No recuerdo un día de mi vida donde no hayan estado oscilando los militares sobre Honduras.

Nací en medio de una Junta Militar en 1974. Mi recuerdo más lejano es la imagen del General Melgar Castro dando su sanbenito en las cadenas de televisión. Veo entonces, a la familia reunida, aprensiva alrededor de la tele.

Sigo subiendo y me encuentro con el flaquito aquel, un pajarito sureño lleno de medallas, casi un zanate que se hubiera enredado con los alambres y arrastrado consigo chapas, cordeles, tenis, todo lo que el tendido eléctrico atrapa... Policarpo Paz García, se llamaba el susodicho, "Héroe de la Guerra del 69", politicastro triste con blasones de mariscal.

De ahí fue que le entregó el "poder" a las elecciones libres y a los constitucionalistas. En Sabanagrande -mi pueblo- todos añoraban la resurrección de Modesto Rodas Alvarado, de quien decían "con Modesto sería diferente la cosa, él sí era de izquierda..."

Así, y en pleno gobierno civil, fue cuando más se miraron militares en las calles, apostados en las esquinas con sus viejos e insípidos uniformes legados del Army en Korea 50 o Vietnám 75... el punto es que yo tenía una gravísima curiosidad de encontrarle mirada de gente a aquellos sepultados bajo los cascos de acero; quería ver si se reían o qué.
Recuerdo las marchas triunfales de las cadenas de radio y televisión, las innumerables series y películas de guerra que pasaron por Canal 5, ese canalucho que sigue ostentando Rafael Ferrari.

Vi a Roberto Suazo Córdova vestido con fatiga y saludando -al igual que Micheletti lo hace hoy- con el cuadrarse aquel de sargentón trasnochado. No preciso el día ni la fecha, pero posiblemente fue en septiembre de 1983 cuando se anunció en la escuela que el embajador de Estados Unidos llegaría de visita.

Nos formaron en la cancha bajo un sol calcinante. Vimos entrar casi a 50 militares de avanzada y ¡helo ahí!! el mismísimo John Dimitri Negroponte tomando el mismo micrófono del director de la escuela y mascullando un saludo de buena voiluntad del pueblo norteamericano. Cantamos el himno como era obligación so pena de un reglazo en los dedos: con la mano en la frente, como cantaban los militares... cuadraditos como Manbrú.

Siguieron los años y el carrete del film aquel no se detenía: chavos corriendo por todos lados con los "moteados" atrás en franca cacería. Chavos sacados de los cines, bajados de los buses, secuestrados y dos años después aparecidos con esa sonrisa cínica del entrenamiento, sonrisa lejana, con nada parecido a aquellas risotadas puras de los adolescentes.

Yo pensaba: "¿tendré la altura necesaria para que me recluten?", porque todo era cuestión de altura, no de edad... todo era según "el aguante".

Llegó mi adolescencia ya en plenos finales de los ochentas y entrada a los noventas: y aún continuaba corriendo asustadizo al menor silbido de los comandos... Del colegio reclutaron a más de 12 compañeros en un día... era 1990 en el Instituto Central, sí, me veo ahí, en el gimnasio a reventar, escuchando con la boca abierta a una compañera agitando a 10,000: "¡Y es que se van a quedar aquí esperando que los recluten! ¡Y es que para nada les dieron los huevos!!!"
En cosa de una hora, 10,000 centralistas salimos a las calles a exigir que los cuilios nos devolvieran al hermano, al primo.

Cruzó Roberto Reina e hizo un acto de magia: le quito lo obligatorio al reclutamiento y todos creímos que el país se estaba civilizando. Pero llegó Maduro y les regresó el poder con la Cero Tolerancia a las Maras... y carajo!! de nuevo las detenciones arbitrarias, de nuevo cientos de soldados en las calles, de nuevo era bajado de los taxis, arrinconado en las calles bajo la amenaza de encarcelamiento por no obedecer al manoseo estúpido de los gorilas!!!

Mierda!!!, hago este repaso y me doy cuenta que no hubo un tan solo año desde que nací donde no estuvieran estos espantajos terroríficos... mierda, mil veces mierda.


Fabricio Estrada
35 años después

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