Un golpista

La Conciencia es mil testigos.
Richard Taveres

En su cama cierra los ojos
piensa que puede dormir
y entonces sueña…
sueña ser arrojado
sobre concreto
y un frio se cuela entre la camera
que mas que camera
es una simple camiseta…
un golpista sobre saltado
se levanta golpista
con la sensación
de dispararos
de repentinos estallidos…
se levanta con las piel eriza
dolorida como si cañones metálicos
y helados le punzan los costados.
Un golpista… se despierta
siente que ha experimentado una vejación
como si hubiese estado en otro cuerpo,
en otros pasos.
Un golpista
sabe que esa vestidura no es la suya…
que no le queda bien
se la prueba,
sabe que no es su talla…
pero igual, así son los sueños
y así es la vida de un golpista,
toda alucinación…
Un golpista
sufre un insomnio terrible
como si en su mente se acopiaran
todas las voces de una América antigua…
Un golpista
siente los toletes que se estrellan indolentes
contra las costillas,
un golpista delira que no está,
que no se encuentra por ningún lado,
que se siente sin carnes y sin huesos,
que se siente sin alma casi,
como si no estuviera,
como si le hubieran desaparecido…
un golpista no duerme, se retuerce en la cama,
alucina que se le vienen encima,
balanzas,
barrotes
y sentencias ,
escucha que le gritan chauvinista,
xenofóbico,
asesino,
racista…
un golpista se levanta,
como se levantan los golpistas…
asustado y se pone la máscara de humano…
y reza,
hace una plegaria hipócrita…
que no alcanza más distancia
que el paso lento,
resignado
y firme al infierno…
Un golpista no es demonio…
los demonios son temerosos de la justicia y de la historia
incluso, demasiado leales y honestos
y sobre todo convencidos
que más allá de la muerte
siempre hay quien pasa factura.

Un golpista escucha la diana
y se oculta tras las armas,
es demasiado diminuto…
como para llenar la fatiga,
el uniforme de soldado con su cuerpo
es demasiado traidor para cobijarse en la bandera
Judas lo escupe y da la vuelta…

Un golpista,
se levanta con la aurora,
charlatanamente
se sienta frente a una cámara
y gruñe…
grita,
estira el hocico,
mientras el dueño del zoológico…
le lanza una cascara en premio.

Un golpista no duerme,
soñando que es presidente,
y repentino… es presidente,
falso,
golpista
pero presidente
decreta toques de queda…
sale golpista en televisión,
anuncia golpista al mundo que no sucede nada…
porque el pueblo es siervo
y Honduras es sólo un feudo para él.
Un golpista es el resultado de sacar
un ciudadano,
presidente,
legítimo para variar
de madrugada,
enviarlo a Costa rica
para repetir lo de Morazán,
golpear a un pueblo,
llenar cada rincón de soldados y otras marionetas…
ponerse una careta de humano,
actuar como primate
y sacar de su inconsciente,
una a una
su mediocridad,
su odio,
su ineficiencia,
su democrática rapacería,
el lacónico deseo
de los sueños inconstitucionales de ser,
por un día
o por un mes
aunque sea golpista…
pero ser presidente.

Un golpista se despierta
suda como puerco,
cuando le quitan o le niegan la visa
y entonces se atormenta
y se ve solo, solo, solo y enjaulado
y aun se preocupa más,
doloroso,
angustiado, piensa
a donde me iré a gastar la fortuna que me he robado
en donde me ocultaré
cuando los palos y las piedras me manden al exilio,
quien me dejará un lugar,
quien albergará un kon expatriado
un golpista no duerme...
no duerme…
sólo, sólo espera los multiplicados golpes
esos mismos que el dio a al pueblo…

Un golpista ha olvidado
que aunque alta la noche
Morazán vigila.

Roberto Becerra Lanza

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