Fernando Dorado

Fracasó la marcha contra el presidente Chávez. La oligarquía, el gobierno colombiano y los medios de comunicación, no lograron su objetivo. El uribismo recalcitrante no consiguió mover a los colombianos. Únicamente en Cali, cerca de 3.000 personas acudieron al llamado. De resto, las “marchas” no cuajaron.

Políticos colombianos de derecha aliados con venezolanos resentidos con la revolución bolivariana, intentaron hacerse notar con el “No más Chávez”. El cálculo les falló. Ni las vallas, ni las camisetas, ni la propaganda, nada les sirvió para movilizar a la población.
La ausencia de manifestantes – en Colombia -, no se puede interpretar como un apoyo al presidente venezolano. No podemos equivocarnos. Sin embargo, la falta de respuesta si deja muy preocupados a los furibundos uribistas que aspiraban a que esa actividad se convirtiera en un respaldo tácito a Uribe.

Los convocantes
Pero… ¿quienes fueron los que convocaron esta marcha? Una mirada rápida de los “jóvenes” (como se hacen llamar) nos presentaba la imagen del “típico uribista”. Si se va más al detalle aparece el perfil de un “pequeño fascista”, en potencia. El análisis de esa personalidad, que creíamos tenía “exclusivo sello” colombiano, nos ha llevado a la conclusión de que el “espécimen” es verdaderamente universal. Intentamos describirlo.

Son jóvenes entre 30 y 40 años, de clase media-media y algunos de clase media-alta. Se criaron en ambientes arribistas. La mayoría tiene estudios universitarios en finanzas, comercio exterior y demás carreras promocionadas en la década de la “apertura económica” (años 90) como la “alternativa educativa global” para los futuros profesionales. Muchos son graduados en universidades de “garaje”, con formación mediocre, así hablen inglés chapuceado.

Su ideal fue el “yuppie” norteamericano. Soñaron con ser exitosos corredores de bolsa o dueños de una empresa virtual. Lo máximo que consiguieron fue un empleo en una multinacional. Se aburrieron de tener que trabajar y hoy su realidad es mucho más terrenal: sobreviven de pequeños negocios que presentan ante sus amigos como empresas de gran potencial.

La verdad, están en bancarrota, porque gastan más de lo que pueden costearse. Buscan alternativa en la política y por ello quieren hacerse notar.
Su “videoclip” es una combinación de Rambo, Michael Jackson, DiCaprio y “Neo”, el protagonista de Matrix. En general son mediocres, adoran el dinero fácil, los autos veloces y potentes (así sean prestados), se desviven por la ropa de marca y son “hiper”-superficiales. Son una verdadera lástima.
Buscan alternativas en política y por ello uieren hacerse notar
DMG[1] se les asemeja en algo, pero al menos éste – que es fruto de esos mismos sueños pero surgido desde un estrato social muy diferente -, se arriesgó y retó a los poderosos. Ellos no son tan atrevidos. Adoraron en su mejor época a Ingrid Betancur y odian a la guerrilla por haberle dañado la vida (claro que no solamente por ello).
Hasta hace poco tiempo su máxima heroína fue la senadora Gina Parody, pero ella se le retiró del redil a Uribe, al darse cuenta de la podredumbre en que está sumido su gobierno. Hoy los mejores representantes de este “sector social” son el concejal de Bogotá David Luna, y la pareja de congresistas Nicolás Uribe y Simón Gaviria.

El fanatismo de derecha
¿Qué los hace ser “uribistas furibundos” y “antichavistas a muerte”? Son jóvenes frustrados que no encuentran explicación a su fracaso y no pueden enfrentarse consigo mismos porque terminarían haciéndose el “harakiri”. Son cobardes y flojos. Siempre se exculparán con los demás porque nunca los educaron para la reflexión y la autocrítica. Andan buscando culpables.

Aunque envidian (y hasta odian) a los ricos, su blanco predilecto son los pobres y los humildes. Es un mecanismo psicológico de defensa: temen reconocerse en ellos. Por eso son super-fanáticos de internet y de las redes sociales virtuales (Facebook), porque es el medio ideal para aparentar lo que nunca han sido ni serán.

Creen, a ojo cerrado, que a Wall Street no lo quebró la voracidad especulativa de los grandes grupos corporativos y el aventurerismo irresponsable de sus ejecutivos. Están convencidos que sus sueños fueron frustrados por el complot árabe-comunista contra las torres gemelas (símbolo del poderío financiero) que, de acuerdo a sus teóricos neo-conservadores, fue el detonante de la actual crisis económica global.

En Colombia, justifican el paramilitarismo como algo necesario para acabar con la guerrilla, ya que son anti-comunistas de tiempo completo. En la actualidad consideran como su principal enemigo a Chávez, quien representa – según sus ideólogos – un socialismo que les amenaza los sueños empresariales a los cuales no han renunciado completamente.

Estos individuos están pasando a su estado más peligroso, que los convierte en carne de cañón de los verdaderos perpetradores del fascismo en Colombia y en el mundo. Ahora que observan que su “vengador valiente” (Uribe) empieza a mostrar fisuras, se suman a “causas negativas” (no mas FARC, no más Chávez) con cierta beligerancia y obsesión. En sus actitudes, gestos y consignas empieza aparecer subrepticiamente la violencia y el terror.

Sociedades tan inequitativas como la nuestra, con 35 años de contubernio entre la oligarquía colombiana y la mafia narcotraficante, no pueden producir más que estos fenómenos sociológicos. Los verdaderos y conscientes perpetradores, ideológicos y de hecho, hay que buscarlos por los lados de la Universidad Sergio Arboleda y la Fundación Buen Gobierno. Claro con financiación gringa y española.

Personajes siniestros como José Obdulio Gaviria y Luis Carlos Restrepo están a la cabeza de esos ejercicios. Juan Manuel Santos, Roy Barreras, Benedetti, Jairo Clopatopsky, y tantos otros, son sus orquestadores políticos. Individuos como el ex-actor cartagenero y cineasta “porno” Obregón, siempre aparecen detrás de estas actividades. La dictadura fascista muestra sus dientes.

Nuestra respuesta
No dejarnos provocar. No caer en la trampa. Nada de contra-marchas. Los pueblos van avanzando. El falso nacionalismo empieza a desgastarse. Debemos fortalecer nuestras banderas con sentido positivo y propositivo:
*frente a la “seguridad democrática” (guerra fratricida), reconciliación ciudadana y popular;
**frente a “confianza inversionista” (entrega de nuestros recursos a las transnacionales), desarrollo y progreso autónomo e independiente;
***frente a la “cohesión social” (programas de subsidios limosneros), verdadera justicia e inversión social.

La exaltación ciega, la personalización de la política, el fundamentalismo acrítico y fanático, sean del color que sean y por más buenas intenciones que tenga, sólo llevan a frustraciones colectivas. Nuestra vía es la conciencia creativa, la capacidad crítica, el trabajo colectivo y la democracia participativa. Los trabajadores y los pueblos somos todo lo contrario a los “yuppies frustrados”; no vivimos de sueños ni de utopías inalcanzables. La unión y la razón son nuestra fuerza.

[1] David Murcia Guzmán DMG, creador de una “super-pirámide” (captadora ilegal de recursos financieros), hoy en la cárcel, llevado allí por Uribe por orden de los dueños de los grupos financieros colombianos.

Fuente: selvasorg.blogspot.com

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