Oscar Amaya: “EEUU pretende transformar a Honduras y Colombia en dos portaviones”

En entrevista con Clarín.cl el escritor Oscar Amaya (1949) advierte: “En Honduras se libra una batalla por la humanidad. La ultraderecha de Iberoamérica viene a Tegucigalpa todos los días con su ponzoña, a mostrar su solidaridad a favor de los simios que hoy mal gobiernan este país. Una derrota de la resistencia en Honduras, es una derrota para quienes propugnan por el bien y la solidaridad en el mundo y en América Latina”.

Autor de los libros de poesía: Esta Patria, este amor (1988); Esperanza viva (1995); Perfil del vacío (2003) y El prodigio de los príncipes (2008); el periodista y catedrático universitario Oscar Amaya Armijo, difiere con la tesis del escritor Julio Escoto, en el sentido del hallazgo petrolero en Honduras como móvil del golpe de Estado: “para Estados Unidos, el interés por Honduras no radica en la riqueza de sus recursos naturales, incluido el petróleo descubierto recientemente, sino en otro factor extremadamente relevante: su ubicación geoestratégica. Honduras es un venero de rutas cercanas hacia cualquier punto de la geografía. EE.UU. pretende transformar a Honduras y Colombia en dos enormes portaviones para salvaguardar sus intereses en la región y disuadir a los países del ALBA y UNASUR”

MC.-Eres autor tres libros de poesía, sin embargo a raíz del golpe de Estado te leemos con artículos de opinión y remembranzas familiares; ¿resulta complicado escribir en verso libre cuando Honduras vive, precisamente, sin libertad?
OA.-Inicié la escritura de mi poesía a los 12 años, en mi ciudad natal, Talanga, ubicada a unos 55 kilómetros al norte de Tegucigalpa; pero al radicar en Tegucigalpa (1970), me inicié en la militancia política y popular. En estos avatares se me dijo que lo más importante era la redacción de textos políticos y panfletarios. Me dediqué, entonces, a la redacción de artículos y pequeños ensayos para publicarlos en lo que llamábamos periodismo alternativo, semi-ilegal, algunas veces y, clandestino, en otras. Luego, al incursionar en el movimiento obrero organizado, más concretamente en el sindicalismo, intensifiqué mi práctica en la redacción de textos periodísticos, en casi todos sus géneros.

En la fatídica década de 1980, caracterizada por la represión y la guerra civil de baja intensidad, impulsada por los Estados Unidos, nos vimos obligados a escribir en el plano de la narrativa y en el periodismo de opinión; fundamos periódicos obreros y políticos, páginas culturales, alusivas a la situación político militar que vivíamos, para orientar a la ciudadanía desde cualquier medio disponible. En el fragor de las luchas populares y políticas, en aquella época, muchos escritores, en virtud de la situación de extrema gravedad y peligrosidad, y por las necesidades de comunicación entre los hondureños, nos volvimos escritores multifacéticos, casi poligráficos. Nunca nos identificamos con un género literario en particular, incursionamos en todos, de aquí que nos guste que nos digan escritores y no poetas, para decir un ejemplo.

Que no te sorprendan, entonces, mis artículos en este momento crucial de la historia hondureña, pese a mis libros publicados en el ámbito de la poesía y la narrativa. Por supuesto, la actividad poética en tiempos de represión extrema es sumamente difícil. Desde el punto de vista formal, a veces te ves orillado, a sacrificar la forma por el contenido, en virtud de la necesidad de contribuir con ella al esclarecimiento de los problemas sociales y políticos. Pero como es natural, la poesía contenidista, que privilegia el mensaje por encima de la estética, te conduce al panfleto. Esta es una enorme dificultad para el que escribe poesía: tener que conciliar el arte con el mensaje que alienta la lucha política y popular.

Pero lo más crucial para un escritor en esta coyuntura política, es saber que sus textos, comprometidos con la resistencia, lo conducen a sufrir ataques contra su vida. Debes saber, Mario, que está en practica, aquí, un sicariato sin precedentes en el país; cualquier miembro de la resistencia, puede perecer, máxime ahora que se agravan las contradicciones entre quienes luchamos por el retorno a la constitucionalidad, y quienes se empeñan en sostener la irracionalidad del golpe de Estado, para beneficio de una gavilla de empresarios inescrupulosos.

