Víctor Manuel Ramos

A raíz de la protesta pacífica que escenificaban estudiantes, trabajadores y profesores de la Universidad Nacional Autónoma, la policía arremetió contra los manifestantes con una brutalidad inusitada y en persecución de los estudiantes penetraron en los predios universitarios. Como era de esperarse, los jóvenes no se dejaron amedrentar y respondieron como debían, rechazando enérgicamente el entrometimiento de los policías y militares en recinto sagrado de la casa de José Trinidad Reyes.

Los estudiantes universitarios, desde el golpe dado a la institucionalidad de la UNAH por parte del fatídico general Gustavo Álvarez Martínez al imponer en la rectoría a Oswaldo Ramos Soto, habían perdido la virilidad que les había caracterizado. Pero parece que el Padre Trino, desde lo alto, ha enviado una buena canasta de lo que venía faltando en el movimiento estudiantil y éste volvió a mostrar su virilidad y su apego a la justicia y a la lucha por las reivindicaciones populares.

Por eso, no cabe la menor duda de que los policías y militares, empujados por sus desorientados jefes, fueron a hurgar con vara corta el hormiguero. Como respuesta a su osadía por poner sus botas ensangrentadas en los predios de la Universidad, los estudiantes respondieron con valentía, enfrentando a los invasores con andanadas de piedras que los hicieron retroceder. Estos, empeñados en hacer valer su autoridad golpista lanzaron bombas lacrimógenas, una de las cuales causó el incendio de un auto perteneciente a uno de los estudiantes.

Los estudiantes se manifestaban pacíficamente. Los militares, en obediencia a las órdenes de Micheletti y Romeo Velásquez de hacer prevalecer el orden (¿?), arremetieron con todos sus fierros, escudos, tanqueta de agua, contra los manifestantes, como única manera válida, para ellos, de hacer valer sus autoridad, desconocida por el pueblo hondureños porque emana de un acto de usurpación.

Los militares no tuvieron la menor intención de buscar una solución negociada al problema. Llegaron y arremetieron, tirando, de un empellón, al suelo, a la misma Rectora de la Universidad y toleteando a otros altos dignatarios de la Universidad. De paso hay que decir que fue necesaria esta arremetida de los golpistas en la Universidad para que la institución emitiera su posición condenando el golpe y exigiendo el retorno a la constitucionalidad.

Este atropello a la Universidad sólo nos muestra la verdadera cara de los golpistas que están decididos, a como dé lugar, a aplastar la resistencia popular que cada día crece más y que permite a la población identificarse con la legalidad, a medida que va recibiendo golpes de la autoridad ilegítima. Sólo de esta manera se puede explicar el aumento del número de manifestantes que participa en las protestas diarias que se escenifican en todos los rincones del país.

Y, lo más importante de todo es que, los jóvenes universitarios, por fin han demostrado ser verdaderos hijos del Padre Trino quien desde el cielo les bendice por estar al lado del pueblo.

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