Gustavo Zelaya Herrera, catedrático universitario

En estos días de turbulencia que hemos vivido buena parte de los medios de comunicación han dedicado espacios para deslegitimar líderes populares y han puesto en boca de muchas personas la idea de que las luchas actuales son “políticas”, por tal motivo en ellas no deben participar los gremios magisteriales ni las demás organizaciones sociales. El asunto debe quedar en manos de los políticos ya que esos problemas no se vinculan con los temas gremiales. Todo esto es parte de la concepción de la racionalidad del sistema capitalista que en susinicios se le consideró profundamente humanista por democrático y participativo, a pesar de las formas explotadoras que mostraba. En esta organización social hay una fuerte ligazón entre los distintos subsistemas que lo componen sean empresas, la iglesia, la escuela, otras instituciones sociales y el mismo estado. Una de las condiciones que hace posible el movimiento de toda esta organización es la noción de racionalidad que coloca a la cabeza de los procesos a los funcionarios y gerentes y enseguida a los empleados. Es la cadena de producción en donde todos están comprometidos en una finalidad utilitaria, supuestamente racional y que se valora a partir de resultados previsibles. Esto se reproduce tanto en la fábrica como en la oficina.

Por otra parte, esta metódica disposición de la sociedad requiere de un marco cultural propicio para su florecimiento y que manifieste tal noción de racionalidad. En función de las necesidades organizativas tiene que generarse una apreciación cultural de los valores y las normas morales en donde se integren los requerimientos de la producción económica y de sostenimiento de la organización social.

Así, siguiendo la propuesta de Max Weber, la base cultural que fundamenta al sistema social contiene tres grandes ideas: -la idea ética del trabajo que valora al individuo por su capacidad de integración al servicio de la comunidad y a eso dedica su actividad; -la idea de familia como el espacio natural de trasmisión de la propiedad y de los valores morales necesarios para el estado; -la idea del derecho como la encargada de fijar los cánones según los cuales la búsqueda del interés individual trabaja a favor de la sociedad. Esas ideas son las que hacen posible que la organización social funcione y son la garantía para que la persona conciba su valor como persona sólo en el marco de su función. Esta es la clave del orden social: mantenerse dentro de los límites establecidos.

Las dificultades comienzan cuando nos salimos de las funciones asignadas; así, los maestros sólo deben protestar por asuntos concernientes a su gremio. Pero apegarse a esta norma del sistema equivale a una pérdida de la libertad de opinar, de participar, de criticar y de protestar por las injusticias sociales. Ha significado también una perdida del sentido de totalidad de tal forma que la ciencia, el arte, la guerra, la enseñanza, la justicia, los negocios y el gobierno, todo eso se ha convertido en una cuestión de “expertos”.

Todos los asuntos, especialmente los públicos se van concentrando en espacios dominados por los “entendidos”, “los analistas”, “los políticos”, “los jerarcas”, “los jefes”, “los cardenales”, etc. El hecho de que esos expertos mencionen las bondades del sistema como si fueran ciertas, no da lugar a que sus ilusiones sean verdaderas, sólo manifiesta su falta de respeto por otros estilos de vida y otras opiniones diferentes a las suyas.

En esta forma de democracia hondureña es indudable que tienen derecho de opinar de ese modo, pero no tienen derecho a que las demás personas crean sus verdades sobre su concepción de democracia. No se les pasa por la cabeza que su visión de las cosas sólo es una entre muchas posibilidades y que ellos mismos pueden ser rebatidos. Por eso, debemos resguardarnos de la presión de los expertos y utilizar medios alternativos electrónicos, digitales o impresos. Sobre todo protegernos de jefes religiosos al estilo de obispos ostentosos, de histéricos pastores evangélicos, Premios Nobel y de laicos fundamentalistas; ser más fuertes contra toda esa pandilla de ropa elegante y palabra vulgar que no vacila en usar la fuerza del discurso y de las armas contra sus opositores.

Así, la racionalidad que controla todo se vuelve algo extraño, misterioso para el individuo común y muy propio, exclusivo para el experto y el tecnócrata, que instrumentaliza la moral, el derecho y al estado mismo, convirtiéndolos en algo utilitario. Aquí interesa hacer del individuo una parte más del engranaje social y que funcione en beneficio de otros, es decir, del sistema económico, de la máquina social eficiente y productiva que genera ganancias que serán ntercambiadas, acumuladas y en parte invertidas Contra esa racionalidad empresarial, contra el burocratismo administrativo y el uso utilitario de la moral y el derecho se levantan todos los marginales de siempre y los actuales: movimientos sociales, garifunas con sahumerios, ecologistas con sandalias, sombrerudos, camisas con la imagen del Ché, algunos jesuitas y diocesanos inconformes, lesbianas, gay, místicos, ateos, los chateadores, los escupefuego del boulevard, las mujeres que no quieren ser madres, artistas peludos, artesanos con pinta de mareros, campesinos sin tierra, algunos tatuados, sindicalistas, indigenistas, sudorosos profesores, la despreciada chusma y la turba escandalosa sosteniendo los principios más dignos de la solidaridad y la justicia; con sus ideas, sus gritos y tomando las paredes para hacerlas hablar, intentando lo que ya otros han querido: otra vez, la imaginación al poder.

0 Comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Comenta lo que gustes, critica, aconseja o dinos cualquier cosa que desees, pero no olvides evitar ofender verbalmente... gracias.

techieblogger.com Techie Blogger Techie Blogger