Por Marco Antonio Madrid
Escritor y catedrático universitario
madrizel2005@yahoo.com

El ensayista Ralph Waldo Emerson sostenía que el fundamento de la cultura, como el del carácter, es en el fondo el sentido moral. Es claro que cualquier concepto de cultura depende necesariamente de la definición axiológica de valor, ya que el hombre como sujeto congnoscente es un hacedor de valores, que abarcan lo científico, religioso, jurídico, económico y político. Podemos aseverar que si sobre el hacer del hombre recae una valoración artística, su obrar representará una valoración moral. De tal forma, pues, que la cultura no es un fragmento, sino la totalidad del universo, donde se reproducen todas las ideas y los valores esenciales de las cosas. Ese universo resumiéndose a sí mismo dentro de un individuo es el mundo de la cultura, decía Max Scheler, como haciendo eco de la máxima aristotélica según la cual el alma humana es todas las cosas y por eso está llamada a conocerlas. De todo lo anterior se puede colegir que el mundo de la cultura es inherente al de la civilización y todo país que se precie de civilizado deviene en el deber ineludible del rescate, el fortalecimiento y la socialización de la cultura.

En el año de 1975 se creó en Honduras el Ministerio de Cultura con el objetivo de apoyar la formación artística, la investigación, el rescate y la difusión del acervo cultural de la nación, la identificación, conservación y protección de su patrimonio histórico y cultural. Por supuesto que esto es en teoría porque en la praxis ya sabemos que ese ministerio ha sido un botín de guerra, una bicoca para la campaña electoral del político de turno. Se utiliza como premio de consuelo para damitas resentidas o individuos políticamente desahuciados cuyo concepto de la cultura se circunscribe estrictamente al mundo del fútbol y a ponderar las virtudes de la montuca y el chilate en la gastronomía nacional. No digo que ese conocimiento sea malo, sólo afirmo que es un saber muy exiguo para alguien que pretende rectorar una institución tan vital para la cultura nacional.

Bajo el gobierno de Manuel Zelaya Rosales y con la dirección del ministro Dr. Rodolfo Pastor Fasquelle, se ha procurado rescatar el Ministerio de Cultura de la vergonzosa entropía en que se encontraba. Para ello y con el lema “el arte y la cultura al alcance de todos” se procedió a crear consejos regionales con el fin de descentralizar y volver más expeditos los trámites de apoyo a la actividad cultural.
La descentralización produjo un trabajo cultural intenso que nunca fue cubierto por los medios golpistas. Estas actividades incluyen campamentos de las artes (música, danza, literatura, teatro, pintura, taller de títeres) que favorecen a miles de niños y jóvenes entre los 12 y los 25 años. También se llevaron a cabo funciones de cine en la calle, incluidos ciclos especiales de filmes latinoamericanos dedicados al migrante, cine europeo en colaboración con las embajadas de España y Francia, documentales centroamericanos y presentaciones especiales de películas nacionales. Se promocionó a los escritores invitándolos a disertar sobre su obra en las conferencias El narrador en su tinta y Poesía contada. Son muchas las actividades y el espacio es corto para enumerarlas cabalmente, pero usted puede ver vídeos, fotos y más datos en la página www.drcadhn.blogspot.com.

Después del golpe militar empresarial del 28, el golpista Micheletti colocó en la dirección del Ministerio de Cultura a Myrna Castro ¿?, y la señora, como primera medida, cerró el programa de alfabetización, canceló el presupuesto de publicaciones hondureñas de la editorial de la Secretaría y los fondos para los programas de promoción de la lectura, proyectos de información y difusión, rescate de la memoria histórica a través de fuentes hemerográficas. Esta señora pretende que se intervengan las bibliotecas públicas, ya que las acusa de ser centros de adoctrinamiento ideológico de la Alba y de poseer en sus anaqueles –lo dijo de viva voz- “literatura progresista”. Myrna Castro ha hecho pública una lista negra de libros que considera subversivos. Aquí van los nombres de los guerrilleros: Froylán Turcios (Memorias y Apuntes de viaje), Doris Stone (Estampas de Honduras), Óscar Castañeda Batres (Panorama de la poesía hondureña). De la insurgencia no se salvó ni José Cecilio del Valle, ya que incluyó su libro Soñaba el abad de San Pedro y yo también sé soñar. Despidió ipso facto y de manera ilegal y arbitraria al Dr. Darío Euraque - académico y escritor de prestigio continental, catedrático de prestigiosas universidades en Estados Unidos- de la dirección del Instituto Hondureño de Antropología e Historia (Ihah) por oponerse a la militarización del Centro Documental de Investigaciones Históricas de Honduras (Cdihh), que alberga el Archivo Nacional de Honduras y la Hemeroteca Nacional.

Es necesario acotar que de la Hemeroteca se extrajeron las informaciones concernientes a los actos delictivos de los golpistas en el pasado, como la participación en un grupo de robacarros –la “Banda de los trece”- del golpista Romeo Vásquez o el proceso por agiotaje en contra de Roberto Micheletti en los años ochenta, así como su ataque a la Constitución –que ahora dice defender- al mocionar en el Congreso por una Constituyente para reformar la carta magna para que pudiera continuar en el poder Roberto Suazo Córdova: lo que ayer era bueno ahora es malo. ¡Vaya lógica, que sólo se entiende por el dinero!

Estos son, grosso modo, y en apenas sesenta días, los logros en materia cultural de Myrna Castro. Imaginamos lo que haría por la cultura de la patria en cuatro años. Aunque la señora Castro exhibe una ignorancia supina y grosera, no me sorprende, ya que está en ese puesto no por el fruto del azar, sino por una estricta ley de afinidad. ¿ Qué cultura puede encontrarse en un régimen que es producto de la ilegalidad y la inmoralidad ? De la horda sólo se puede esperar barbarie y la barbarie es el polo antitético de la cultura. La secretaría de cultura ha vuelto a caer en el foso de siempre. Ya no será esa institución que busca ser la gavia mayor donde flamee la cultura –como la concibió Gustave Thibón-, cual “soplo imponderable de sabiduría viviente”. Con el golpismo, el ministerio de cultura ha vuelto a ser –para decirlo con un verso de Neruda- una sentina de escombros, una feroz cueva de naúfragos.

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