MC.-Escribiste un relato extremadamente conmovedor: “Pobre papá y todo por el Partido Liberal”, ahí narras que tu padre defendió la libertad en todas las trincheras, incluso la guerrillera; ¿cómo le explicarás a sus nietos las múltiples traiciones de los viejos y neo-Liberales?
OA.-No te imaginas cuánto sufrí escribiendo ese texto. Se me agolpaban las lágrimas al recordar, como en un cinematógrafo, los sufrimientos a los que fuimos sometidos los integrantes de mi familia. Éramos niños, cuando mi padre entró en prisión y luego huyó a las montañas del departamento de Olancho, perseguido por los militares. Papá es un héroe anónimo del Partido Liberal, el mismo partido que se une con la oligarquía para auto-golpearse, cercenar el remedo de democracia que vivíamos y, de repente, de nueva cuenta, nos embute en una crisis político militar, igual de dolorosa como la que se vivió en 1963. Cuando regresó mi padre, murió exterminado por la diabetes. Imagínate, recordar todo aquello y, a la vez, estar viendo en el presente a los militares reprimir al pueblo. Es terrible.

Quiero decirte que soy padre de última hora, mis dos hijos son pequeños y están viviendo la misma angustia que yo viví cuando niño. La mejor manera de explicarle a ellos y a mis futuros nietos, los desmanes de esta rancia oligarquía o las traiciones de los liberales mas conservadores, es, quizás, escribiendo una novela testimonial que aborde tanto los acontecimientos del golpe de 1963, la represión de la década de los ochenta y la represión brutal que ahora padecemos. Ah, se me olvidaba decirte que desde 1963 al 20o9, he vivido, en línea, 7 golpes de Estado. Una verdadera tragedia que te llena de indignación, por ello es que siempre nos hemos comprometidos con las luchas del pueblo hondureño, y hoy más que nunca cuando un minúsculo grupo de extranjeros, disfrazados de h0ndureños, nos ha robado el país…

MC.-Otro texto memorable es: “Honduras, mi niña”, citaré un fragmento: ‘
mi pequeña niña arrebolada de colores, mi pájara pinta, arrugadita de montañas, amaneces ahora con el tizne que las aves de rapiña pintan en tu rostro de gaviota volando. Hoy duele pensarte, garcita morena, soñarte bajo la sombra de los encinos (…) corrías por las ensenadas, luciendo tu falda adolescente, cubierta de pinos y zorzales. Ahora, niña mía, se apagó la luz de tu diadema de orquídeas’; Oscar perdóname la siguiente metáfora: si los golpistas violaron a la “niña ninfa de cascadas”, ¿qué procreará Honduras?, ¿cómo abortar al bastardo de Micheletti?
OA.-Mario, ese poema refleja la conmoción que nos causó a miles de hondureños, ahora militantes activos de la resistencia, al enteramos de que un grupo de lunáticos había destruido la esperanza de convertir este país en otro más solidario. En esos versos experimento sentimientos encontrados, ora de ternura ora de indignación. Vi a Honduras, en aquel aciago momento, como un padre que ve a alguien malevo dañar a su hija. Cuando escribía el poema pensaba en Raquel María, mi hija de seis años, carajo.

Luego, Mario, esa pregunta tuya, lanzada a quemarropa, sobre qué procreará Hondura después de semejante violación, te la contesto con las palabras del gran poeta hondureño de la generación del 50, Antonio José Rivas: Honduras, mi niña, procreará “peces desamorados” que vendrán junto a su baba hedionda a devorarle sus entrañas. En cuanto al bastardo, al que te refieres, cuyo nombre he olvidado para siempre, déjame decirte que el mejor abortivo para deshacerse de él, y que ha creado la historia, como gran partera, es el surgimiento del poderoso Frente Nacional de Resistencia contra el golpe de Estado. Aquí radica la medicina para aliviar a la patria de los grandes males que ahora adolece.

MC.-El 11 de julio escribiste: “Apuntes para una reflexión política”; llamó mi atención este esbozo cuando no se veía lo peor de la represión y crímenes del régimen de facto: ‘Con el golpe de estado, recurso que se valió la oligarquía para derrocar a Manuel Zelaya, se abren las reclusas de una guerra civil sin precedentes en la historia del país’; ¿la escalada de crímenes de lesa humanidad irremediablemente terminarán en una guerra civil o medidas subversivas?

OA.-Cuando inició el golpe, el 28 de junio, todos creíamos que se trataba de un simple pleito entre liberales y nacionalistas, pero en la medida en que se desenvolvían los hechos, caímos en la cuenta de que estábamos viviendo una lucha de nuevo tipo: un enfrentamiento de clases. Por una parte, la oligarquía, liderada por un grupo desnacionalizado de empresarios, luchando por mantener su modo de vida y, por el otro, los distintos sectores de clase que conforman la población hondureña, defendiendo las pocas conquistas alcanzadas durante el gobierno legítimo de Manuel Zelaya Rosales. Ya no sólo se trataba de restituir al presidente y volver al orden constitucional simplemente, sino de instaurar una Asamblea Nacional Constituyente que redacte y apruebe una nueva Constitución de la República, que permita trasformar el país en otro con relaciones sociales más solidarias y equitativas.

