Los pobres -mejor dicho empobrecidos, por aquello del saqueo y la explotación que han padecido durante siglos- siguen siendo los primeros en la lista de los perseguidos, maltratados, marginados, olvidados, calumniados y golpeados… reiteradamente golpeados.

Desde la colonización española, la religión católica siempre ha servido de plataforma ideológica de los poderes políticos y económicos que han patrocinado guerras y golpes de estado para mantener el saqueo y el empobrecimiento, y de paso, desangrar a la población para que vuelva a aceptar su mísera condición de esclavitud.

A la hora de golpear y matar, los altos -y no tan altos- jerarcas de la religión católica han estado allí, al pie del cañón, reafirmando el derecho a la matazón y a la mangoneadera de que hacen gala los oligarcas-terratenientes de turno que, para variar, cuentan con el siempre omnipresente respaldo y apoyo de la primera prepotencia mundial de los Estados Unidos.

En medio del GOLPE DE ESTADO MILITAR en Honduras, el cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga (actual presidente de Cáritas Internationalis) ha venido a reafirmar, el rol de complicidad con los poderes y de drogadicción ideológica para la población que continúa jugando los “meros, meros” de la religión católica.

Muy poquísima gente en el mudo sabe dónde está Honduras o cómo se llama su capital. Algunos han llamado a Honduras “el Haití de Centro América” para marcarla o estigmatizarla con el sello de empobrecimiento del que hace gala Haití en toda América latina.

En Honduras nació Francisco Morazán.

“Estalla una tormenta de sotanas. Rafael Carrera es el relámalo que mete miedo y por toda Guatemala retumban los truenos:

-¡Viva la religión! ¡Mueran los extranjeros! ¡Muera Morazán!

No quedó cirio sin encender. Tan de prisa rezan las monjas que en nueve segundos despachan nueve novenas. Los coros entonan el salve y maldicen a Morazán con el mismo fervor.

Francisco Morazán, presidente de Centroamérica, es el extranjero hereje que ha desatado las furias místicas. Morazán, nacido en Honduras, no solamente ha unificado las provincias centroamericanas en una sola nación. Además, ha reducido a la categoría de meros ciudadanos a los condes y a los marqueses y ha creado escuelas públicas que enseñan cosas de la tierra y nada dicen del Cielo. Según sus leyes, ya no se necesita cruz para la tumba ni cura para la boda; y nada distingue al niño concebido en lecho conyugal del niño hecho, sin contrato previo, sobre paja de establo, que tanto hereda el uno como el otro. Y lo más grave: Morazán ha separado a la Iglesia del Estado, ha decretado la libertad de creer o no creer, ha suprimido los diezmos y las primicias de los funcionarios del Señor y ha puesto en venta sus tierras…”. Memorias del Fuego. II. Las caras y las máscaras, Eduardo Galeano. Colección la honda casa de las Américas cuba, pág. 181.

En Tegucigalpa, y en toda Honduras, la voluntad de Dios se manifiesta en el pueblo y no en el respaldo al Golpe de Estado militar que le ha dado la conferencia episcopal y su cardenal. P or ahí anda el cardenal, el papable, invitado reiteradas veces a Panamá por la Arquidiócesis y su Pastoral Social para que nos diera, a los panameños, cátedra de “compromiso social”. Escaso son los profetas y abundantes los farsantes que llenan el cielo y la tierra en este reino de Dios.

Héctor Endara Hill
hector@panamaprofundo.org
www.panamaprofundo.org

26.08.2009

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