Ante la acometida de los exaltados empresarios y ejecutivos de FUSADES, tanque de pensamiento de la oligarquía nacional, el gobierno busca entenderse con otros grupos de hombres de negocios, hablándoles el único idioma que entienden, el del lucro, y acepta sugerencias, recomendaciones y hasta regaños sobre las “reglas claras para garantizar una -supuesta- estabilidad del sistema económico” y, por supuesto, en los grandes temas políticos como el caso hondureño, donde la legalidad y la institucionalidad han sido hecha añicos por la intervención de la burguesía y los gorilas.

Durante largo tiempo se han mostrado codiciosos los “negociantes” y han insistido en relevar al gobierno de actividades económicas que consideran competitivas, pero que, obviamente, les atraen porque esperan, en estos momentos de grave crisis financiera, comprar empresas y fábricas, así como bienes inmuebles a bajo precio y en condiciones de rendir utilidades. En fin, algo hay que pagar por la buena voluntad en tiempos borrascosos, aunque se sepa por experiencia que los “hombres de negocios” están únicamente del lado que les conviene y no agradecen favores ni recuerdan servicios.

El gobierno actual hace todo lo posible por “quedar bien” con los sectores burgueses, en parte porque piensan que puede producirse una crisis mayor de la que afrontamos, por un desempleo masivo y la renuencia por parte de la empresa privada a generar “nuevos empleos” o intentar hacer algo parecido como lo ocurrido en Honduras. Por eso no responden a ataques directos ni se atreven a contradecir posiciones tan virulentas como las asumidas por las cúpulas empresariales y las “recomendaciones” del tanque de pensamiento, conocido como FUSADES.

El peligro está latente, no sólo por producirse cualquiera de los niveles señalados, sino por quedar presos o a merced del chantaje político y económico. Los grupos de poder tienen dilatada experiencia, contactos y relaciones internacionales con sus colegas empresarios o gobiernos recalcitrantes que siempre han trabajado a favor de los monopolios y en contra del bienestar de las mayorías. Por ello, cuando las actuales autoridades hablan de “incentivos económicos”, de generar cientos de empleos o de reactivar la agricultura, inmediatamente surgen las preguntas y vienen las recomendaciones, pues se trata de que el Estado asuma todas las responsabilidades y que no se deje al margen, o viendo desde la loma, a los voraces empresarios.

No es que tales grupos de poder enfoquen la cuestión con la estrechez de criterio de la clase media acomodada, que siempre ha anhelado hacer de la escuela una máquina de producir jóvenes sin sentido crítico, sino que es su forma permanente de proceder: que todo el riesgolo asuma el gobierno, y que todas las ventajas sean favor de los sectores privilegiados; que todas las pérdidas se nacionalicen, pero que todas las ganancias se privaticen. Esta gente nunca pierde y cuando el peligro es inminente, pues, arrebatan.

El tiempo no es de vacas gordas o, como dice el refrán, “la Magdalena no está para tafetanes”; por eso los grandes empresarios reducen costos, suprimen empleos, se someten a un programa de austeridad. La bolsita de churritos o de crema, para decirlo con ejemplos, cuesta lo mismo que hace cinco o seis meses; pero su contenido es menor; los cafetines y restaurantes de comida rápida, venden los mismos productos, la presencia de consumidores es igual, pero los propietarios ya no cuentan con diez empleados, ahora tienen cinco que cumplen las mismas funciones que antes desempeñaban sus compañeros de trabajo. A eso le llaman “reducir costos” y someterse a “un plan de austeridad”.

La burguesía es insaciable, su avaricia nunca termina. Del “diente al labio” pueden aceptar algunas medidas, ciertas reformas o decretos, mientras no lesionen profundamente sus intereses. Por eso ellos siempre hablan de “reglas claras” para garantizar estabilidad y confianza del “sector productivo”; palabras, más o menos, que multiplican los medios de propaganda a su servicio, como el diario de hoy y la prensa gráfica.

Así que cuando los funcionarios de gobierno tratan de “buscar acercamientos”, pueden que se produzcan; pero nada más es una especie de paréntesis, en tanto retornan al gobierno y al manejo total del aparato estatal. Los revolucionarios bien expresan que con esta clase económica no puede contarse para realizar los grandes cambios en una sociedad, la historia así lo enseña. Esperamos que, de a poco, el FMLN se encarne en la sociedad y busque el permanente apoyo de los salvadoreños, sobre todo de las mayorías, para ir avanzando en la realización de un país humano, solidario, en paz y con justicia social.

Pocote

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