La Unidad Fiscal de Coordinación de Argentina reveló que unas 588 personas están siendo procesadas actualmente por la comisión de crímenes contra la humanidad y otras 50 ya han sido condenadas.

Por Emilia González
Fuente: El Pais

La Unidad Fiscal de Coordinación de Argentina reveló que unas 588 personas están siendo procesadas actualmente por la comisión de crímenes contra la humanidad y otras 50 ya han sido condenadas.

Entre los condenados se encuentra el ex general argentino Santiago Omar Riveros, responsable del cuartel militar Campo de Mayo, uno de los mayores centros de exterminio de la dictadura argentina (1976-83), penado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad. Treinta y tres largos años de espera por la justicia, muy lenta, sin duda, pero llegó.

Entre los crímenes que se le imputan a Riveros está la muerte de manera atroz de un joven estudiante de 15 años: Floreal Avellaneda y la detención posterior de su madre.

El 5 de julio pasado, en Honduras, un joven de 19 años: Isis Obed Murillo también fue masacrado en la malla del aeropuerto cuando esperaba pacíficamente el arribo del avión en el cual retornaba el Presidente constitucional al país. Su padre también fue detenido posteriormente cuando trataba de poner la denuncia. Líderes de la resistencia hondureña denuncian desde hace 47 días que se estaban llevando manifestantes detenidos a los cuarteles de las Fuerzas Armadas y defensores de derechos humanos indicaron que hay fuertes sospechas de que se está torturando a los detenidos.

Demasiado aterradora y dolorosa semejanza. Espejo donde se proyecta y autorefleja el accionar de aquellos unidos en su afán de callar a punta de pistola, garrote, dinero y prensa a quienes piensan diferente, por el simple hecho de pensar y manifestarlo. A quienes defienden la legalidad institucional y buscan el restablecimiento del régimen democrático.

No faltará quien cínicamente diga que el exterminio masivo de la dictadura argentina es poco comparable a las acciones de Honduras. Para algunos la violación de los derechos humanos, como la política, es cuestión de estadística y encuestas.

Para quienes consideramos que, cada vida humana es única e irrepetible, ambos crímenes de jóvenes en manos de militares argentinos y hondureños, no se diferencian en modo alguno. Cercenan el futuro del país masacrando a los jóvenes, germen de esperanza e infunden miedo a sus mayores.

La condena es también lección para aquellos que pretenden en Honduras seguir construyendo o colaborando con un régimen déspota y arbitrario. Un punto en un acuerdo no va a eximir a Micheletti ni al General de rendir cuentas ante la justicia como no le sirvió a la Argentina la Ley de Punto Final.

Tarde o temprano, el largo brazo de la justicia los alcanza, eso tienen los derechos humanos, son rasero que iguala y potencia el grado de humanidad de los pueblos. Son conquista de la civilización frente a la barbarie que recuerda para no volver a cometer los mismos atropellos, no para reavivar viejas rencillas, sino para cicatrizar las heridas de aquellos a quienes se pretende cargar con el olvido y con la humillación.

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