Visto este panorama, y dada la virulencia con que actúan los aparatos represivos e ideológicos del Estado, defendiendo los intereses de clase de un minúsculo grupo de empresarios en detrimento de los intereses de la inmensa mayoría de los hondureños, no dudamos en plantear que, de no mediar la negociación civilizada de nuevos escenarios sociales y políticos, más temprano que tarde, el conflicto podría resolverse mediante la violencia social. Por supuesto, estos no son mis deseos: es una situación que lo determina la dinámica interna del sistema social y sus relaciones de exclusión, y que persiste independientemente de mi existencia o voluntad. También es necesario apuntar que la violencia social, quien la impulsa, paradójicamente, son los sectores dominantes; mientras que la resistencia, por las estrategias y tácticas mostradas, pretende resolver el conflicto mediante la vía pacifica, para no caer en la trampa de la guerra civil. Pero las condiciones subjetivas están planteadas para que se desencadene esto último.

MC.-Has dedicado varios ensayos a la injerencia de los militares en el ámbito civil y de Norteamérica en el ámbito mercantil y político de Honduras; ¿de qué forma resumirías esta tesis?, ¿qué advertencia harías a otros países que tienen sobre las bases militares norteamericanas los cimientos de su capitalismo?
OA.-En este ámbito, Mario, los hondureños creíamos haber superado la presencia militar en los asuntos civiles, desde que otro gobierno liberal, el liderado por Carlos Roberto Reina, sometiera a los militares al supuesto poder civil. Ahora hemos retrocedido al protagonismo militar, porque así conviene a los intereses oligárquicos y a ciertos sectores de la ultraderecha, enquistada en el gobierno de Estados Unidos. Antes, para citarte un ejemplo, se había abolido el servicio militar obligatorio y sustituido por otro voluntario y educativo; no obstante, y en premio por haber realizado la asonada del 28 de junio, la oligarquía, a través de su Congreso Nacional, le devuelve a los militares aquel oprobioso sistema de reclutamiento masivo, con el propósito de reprimir a los millares de jóvenes que participan en la resistencia contra el golpe. De aquí que, un punto que plantea en sus reivindicaciones el pueblo hondureño, es el de estudiar y aplicar un nuevo rol a las Fuerzas Armadas o, en el extremo caso, abolirlas paulatinamente.

En lo que respecta a la presencia político militar de Estados Unidos en Honduras ha sido fatal: desde finales del siglo XIX se apoderaron de los recursos naturales del país mediante dos enclaves: el minero y el bananero. Desde ambos asientos hegemónicos, los EE.UU. obstruyeron el desarrollo económico autónomo del país y, como consecuencia lógica, no se formó un grupo local de poder con relativa independencia y con acendrado nacionalismo, sólo se promovió el surgimiento de un estamento comprometido con esos intereses, salvo raras excepciones.

Sin embargo, para Estados Unidos, el interés por Honduras no radica en la riqueza de sus recursos naturales, incluido el petróleo descubierto recientemente, sino en otro factor extremadamente relevante: su ubicación geoestratégica. Quien domine este país ejercerá dominio en otras áreas del planeta; es un venero de rutas cercanas hacia cualquier punto de la geografía. En realidad, EE.UU. pretende transformar a Honduras y Colombia en un enorme portaviones para salvaguardar sus intereses en la región, disuadir a los países del ALBA y UNASUR para seguir ejerciendo su dominio imperial. De aquí la alianza del sector ultraderechista del gobierno Barakc Obama con la oligarquía hondureña y su ejército, para derrocar el gobierno legítimo de Manuel Zelaya, con miras a apuntalar aquellos propósitos.

MC.-Entre las “Verdades y mentiras del capitalismo hondureño”, comienzas analizando los malabares lingüísticos de los golpistas; ¿hemos perdido la capacidad de asombro ante la sarta de mentiras y crímenes del régimen de facto?
OA.-La oligarquía nos podrá quitar todo, pero jamás la capacidad de asombrarnos. El asombro lo necesitamos para crear arte y ciencia y para reinventar caminos que nos conduzcan a la derrota de los golpistas. Por supuesto que hemos tomado conciencia de las mentiras en las que se funda el capitalismo. Haber develado esas mentiras es lo que explica que la resistencia de los hondureños contra el golpe, tenga hoy 55 días de marchar, sin tregua alguna. En esta crisis se cayeron todas las caretas. Ya sabemos, por ejemplo, que el país está en manos de unos beduinos que lo han convertido en un enorme bazar. En realidad, no tenemos país. Desde el agua que tomamos es de ellos. Por esta razón la lucha es de enormes proporciones, épica. Tener conciencia, sí, eso, es lo que nos faltaba. Ahora sabemos que poseemos la fuerza y disposición suficiente para dejar los huesos en las calles por rescatar la patria.

