aleph de Borges; como un árbol en el que fluye la vida desde sus raíces hasta sus hojas y de estas al aire, y del aire al cielo y al universo; y a la vez ese flujo se revierte llegando nuevamente hasta sus raíces en lo profundo de la tierra. Sólo así el árbol puede vivir, y crecer y florecer, y dar frutos y semillas para que una nueva vida sea posible. Por eso se siembra y se cosecha con la luna.

Pero la Cultura no es un hecho natural y aunque la metáfora del árbol ilustre la dinámica de interacción entre sus elementos, la Cultura es un acto social, humano por excelencia, diferenciado de la naturaleza. Es precisamente el cultivo de esa naturaleza. Es un trabajo especializado que requiere de capacidades, instrumentos y conocimientos específicos y en algunos casos talentos y condiciones personales insustituibles, además de un alto grado de conciencia crítica con una voluntad inquebrantable ante un sistema social que le es, por lo general y por muchas razones, adverso.

El estudio y trabajo específico en cultura tiene ya una trayectoria notable en las sociedades contemporáneas, desarrolladas o no, en las cuales la investigación, formación, gestión, producción y difusión cultural (artística y científica) es una actividad profesional de altísimo nivel, que en estas honduras se ha desarrollado progresivamente gracias al esfuerzo inclaudicable de artistas e intelectuales que han dedicado su tiempo, energía y recursos a esta labor con la convicción de que es una vía libre y liberadora, innovadora y conservadora, individual y colectiva, en fin pacífica e integral, de asumir la dignificación de la propia vida y la de este pueblo que “descamisado” sostiene la economía nacional y paga los sueldos de los empleados públicos de los tres poderes del Estado y todas sus entidades autónomas.

¿Qué haría usted ante Galileo Galilei diciéndole que la tierra se mueve…?

¿Qué haría usted ante el Guernica de Picasso que denuncia la masacre de un pueblo? Eurípides, diciendo que la guerra de Troya no fue por amor, como decían las escrituras… ¿Qué haría ante Chaplin o John Lennon?

¿Qué ha hecho ante Natalie Roque, Isadora Paz, Rebeca Becerra, Allan McDonald y los demás que calladamente han aceptado este “sino trágico”…?

Los trabajadores de la cultura en Honduras exigimos su respeto. Respeto por el talento, por el profesionalismo, por la obra realizada y compromiso social. Los derechos y seguridad de los artistas e intelectuales en Honduras, son su responsabilidad histórica e ineludible.

Hay que donarle libros sencillos a esta señora, para que no se le confundan las pocas neuronas que tiene, sugerencias> Nacho, educatodos, memin, la escuelita alegre, condorito, caligrafía básica, catrachito, entre otros.

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