Marco Antonio Madrid
Escritor y catedrático

Los dilemas y las paradojas –también llamadas antinomias por algunos tratados de lógica y matemática- han sido considerados desde la antigua escolástica como razonamientos insolubles o convertibles. En su acepción literaria, la paradoja es una figura en que una idea verdadera o razonable se disfraza tomando el aspecto de un contrasentido.

Barack Obama, presidente estadounidense, en recientes declaraciones afirmó que, respecto al problema político en Honduras, le resulta paradójico que se esté pidiendo la intervención de Estados Unidos, ya que su práctica de entrometerse en los asuntos soberanos de los países latinoamericanos ha sido lo más criticado de la política exterior norteamericana por los sectores de izquierda en la región. Creo que si Obama ya hubiera leído el libro que le obsequiaron en el cónclave de las Américas de Trinidad y Tobago no lo asaltarían esas paradojas y su pensamiento sobre el golpe de Estado en Honduras sería completamente soluble, explicable.

Las transnacionales han sido un instrumento ejemplarmente eficaz para la neocolonización del tercer mundo. Estos emporios comerciales tienen luz verde para corromper por medio del soborno y la compra de voluntades en los países donde se instalan, manifestándose sumamente obsequiosos con el grupito de criollos malinchistas que están dispuestos a entregarles los recursos naturales del país con tal de seguir medrando a la sombra del amo, recogiendo las migas del poder económico y político.

Digo sobras porque el verdadero poder lo tiene el imperio que se mueve detrás de las fachadas de las transnacionales. En el fondo y muchas veces en la superficie se deja ver el desprecio que estos grupos de poder imperial sienten por los vendepatria al calificarlos con frases y epítetos denigrantes. Por ejemplo, Samuel Zamurray, alias “Banana Sam”, presidente de la Cuyamel Fruit, aseguraba que un diputado en Honduras costaba menos que una mula o que no existe general en estas republiquetas que resista un cañonazo de cincuenta mil dólares -dicen que la cúpula militar golpista no pudo soportar uno de treinta millones de lempiras para dar el golpe del 28-. Las transnacionales pagan sus impuestos de manera diligente y puntual en las arcas del país capitalista donde tienen su matriz. Obviamente, el pago de estos impuestos dinamiza la economía del imperio, reflejándose en mejor salud, educación y bienestar social para sus ciudadanos. A nuestra patria lo que le queda es un grupito de malinchistas oligarcas y latifundistas con mansiones en Coyolito y otros lugares exclusivos del país, obreros y campesinos mal pagados hundidos en una pobreza que cada día se vuelve más abyecta.

Para darles un cariz “intelectual” a todos estos atracos y celadas contra el pueblo se contrata a tinterillos que se hacen llamar “analistas”, que con “sesudos” comentarios “desmadejan” el acontecer nacional e internacional repitiendo con pluma mercenaria ad infinitum la canción de los poderosos. De esta forma, imitando a los antiguos persas y sus satrapías, el imperialismo históricamente ha puesto en el mando político de nuestro país a sus recolectores de impuestos. ¿Qué de antinomia insoluble tiene, pues, que le pidamos a Ciro el Grande, rey de todas las Persias, que nos quite al sátrapa Roberto Micheletti y devuelva al presidente legítimo?... ¡Claro!, éste es un juego de intereses, por eso la dilación, el plan Arias, la OEA, los gobiernos derechistas que cruzan los dedos para que el ensayo de Honduras salga bien y así abrir un signo de interrogación sobre aquellos regímenes democráticos que benefician al pueblo y se niegan a seguir siendo simples recolectores de impuestos para las arcas del imperio.

Creo que la actual política exterior gringa está signada por la dicotomía entre el decir y el hacer, división que no lleva a una sucesión racional y consecuente entre lo que se predica y lo que se practica, sino más bien situando a una, con respecto a la otra, en el campo de las antípodas. De este proceder dan cuenta sus actuales políticas en el Cáucaso, Medio Oriente, la península coreana y Latinoamérica. Estados Unidos afirma que desconocía el golpe de Estado y muchos en Honduras creen que Obama no se enteró porque ésa fue una decisión unilateral y autónoma de los halcones del Pentágono, pero el sociólogo e intelectual estadounidense James Petras declara en una entrevista concedida a radio Montevideo de Uruguay: “Cuando actúan los militares en Honduras, lo hacen bajo la dirección del Pentágono que está bajo control del presidente. No tenemos gobierno militar, sino militaristas civiles y los civiles mandan acá”. En otra entrevista, el lingüista y analista político internacional Noam Chomsky sostiene que la política exterior de Obama será como la segunda administración Bush.

Recién iniciado el golpe de Estado, Barack Obama señala que el presidente legítimo de Honduras es Manuel Zelaya y debe ser restituido en el poder. Semanas más tarde, el secretario adjunto para asuntos legislativos del Departamento de Estado, Richard Verma, en carta al senador Richard Lugar, le explica que Estados Unidos, en el caso de Honduras, no respalda a nadie en particular, califica las acciones de Manuel Zelaya, al intentar regresar a su país, como “provocadoras” y afirma que “Obama no ha tomado una decisión definitiva sobre si la salida de Zelaya del poder constituyó un golpe de Estado”. Bueno, esto sí me parece una verdadera paradoja con dilema incluido, ya que se pretende crear democracias en Afganistán e Irak y se duda en llamar por su nombre –golpe de Estado- lo acaecido el 28 de julio. Ahora es que Ian Kelly, portavoz del Departamento de Estado, dice que EUA apoya firmemente la misión de la OEA y proporciona un avión C-7 para que se trasladen a Tegucigalpa.

Las Fuerzas Armadas de Honduras han sido hechas a imagen y semejanza del Pentágono. Los políticos, como ya lo dije, son simples recolectores de impuestos, por lo tanto, nunca hubieran dado un golpe de Estado sin la venia de sus amos. Todo esto lo confirma la escala en la base gringa de Palmerola del avión en que llevaban secuestrado al presidente. Es la realidad de siempre: el Pentágono hace el trabajo sucio y la diplomacia yanqui guarda las apariencias, que en el caso de Honduras se vuelven cada día más incómodas de sostener, debido a esas dos piedrecitas en el zapato de Obama: la unánime e incólume condena internacional del golpe y la resistencia nacional cada vez más fuerte. Esto los ha obligado a decantarse por su plan B, que es el plan Arias. Como lo señalé en artículos anteriores, los golpistas juegan con candela –dinamita- al desoír la voz de su amo y éste ya comenzó a adoptar sanciones más fuertes para disuadirlos de su porfía. A los gringos no les interesa el megalómano Micheletti y su caterva de ancianos golpistas. Su objetivo principal es guardar su área de intereses en la región y mantener la imagen de Obama a los ojos del mundo, sin tacha ni mácula, con su aura democrática siempre radiante e impoluta.

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