Otra cosa más, Mario: aquí, en Honduras, sin caer en los obscuros entretelones del maniqueísmo, se libra una batalla por la humanidad, entre las fuerzas tenebrosas de la opresión contra las fuerzas de la libertad en el planeta. La ultraderecha mundial viene a Tegucigalpa todos los días con su ponzoña, a mostrar su solidaridad a favor de los simios que hoy mal gobiernan este país. Una derrota de la resistencia en Honduras, es una derrota para quienes propugnan por el bien y la solidaridad en el mundo y en América Latina, en particular. He aquí que todos los partidarios de la bondad y la equidad en el planeta, deben hacer suya esta batalla que hoy libramos palmo a palmo los hondureños. O este planeta es de todos o no es de nadie. Perdona mi exaltación, pero decirte todo lo anterior, es caer en la cuenta de que no hemos perdido la capacidad de asombrarnos, pero sí somos más concientes, lo reitero, de que los crímenes a los que estamos sometidos son productos de la maldad que caracteriza al capitalismo salvaje.

MC.-En “Los intelectuales al borde del peligro”, te reservas el nombre de quien descalifica a los
‘marxistas tardíos’ por ser ‘más peligrosos que Manuel Zelaya’ y le respondes: “las únicas armas de los intelectuales son las palabras, las viejas máquinas de escribir y, quizás, un destartalado ordenador de la tercera generación”; ¿quién es el aludido?, ¿está latente la persecución en contra de los intelectuales?
OA.-El personaje a que te refieres no lo conozco personalmente. Nunca hemos hablado, ni un segundo; pero he leído sus libros y artículos de prensa. He escuchado sus declaraciones en la prensa y la radio, donde manifiesta una sobrada grandilocuencia que ofende. Lo he hecho no por gusto estético, si no por obligación profesional. El aludido es un intelectual que ha dedicado su vida a orientar (más que el Conde Lucanor o Maquiavelo) a todos los gobernantes del planeta, incluido los nuestros, lo mismo que a todo aquel gurú que se cruce por su camino. Es el mismo que desde el comienzo del gobierno de Manuel Zelaya, escribió una gran cantidad de “análisis” que orientaban a la ultraderecha a conspirar contra este gobierno, hasta que culminó con el golpe. Él es un intelectual del golpe y lo reconoce con mucho orgullo, es el mismo que tres días después del golpe, en un artículo de prensa, solicitaba a las fuerzas represivas que tuvieran cuidado con los intelectuales que actuaban en la sombra porque eran mas peligrosos que Manuel Zelaya. Hay que tratarlos con “cuidado y talento”, decía, pues atacan la legalidad burguesa desde dentro. Esto es alevoso, máxime cuando se trata de una propuesta esgrimida por un intelectual para atentar contra los suyos. El aludido es Juan Ramón Martínez, un escritor que le dio la espalda al pueblo y a la historia, por un mezquino interés personal.

En tal sentido, puedo asegurar que la persecución de los intelectuales no solamente está latente, es una realidad terrible. Por ejemplo, en este país, al iniciar la asonada del 28 de junio, los periodistas que no aceptaron el golpe fueron perseguidos y encarcelados, cerrados su medios. El caricaturista Allan MacDonald estuvo preso junto a su hija de un año; dos profesores de la resistencia fueron abatidos, otros, al parecer, están desaparecidos; el escultor Cesar Galeano fue objeto de una golpiza; Alba Ochoa, una intelectual, hermana del dramaturgo Tito Ochoa, fue agredida y apresada, y ahora acusada en los tribunales por conspiración; el dramaturgo y escritor, Candelario Reyes, permanece en la clandestinidad; la rectora de la UNAH, Julieta castellanos, junto a otros académicos, fueron golpeados por la policía; rondan desconocidos por la residencia del novelista Cesar Lazo; el Ministro de Cultura, el escritor Rodolfo Pastor Fasquelle, se vio obligado a vivir el exilio; Carlos H, Reyes, Marvin Ponce, entre otros dirigentes e intelectuales de la resistencia, han sufrido tremendas golpizas y detenciones. Habrá que agregar la enorme vigilancia que se ejerce contra los intelectuales, de la represión abierta y velada a la que son sometidos en sus centros de trabajo. En general el peligro es latente cuando se vive, se piensa y se escribe en medio de una dictadura brutal como la que vivimos los hondureños.

