A un mes de su publicación original, el presente artículo de Rodolfo Pastor no pierde vigencia al plantear responsabilidades, advertencias y desenlaces posibles para una institución cuya existencia futura se encuentra en precario, en razón directa de la conducta irresponsable y anacrónica de su "plana mayor".

Romeo, Romeo ¿dónde estás que no te veo?
Rodolfo Pastor Fasquelle

Otros conspiraron, alentaron y acompañaron al golpe que, hace un mes, dio al traste con la institucionalidad del país, con el Estado de derecho y con el derecho democrático del pueblo a elegir a un Presidente. He hablado acerca de los intelectuales orgánicos que idearon el golpe y queda pendiente, para dentro de unos días, analizar a los empresarios golpistas. Los militares fueron ejecutores del golpe; sólo ellos podían y tomaron las decisiones en sus manos, como demuestra el hecho que sus socios ahora parecen apenados por la famosa expulsión y los dejan solos. Como recientemente ha trascendido en círculos intelectuales, tanto miedo le han manifestado a Chávez que, de repente, se van a conseguir uno de verdad que haga las reformas que no permitieron hacer por las buenas.

Fueron los miembros de la Junta de Comandantes quienes ordenaron los actos criminales del golpe y tomaron esa determinación a las órdenes y a la sombra de Romeo Vásquez Velásquez. Sólo ellos pudieron haber tomado la determinación de escalar la represión. Y solo si se encuentra una solución para los militares es que la crisis se resolverá de manera pacífica. Romeo no tiene remedio.

Ha trascendido que este jefe con nombre de enamorado había sufrido largamente esta tentación de dar el golpe. El 22 de septiembre del año pasado, en un programa de televisión que todavía entonces fingía confrontar los dos lados de un tema polémico, dijo que otros, presumiblemente los enemigos del Presidente, se le habían acercado para hablar de golpe, aunque se reservó los nombres. También ha trascendido -con la nueva atención, que siempre pone al hombre público bajo la lupa- una serie de antecedentes penales del General, que no estaban a la vista: el hecho de que fuera detenido como miembro de una peligrosa banda de maleantes de la peor ralea, comandado por un oficial retirado de triste memoria. Y hay indicios y evidencias de que los generales que lo acuerparon se repartieron con Vásquez Velásquez el dinero que pidieron a manera de extorsión, aunque se rajaran a medio camino y pidieran prórrogas.

Por otro lado, ha circulado un comunicado, no desmentido convincentemente, de otros oficiales descontentos que aseguran que el General “ha politizado a las FFAA”, y eso es absoluta y rigurosamente exacto, y que además abusa de su poder. En general, los militares estadounidenses con que conversábamos en las reuniones diplomáticas y que son los principales interlocutores extranjeros de nuestros oficiales militares, se atrevían a manifestar su disgusto por “el acercamiento con Chávez”. Los nuestros están entrenados con métodos pavlovianos, reaccionan al miedo en forma primaria. Y se me ocurre que estos pudieron haberse confundido con señales de los militares gringos y la CIA: ¿será que pensaron que el Pentágono prevalecería sobre el Departamento de Estado o sobre la Presidencia de EEUU?

Es obligado considerar el móvil. Los generales primero afirman que cumplieron con su obligación “legal”. Han obligado a la judicatura a proveerlos de documentos espurios que, según el régimen, “los amparan” para la detención, y públicamente se llenan la boca hablando de ¡la patria defendida! Los reservistas incluso se quieren preparar para una invasión venezolana (nunca les ha dado miedo, en cambio, el ridículo). Pero nadie ya los ampara en ese término, de que hicieron lo legal, fuera o dentro, si apartas a los obligados. La primera comunicación que el General hizo a sus íntimos, de todas formas carecía de retórica legalista. Declaró que el Presidente Zelaya “lo había ofendido en su dignidad”, dando a entender que se vengaba. Y todos presumimos, sin tener certeza, que la ofensa había sido su destitución anunciada y la destitución de la Junta de Comandantes; una destitución que originalmente se habría proferido como renuncia en repetidas ocasiones, a cambio de lo imposible: la postergación de la encuesta sobre la Cuarta Urna.

No me extraño de la traición de Romeo tanto como de su maligna ingenuidad. Es evidente que el General no entiende el alcance que tiene lo que ha hecho, la repercusión muy negativa que ya tuvo en la vida de la nación y la que tendrá en su vida, y tampoco columbró la trascendencia de los procesos que desencadenó con su golpe. Seamos pesimistas. El futuro siempre es impredecible. ¿Qué podemos esperar de él? ¿Va a dar su brazo a torcer Romeo? ¿Aun si su falsa retórica es perfecta, y se escuda en el justiciero papel de guardián de la Constitución, ¿creerá el General que va a poder engañar a la historia, así como tiene engañada a la mitad de la población hondureña que no tiene acceso a toda la información o no tiene la disposición de informarse mejor? “No se puede engañar a toda la gente todo el tiempo.” (A.L.)

Significativamente, no ha trascendido que los gringos les estén retirando las visas a Romeo y sus cuatro generales. Y quizás a éstos no les importe mucho y no pierdan el sueño por no poder ir a EEUU. No lo sé, no me consta y no es trascendente. Se trata de una sanción moral. ¿Por qué tanto respeto de la Embajada con los militares? El malpensado diría que algo le saben los militares golpistas a los gringos que no se atreven a mencionarlos como personas en las sanciones. ¿O será el simple afecto filial de un padre por su hijo?

A muchos militares honorables les afecta ya la suspensión de las operaciones conjuntas y de las ayudas militares previstas. Pero lo más grave será sin duda que el golpe constituye una pérdida de profesionalismo y de imagen. Cuando el Embajador Llorens hace un par de días visitó al Presidente Manuel Zelaya en Nicaragua, lo acompañaban dos o más altos oficiales militares vestidos de civil. Lo más trascendente, para los mismos militares, será la repercusión del evento en el mediano futuro.

Largamente se ha evitado plantear en Honduras la extinción de las FFAA, que se suponen eternas, o al menos con derecho a existir mientras exista la nación. Las FFAA se habían ganado un prestigio, habían conseguido lavarle la cara a la institución. Habían defendido la idea de que estaban con el pueblo. Se habían conseguido una nueva misión con la protección de los recursos y asistiendo al pueblo en las catástrofes naturales. Estaban, supuestamente, cooperando con la DEA. Pero de ahora en adelante vamos a empezar a ver propuestas de un anteproyecto de texto para eliminarlas de raíz.

Además a esta gente la justicia mundial los va a perseguir por décadas. No van a poder ir a curarse a un hospital en el extranjero. No van a poder llevar a un nieto a conocer qué se yo, Nueva York, París. Porque no va a ser cuestión de que tengan o no una visa ordinaria. Los van a estar esperando fiscales y jueces justicieros, que van a brotar por todo el mundo para ellos. El Presidente Zelaya ya anunció una demanda contra los golpistas y específicamente contra Vásquez y otros cuatro generales. ¿Aparte de perder la visa de EEUU, se arriesgará Romeo a perder la visa para entrar a Olancho? Sólo un contragolpe restaurador, puede salvar a las FFAA de la infamia.

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