"Es preferible soportar una injusticia que cometerla".
-Sócrates-

Por Marco Antonio Madrid
Escritor y catedrático universitario

Los griegos conceptuaron al hombre como un homo sapiens, es decir, un ser pensante. Ese pensamiento jamás fue concebido como una actividad superflua, sino más bien como una reflexión profunda capaz de crear y dinamizar la sociedad. De todo esto surge la noción de ley como razón, que unida al derecho (natural)es la perfecta adecuación de la norma a su fin, que es garantizar la posibilidad de la vida asociada, la posibilidad de la civilidad, de la civilización. Después del golpe de Estado del 28 de julio perpetrado con alevosía y ventaja con los consecuentes y posteriores ultrajes, vejaciones y atropellos a la dignidad humana, Honduras ha sido exhibido ante los ojos del mundo por una mara de oligarcas de cuello blanco como un país con una democracia de pantomima donde las leyes no pasan de ser tan sólo papel mojado.

Qué suerte puede esperarle ahora en este país a un simple transeúnte de la vida, a un hondureño de a pie, si el presidente de la república fue sacado a tiros de su casa no por violar la ley, como afirman los fariseos, los leguleyos y los lacayos, sino por oponerse al negocio de las térmicas, a la venta de armas –en violación de la constitución- por sociedades civiles a las fuerzas armadas. Por oponerse y cortar las compras sin licitación que hacían a las droguerías de los golpistas los gobiernos anteriores para abastecer los hospitales públicos. Por dar a las trabajadoras domésticas seguro social y un salario mínimo digno a los obreros. Por impedir la venta de indulgencias al cardenal, que recibía –desde el gobierno de Carlos Flores Facuse- vía decreto y libre de polvo y paja -sin pagar impuestos- el estipendio de 100,000 lempiras mensuales. Por arruinarles la cosecha –hacer dinero- a los pastores evangélicos quitando el suministro de “semilla” -léase dinero- que les daban los gobiernos anteriores para tenerlos a su lado. Por comprar, en una sociedad de libre mercado donde privan las leyes de la oferta y la demanda, el petróleo más barato a Petrocaribe, haciendo a un lado al pulpo de las transnacionales gringas y mandar a callar a su embajador cuando atacaba al gobierno comportándose no como un diplomático, sino como un procónsul romano. Estas y no otras han sido las causas del golpe planeado por los halcones del pentágono y ejecutado por sus eternos títeres.

Desde antes del golpe, los gringos ya tenían dos soluciones para la crisis. La primera, que Micheletti llegara a noviembre y le entregara en elecciones “democráticas” la presidencia a cualquiera de sus dos pupilos. Posibilidad descartada debido a la abominación que ha tenido el golpe tanto nacional como internacionalmente.

La segunda, con todo y Óscar Arias incluido, depende del retorno de Manuel Zelaya a la presidencia sin constituyente y lejos de cualquier cambio significativo. Cuando Micheletti rechaza esta segunda propuesta, recibe la llamada admonitoria del Canciller del imperio exigiendo que se plegue al pacto de San José, Micheletti, un eterno enamorado del poder, hace caso omiso a las recomendaciones y prefiere a cuenta y riesgo jugar con candela –dinamita-. Los golpistas han acusado al embajador yanqui de intromisión y estos les revocan las visas como para recordarles quien manda. Desde los filósofos griegos hasta nuestros tiempos hay una variedad de conceptos acerca de la esencia del hombre. Uno de ellos es el homo negans o la capacidad, el poder que reside en la voluntad del hombre de decir no. No a la injusticia como una autoafirmación de la vida, de la decencia. En una resistencia titánica en las calles, donde están cansados los cuerpos, mas no la voluntad, el país continúa diciendo no a los golpistas.

La otra concepción es la del homo esperans porque en el universo el hombre es el único ser que puede esperar, mas esperar no es la inmovilidad, esperar es tener esperanza y luchar por un ideal. El pueblo hondureño ha demostrado que no ha pasado las aguas del Aqueronte ni ha visto la inscripción fatal. Ha demostrado con hechos que tiene esperanzas.

Creo que negarse a la injusticia y guardar la esperanza es el camino de los pueblos para vencer las utopías, aunque continúen ladrando los perros de pavlov en los medios golpistas, siempre serviles y genuflexos al sonido de la campanilla de sus amos. Esto –como escribió el poeta Molina en su prosa “Execélsior”- aunque los réprobos y malvados se multipliquen como los peces del mar y los insectos de la tierra.

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