MC.-¿El golpe de Estado se sostendrá hasta las elecciones de noviembre?, ¿cuál es la percepción al interior del país?
OA.- Aquí se piensa en que las elecciones de noviembre son un problema irrelevante, y el golpe de Estado puede durar el tiempo que los oligarcas quieran; pero lo que no se detiene es la creciente rebelión del pueblo hondureño, ya no solo por el retorno a la constitucionalidad; ahora se busca convocar una Asamblea Nacional Constituyente, para reformar la constitución, y trasformar el país, luego rescatarlo de las manos de los extranjeros que hoy lo usurpan. Por supuesto, la lucha se intensifica en la medida que nos acercamos a las elecciones.

Ahora bien, la percepción que se tiene sobre la derrota de los golpista, es que ésta necesariamente pasa por el fortalecimiento de la resistencia, organizándola en un Frente Amplio de Oposición que organice y lidere una política de alianzas de las fuerzas convergentes y que aplique todas las formas de lucha posible, en el marco de la legalidad burguesa. Otras vías, formas y escenarios de lucha, dependerán de la dinámica que adquieran las contracciones de clase en el corto plazo. Es necesario advertir que la solidaridad internacional con la resistencia es crucial para derrotar a los golpistas.

MC.-¿Compartirías con los lectores de El Clarín de Chile algunas de tus propuestas para revertir el golpe de Estado?
OA.-En torno a este problema he escrito algunas propuestas de solución mucho más avanzadas que las planteadas por Oscar Arias, en Costa Rica. Mi planteamiento se circunscribe a lo siguiente: Restitución de Manuel Zelaya a su cargo legítimo de Presidente; plan de restauración de los poderes del Estado; convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente; reforma a la Constitución; plan nacional de transformación, centrados en tres ejes: desarrollo humano con equidad, rescate de los recursos naturales y economía mixta; castigo para los violadores de los Derechos Humanos; cambio de rol de las Fuerzas Armadas o su abolición paulatina; plan de paz; entre otros. Estas propuestas implican el abandono del dogmatismo, el sectarismo y el egoísmo que priva en los sectores dominantes del país. Sostengo que de no darse esta solución, aparecerán los síntomas de una intensificación de la lucha, pero con otras formas de confrontación y en otros escenarios.

MC.-Finalmente, dedicas tu blog: “
dada la situación política y social del país” a publicar tu libro Esta patria, este amor (1988) “como un homenaje a todas las parejas que en este momento luchan por restablecer la libertad”, parafraseando a Juan Gelman: ¿ahí está la poesía, de pie contra la muerte?
OA.-Esta patria, este amor (1988), lo publiqué en el marco de la guerra fría y de baja intensidad que impulsaba Estados Unidos en Centroamérica. Su contenido refleja los problemas que sufrieron las parejas comprometidas con la lucha política de aquel entonces. Al releer el contenido, me di cuenta de su absoluta vigencia, y muchas de las situaciones allí cantadas, volvían a producirse como por arte de magia, entonces, decidí publicar la segunda parte y dedicárselas a las parejas actuales que se enfrenta al golpe de Estado. El libro se arma sobre la base de dos imágenes sobrepuestas: la patria y la mujer. Ambas son amadas con la misma intensidad. Se llega a la certidumbre de no saber cuándo se está con la mujer o cuando se está con la patria; aunque según el decir del escritor Juan Antonio Medina Durón, el libro es más patria que amor.

Tienes razón, Mario, cuando parangonas mi libro con lo escrito por el poeta Juan Gelman. En estudios recientes, relacionados con las Isotopías de A. J. Greimas, algunos críticos sostienen que mi libro aborda la muerte como tema central. Y estoy de acuerdo, aquí la poesía le canta al amor pero en el filo de la muerte. Allí aparecen los torturados, los perseguidos, los vigilados, quienes a pesar de esas dificultades impuestas por la represión, se levantan mediante el expediente del amor, que los redime hasta llegar al optimismo. No puede haber amor en una patria ocupada, alquilada, robada y, cuando éste existe, es obstaculizado por los “mastines del terror”, es decir, los perseguidores y torturadores. Próximamente publicaré la primera parte para completar mi
blog. Nunca pensé que un libro mío publicado hace 20 años tuviera tanta actualidad ahora que los hondureños estamos sumido en la represión por una dictadura nefasta que no tiene razón de ser.

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