Nuestros cuerpos están golpeados y nuestra sangre sigue siendo derramada, pero nuestra dignidad está intacta.

El día de hoy la policía y el ejército pasaron a otra fase de la represión, ante lo cual debemos replantear la lucha en el plano de las tácticas de resistencia, puesto que en el ideológico esto ha sido definido completamente como una lucha de clases cebada desde los años 90 y apuntalada con los procesos de transnacionalización operados.

Claramente la cúpula militar y policial han recibido instrucciones específicas que apuntan al desmembramiento del movimiento popular; y para ello han puesto en marcha la compra de delación, la ocupación sistemática de los espacios públicos por la fuerza armada, la implantación de pruebas apócrifas que intentan desmoralizar y dividir la resistencia y la captura, vejación y eliminación de todo aquel o aquella que represente lo contrario a sus intereses, principalmente la dirigencia del Frente.

Como relación de hechos, puedo referir que el día de hoy la resistencia procedió a realizar la toma de carretera, a la altura de la posta El Durazno, en la salida del norte en Tegucigalpa. Mientras esto se desarrollaba, yo me dirigía en un taxi desde Metromall hacia la salida al norte. Conmigo iban otros ciudadanos que comentábamos la barbarie en que nos han colocado los golpistas. El taxista nos bajó del taxi antes de llegar a los puentes del Carrizal, se adelantó, habló con los policías y militares y un grupo de ellos me capturó de manera brutal, golpeándome y revisando todas mis pertenencias, me desnudaron en plena vía pública dejándome únicamente en paños menores, me retuvieron durante más de una hora, me interrogaron, confiscaron una libreta donde tenía nombre de los compañeros y compañeras artistas de Artistas del Frente y otras anotaciones. Finalmente me permitieron vestirme y se aprestaban a conducirme en una patrulla, en ese momento, yo grité a la multitud mi nombre y dije que era un escritor hondureño varias veces. Esa acción los enardeció pero representó mi salvación temporal. Me golpearon en el pecho de nuevo, me tiraron al pavimento y el oficial que comandandaba el contingente armado, me gritó: [Cuento diez para que te perdás o te pierdo¨, amenaza de la cual no dudé y tuve que correr en dirección opuesta.

Avancé hacia el sector de La Laguna, en la salida a Olancho. Ahí me uní a los compañeros y compañeras que bajaban a pie después de ser desalojados a punta de golpes y bombas lacrimógenas de El Durazno. atrás venía un contingente de policías, hostigando la manifestación pacífica. Ante el acoso, la resistencia devolvió las piedras que nos empezaron a lanzar y así avanzamos unas cuatro cuadras, en grupo gritando nuestras consignas. Al llegar a Torocagua, los policías que venían atrás de la marcha pacífica, avanzaron con mayor ímpetú. Corrimos, sin saber que una cuadra adelante otro contingente policial nos esperaba, realizando una emboscada brutal de la cual intentamos escapar lanzándonos a una quebrada ubicada atrás de la gasolinera Maya. Nos rodearon, nos lanzaron bombas lacrimógenas, dispararon algun tipo de balas, nos toletearon con furia y capturaron a muchos de nosotros, incluyendo a Carlos H. Reyes, Juan Barahona, Gabriel Galeano (artista visual), el hijo de Javier Espinal (artista plástico) y a muchos más. Yo preferí no lanzarme a la quebrada porque sentí que ese era el lugar más apropiado para que nos dispararan sin testigos. Me tiré bajo la carrocería de un autobús y ví pasar el grueso del contingente armado. Me sacaron de mi refugio y me golpearon salvajemente en la espalda, los brazos, las piernas. Logré escapar en el momento en que ubicaron a Carlos H. Reyes y otros compañeros, hacia quienes dirigieron su ataque. Corrí y me refugié en un taller de mecánica y luego me interné en la colonia Torocagua, para después abordar otro taxi y pedirle que me llevara al centro de Tegucigalpa.

Iba enardecido y mudo, sabiendo que atrás quedaban compañeros y compañeras por quienes no podía hacer nada. Llegué al centro, me reuní con los artistas que querían ir a manifestarse a la cuarta estación de policía, donde recluyeron a muchos miembros de la resistencia. A esta hora el COFADEH se ha hecho presente y gestiona la libertad de todos ellos. Informes no oficiales indican que un compañero maestro afiliado al COPEMH ha sido asesinado, sumándose a la lista de víctimas de la dictadura.

Concluyo que estamos en otra fase de la represión. Los golpistas saben que han perdido la batalla diplomática, económica y de justicia en todos sus términos, por lo cual ya no les importa mostrarse como la clase torpe, bárbara e inculta que son, y han procedido a utilizar con mayor intensidad el único recurso con el que cuentan: la fuerza bruta.

Este testimonio constituye una denuncia pública de los delitos cometidos contra mí y contra todo el pueblo en resistencia.

Nuestros cuerpos están golpeados y nuestra sangre sigue siendo derramada, pero nuestra dignidad está intacta y nuestra lucha se fortalecerá hasta hacer prevalecer el imperio de la razón, la justicia y la democracia.

No queremos amnistía para nadie, menos para los que usando las armas nos están matando y reprimiendo.

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE

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