Oscar Amaya Armijo

En la cadena de la resistencia contra el Golpe de Estado, el eslabón más fuerte e inquebrantable lo constituye el magisterio nacional.

Marx decía que los intelectuales, y entre ellos los maestros, constituyen el capital ampliado en el marco de las relaciones sociales de producción del capitalismo. Y no se equivocó el autor de El capital.

Nadie puede disociar la educación de los procesos educativos, so pena de que la producción de bienes materiales se destruya o se distorsione. En pocas palabras, nadie puede prescindir en ninguna sociedad de los maestros. De ellos depende que se realice diariamente la reproducción, conservación, ampliación y mantenimiento del modo de producción.

Este enorme aporte del magisterio a la generación de riqueza debe saberlo, de una vez por todas, la oligarquía vende patria e inculta del país.

Dicho de otra manera: no puede haber producción de bienes materiales sin maestros. De nada sirve la modernización de los medios de trabajo, sin que haya alguien que enseñe su funcionamiento. La misma producción y transferencia de tecnología depende de ellos. No hay un tan solo obrero de las fábricas de la oligarquía que no haya sido educacdo por un maestro.

Lo mismo puede asegurarse de los intelectuales orgánicos que administran todas las implicaciones del proceso de producción. Incluso, la canalla oligárquica, que siempre los ha visto con desprecio, tuvo un maestro.

Así que, esas enormes ganancias que los oligarcas obtienen, mediante la plusvalía generada por la explotación del obrero, en parte, y en forma indirecta, son el resultado, también, del valor agregado que el maestro incorpora a los futuros obreros y profesionales, en el seno del aula, por la vía de de la enseñanza de competencias, necesarias para operar, in situ, los procesos de producción.

Pese a ello, esta oligarquía mezquina, siempre ha atentado contra el magisterio, negándole derechos, organizando campañas para desprestigiarlos, conspirando para desarticular el Estatuto del Docente, reprimiéndoles, encarcelándolos y asesinándolos, desde siempre. Pero debe saberse que en cada hartazgo de la burguesía yace la sabia presencia de un maestro, sus desvelos y sacrificios. Esto no deben olvidarlo jamás los regordetes miembros del Club de la Americana o los ricos y famosos que broncean sus torsos en las playas de Coyolito, en el momento de pasar facturas.

Pero el magisterio, aunque duela a los trasnochados represores de siempre, es el sector más avanzado y organizado de las amplias capas de la pequeña burguesía urbana y rural. La organización y lucha ha sido el escudo donde se ha estrellado todo intento de liquidar a este importante sector de la hondureñidad.

Hoy, ante el golpe de Estado perpetrado por esta oligarquía, y puesto en peligro la constitucionalidad y las pocas conquistas económicas, sociales y políticas alcanzadas hasta ahora, es precisamente el magisterio uno de los primero sectores que se lanza al ruedo por más de setenta días de militancia activa, en el seno de la resistencia nacional, para defender con hidalguía esas conquistas consustanciales al estado de derecho.

Lenin fue el que dijo una vez que la garantía de triunfo de todo proceso social, se operaba cuando convergían en un sólo bloque, el movimiento obrero y popular con el socialismo científico. Y esto es lo que ha ocurrido en Honduras, cuando el magisterio, sin cortapisa alguna, se ha unido con el movimiento popular para derrotar la asonada golpista del 28 de junio.

El magisterio tiene- por su enorme contribución a la producción social de riqueza- una enorme autoridad moral para reclamarle a los diez familias oligárquicas, que en forma privada y mezquina usufructúan los excedentes de la producción, a que devuelvan el poder político de la nación a su legìtimo dueño: el pueblo hondureño.

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