Los Necios
Opinión Necia 5 de agosto

Honduras ha pasado de un escenario de Golpe Militar a un probable teatro de guerra hemisférica. Poco previsible era todo esto el 28 de junio. El día de la consulta fue transformado en el día del Golpe de Estado Militar y de la ignominia en la Historia Nacional. En esos momentos no podíamos imaginar la dimensión y los intereses del acto cometido.

No se trataba de la cúpula gansteril de empresarios que representan la oligarquía de Honduras, del grupo de 62 vándalos agrupados en el tristemente célebre Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), grupúsculo de mequetrefes potentados por las históricas hazañas del robo al Estado de Honduras, por su desmedida explotación del pueblo trabajador y por su vinculación descarada al narcotráfico. No, no eran ellos los que movían piezas en el tablero regional para lograr dominio de un territorio que ocupa una situación geopolítica y militar privilegiada para los planes de la primera potencia militar del mundo.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la ultra derecha norteamericana se deleitaba desde hacía meses con el conflicto que promovían los aventureros golpista de Honduras y decidieron apoyarlos bajo una visión aún mayor de los alcances que estos podría tener en caso de desatarse una guerra civil o un conflicto bélico regional.

La industria de guerra norteamericana decide intervenciones militares desde hace más de medio siglo, luego de que forma parte indispensable de su economía y su funcionamiento industrial. Millones de personas, casi el 10% de la población norteamericana depende directamente del ejército de su país, y la amenaza de Obama de reducir presencia militar en la zona del medio oriente ante el clamor del mundo entero y su propio pueblo por la desocupación de Iraq y el retiro de tropas de Afganistán, preocuparon enormemente a su clase dominante temerosa por el comportamiento poco alentador del sistema capitalista mundial, que tambalea peligrosamente y da signos inequívocos de grave crisis.

Después de todo la existencia del Presidente Chávez en la región viene incomodándolos desde hace mucho tiempo, a la vez que les preocupa la alianza latinoamericana de la ALBA, que además ha infundido demasiada irreverencia contra la potencia del Norte. Cuba, Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia, recientemente El Salvador y en sus cálculos Honduras y Guatemala representaban ya un bloque insurrecto ante sus interés hegemónicos y la necesidad de dominio de la región, no tanto por su importancia económica en relación al comercio, sino más bien por la necesidad del control de sus recursos naturales.

Luego un grupo de mequetrefes de la oligarquía hondureña decide utilizar el apoyo manifiesto del Departamento de Estado Norteamericano, la CIA y algunos especialistas del Pentágono, para diseñar y ejecutar un borrador de golpe militar que aparece ante el mundo entero como un ridículo arrebato de los tremendamente atrasados miembros de la clase política hondureña.

Diez familias de orígenes árabes en su mayoría, que en apenas dos o tres generaciones han desarrollado escaso o nulo aprecio por Honduras, que controlan más del 90% de la economía nacional y que creen que en mundo acaba en sus pobres riquezas, piensan que los Estados Unidos y sus halcones deciden apoyarlos, aún a espaldas del novato presidente Obama, por convicciones anticomunistas, que en su pobrísima cultura universal, viene a ser como el enemigo vigente del imperialismo asesino.

Entonces dan la orden y ponen al mando al que llamaremos “El agente”; extranjero, especialista en guerra psicológica y operaciones encubiertas, asesorado por el mismísimo John Dimitri Negroponte, apoyado incondicionalmente por Otto Reich, seguidos por el resentido Roberto Carmona y respaldado por un pequeño equipo de la CIA, comienzan la primera fase del plan que en el mejor de los casos debe desatar un conflicto bélico regional en el que los pueblos latinoamericanos apuesten su futuro al mismo tiempo que consuman armas y provoquen la intervención militar directa de los norteamericanos.

El agente aprovecha el día de la consulta y saca al presidente del país y se consuma el golpe militar. El pueblo no responde armado y comienza una amplia lucha pacífica y demuestra al mundo entero una cultura democrática insospechada; reclama constitucionalidad, respecto al Estado de Derecho, retorno incondicional del Presidente legítimo. Entonces el Presidente Zelaya toma un avión para aterrizar en Tegucigalpa y ante el asombro del mundo los militares golpistas no lo dejan aterrizar. El agente da la orden para que el francotirador dispare a Isis Obed, que para él significa cualquier objetivo militar. La gente no responde con disparos y nace el primero de los mártires del Frente Nacional. Para el agente que es parte de la cultura de la violencia y que ha vivido en una sociedad que sustenta su estilo de vida en la producción de armamento militar y la fabricación de guerras, no le es posible imaginar que aún no hayan militares ajusticiados por el pueblo, mientras en todo el mundo la situación se le sigue complicando. Había comenzado una guerra en la que un sector importante, digamos el sector B, no estaba armando y peor aún, no tenía intenciones de hacerlo.

Entonces el Presidente Zelaya anuncia su entrada por la frontera, y la movilización popular decide ir a recibirlo. El agente provoca una situación de mucha tensión dejando miles de manifestantes prisioneros en medio de retenes militares; luego secuestra, tortura y asesina violentamente a Pedro Magdiel, después se encarga de exponerlo ante los manifestantes. Tampoco funciona. La población se indigna y sale masivamente a las calles reclamando pacíficamente el esclarecimiento de la muerte del segundo Mártir. El agente decide reprimir y dispara contra un maestro, Roger Vallejo. Y la guerra no comienza.

En el desarrollo de su plan la situación debería estar más avanzada; no hace sincronía con la desestabilización entre Venezuela, Ecuador y Colombia. Al parecer la guerra no prosperará.

Tal vez en Honduras la guerra civil necesite una masacre de un número mayor de manifestantes, tal vez Renato no solo tenga que llevar a los cinco mandos militares del ejército hondureño para hacer parecer que la situación tiene un componente militar más allá de sus retenes. El caso es que el agente sigue presionado y no sabe còmo comenzar mientras el escenario del golpe tiende a revertirse por un pueblo que no se cansa en las calles y que no busca venganza, sino solo un poco de justicia social y democracia formal.

¡Venceremos!

¡Necedad!

OPLN

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