Está sucediendo un hecho importante en este momento en la política mundial y que determinará si hemos evolucionado realmente en política, y en democracia, la humanidad toda. Recordemos que en décadas pasadas, Latinoamérica, y especialmente Centroamérica, estuvo bajo el yugo de dictaduras y dictadores de pésimo pelambre, la mayoría sustentadas por los EEUU y la CIA, bajo los métodos más bárbaros de sometimiento popular, lo que llevo a cruentos movimientos guerrilleros y a guerras civiles, de lo que hoy aún están tratando de subsanarse, y que fue motivo a que la mayoría de dichas “republicas centroamericanas” fuesen llamadas, peyorativamente, repúblicas bananas, por los norteamericanos mismos.

Lo que sucede en Honduras es solo la demostración que subsisten regímenes de poder oligárquico, capaces de retomar descaradamente cualquier modelo de usurpación de poder, enfrentándose hasta a la comunidad internacional, alegando argumentos seudo-legales y seudo-constitucionales (como el de que la Constitución Nacional solo puede ser reformada por el Congreso, que siempre está bajo el poder de la clase política tradicional), olvidando al constituyente primario que no es otro que el pueblo mismo, y la voluntad popular. Y eso que lo que el presidente Zelaya solo estaba tratando de hacer, era una consulta popular (negada por las leyes vigentes en su país), para que el pueblo mismo se manifestara, si próximamente se podría hacer una consulta sobre la posibilidad de modificar la constitución vigente. Y los argumentos tan pueriles que invocan los usurpadores del poder popular, incluyen los que otros regímenes están tratando de influir en su país, culpando a Chávez y otros gobernantes de la región, (con una paranoia llevada al extremo en CNN). Lo único que se está tratando de repetir y expandir en Honduras es el sentido democrático, por la vía pacífica y constructiva. Todos los argumentos a los que apelan en contra del pueblo son falsos y ponen en evidencia el atraso político en que se halla esta pequeña república latinoamericana.

Afortunadamente hay una movilización mundial al respecto, cercando a los usurpadores (que ya han empezado a masacrar a su pueblo), y quienes están pidiendo dialogar. Pero el único dialogo que puede sostener la Democracia con ellos es la entrega del Poder a quien legalmente lo mantenía, y que la democracia siga su curso. Estas posiciones no pueden ser negociadas bajo ningún prospecto que no sea el cause normal del gobierno del presidente electo popularmente. El oportunismo que están asumiendo candidatos a la próxima elección presidencial de fin de año en Honduras, reclamando un adelanto de elecciones, no puede ser la respuesta a un gobernante que no ha abandonado en ningún momento a su pueblo, y al que el pueblo sigue respaldando.

La esencia filosófica de la DEMOCRACIA sigue siendo el gobierno del pueblo, y el sufragio o votación debe respetarse al máximo y cada vez perfeccionarse más, para evitar regresar a situaciones de violencia y confrontación social que hoy día están casi superadas.

Una posición clara, contundente y actuante, filosóficamente sustentada en un ámbito ideológico conducente a evitar que se concrete este atropello al pueblo hondureño, será la garantía que se podrá evolucionar positivamente en una regionalización y una globalización cada vez más armónica, especialmente en estos momentos de crisis a todo nivel. Y será también la oportunidad que los organismos multilaterales regionales y mundiales ganen el respeto a la continuidad, que muchas veces les ha sido cuestionada.

Por: Jaime Barrera Morales
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