Los constantes ataques, calumnias y difamaciones de los reaccionarios contra los sistemas socialistas y democráticos que con mayor fuerza surgen en América Latina, lejos de aminorar los cambios estructurales en beneficio de las mayorías poblacionales, los aceleran porque en la “demora está el peligro”, como gusta repetir el presidente de Ecuador, Rafael Correa. Además de provocar verdadera potencialidad revolucionaria al pensamiento social clásico y, más específicamente, al marxismo.

En El Salvador lejos estamos de tener un gobierno socialista, pero al menos estamos probando con uno que insinúa cambios y modificaciones en el modelo económico y social, así como en la apertura de relaciones diplomáticas y comerciales con países con posiciones políticas e ideológicas totalmente distintas a las nuestras. El alcanzar o llegar a reformas profundas en el sistema es producto de la maduración y elevación de la conciencia de la población, de un convencimiento de que las estructuras no son estáticas y que la sociedad está en permanente movimiento.

A la luz del materialismo histórico y dialéctico, a diferencia de lo que cada vez con más justicia puede calificarse como pensamiento social burgués, el marxismo, al destacar como los ejes primordiales de su discurso a los conceptos de explotación y dominación, al enfatizar el carácter esencialmente contradictorio de todos los fenómenos sociales y de la sociedad misma, es el único capacitado para generar un pensamiento estratégico que guíe la acción política en los momentos de crisis social profunda. Y ello a pesar de los largos años de postración a que lo sometieron la irracionalidad estalinista, el sectarismo y el dogmatismo a que dio lugar la primera.

Por eso no nos extrañan los permanentes ataques de la reacción y los retardatarios de la historia contra los pueblos de Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia, para citar los casos más cercanos en el continente latinoamericano. No sólo se esfuerzan en desacreditar los enormes avances sociales logrados por estos pueblos, sino que tratan de desviar la atención sobre la profunda crisis mundial del capitalismo. La conciencia que las clases dominantes tienen del carácter esencialmente transformador, revolucionario, del marxismo, se ilustra en esos esfuerzos permanentes por (primero) relegarlo a los “bajos fondos” del pensamiento científico, negándole un lugar en el espacio académico y, luego, al fracasar esta labor de aislamiento, por reducirlo a un simple antecedentes, poco relevante, de lo que hoy trata de presentarse como una ciencia social unificada, y por encima de los conflictos de clase.

Hoy, sin embargo, frente a las primeras manifestaciones de una nueva y más profunda crisis general del sistema, la “batalla contra el marxismo” adquiere perfiles de violencia inusitada, de pérfidas campañas y calumnias mediáticas, y se aleja con rapidez de los marcos del debate académico a que se había reducido. Y es que “la teoría, decía Marx, se convierte en poder material tan pronto como se apodera de las masas”. Lo vimos en el Chile de Salvador Allende y lo estamos presenciando ahora en Venezuela, donde el objetivo primario de la persecución y los ataques más crudos del fascismo, es la construcción del socialismo del Siglo XXI y, no necesariamente, de la filosofía marxista como perversamente tratan de introducir en “el debate” los grupos opositores y los de pensamiento más retrógrado, incluyendo a periodistas como el director de el diario de hoy en El Salvador y muchos plumíferos a sueldo de la oligarquía.

La configuración de marxismo como “ciencia perseguida” y calumniada, no ha sido sólo el producto de la barbarie de Hitler, de Pinochet, de Francisco Franco, también en los círculos reaccionarios y burgueses de la Venezuela de hoy, así como en Ecuador, Bolivia y hasta en Argentina, donde apenas se dan los primeros pasos para construir sociedades más democráticas, igualitarias y respetuosas de los derechos humanos. Incluso en El Salvador todavía se alientan resabios de la guerra fría y se escuchan calificativos anclados en la prehistoria. ¡El temor de los burgueses a las ideas avanzadas! En todos los países mencionados se ha puesto de manifiesto la incompatibilidad del pensamiento de Marx con toda forma de dominación y manipulación burguesa.

El intento de avanzada social en Venezuela, para citar un caso particular, por diseñar una alternativa a la crisis por la que pasaba la dominación burguesa en ese país ha sido insistentemente presentada por el gobierno del comandante Hugo Rafael Chávez Frías como una opción revolucionaria que habrá de conducir a la formación de una nueva sociedad, bajo el signo del Socialismo del Siglo XXI. En su desarrollo, el proyecto venezolano ha arrastrado a contingentes destacados del movimiento obrero y campesino, así como incorporado incluso a destacados ex guerrilleros. La participación masiva de estudiantes, sectores de las capas medias y empresarios no es muy del agrado de los oligarcas y “pitiyanquis”, como los llama el presidente Chávez. No lo es porque demuestra un amplio apoyo y una decisión inquebrantable de las amplias mayorías de construir un modelo de sociedad distinta, al menos donde se extinga la explotación y se brinde participación a sectores cada vez mayores de la población.

El proceso venezolano no se puede analizar ni enjuiciar a la ligera y desde una posición del anonimato y totalmente prejuiciado como lo hacen los opositores en aquel país y los retrógrados de El Salvador, que se “asustan” con la sola mención del presidente Hugo Chávez. Las ideas se combaten con ideas y no con el expediente perverso de las campañas sucias, la demagogia y las calumnias. Si la población más vulnerable está siendo favorecida con los programas gubernamentales, si la economía de Venezuela es una de las más estables de América Latina, junto a Brasil y Chile; si existe cobertura universal y gratuita de la salud y la educación y está garantizada la seguridad alimenticia para todos los venezolanos, quiere decir entonces que el modelo está funcionando y que todas las críticas y campañas perversas caen por su propio peso. Por lo demás, en ese país existe un irrestricto respeto a los derechos humanos y a las libertades democráticas como la libertad de expresión, de tránsito y más.

Si el marxismo llegara a guiar las futuras actuaciones de ese gobierno, de seguro se estaría mucho más cerca de construir una sociedad más humana, participativa e igualitaria. Hasta hoy no existe una ciencia más profunda y más exacta para el estudio de la sociedad y los acontecimientos históricos, así como de la economía, que el marxismo. Nosotros, en El Salvador, todavía estamos muy lejos de provocar cambios profundos en las estructuras socio-económicas, pero de seguro el día llegara y a esa fecha se llegará con prudentes cambios en la educación y en la formación integral del salvadoreño, mujer y hombre. Hasta entonces, tengamos paciencia.

Fuente: http://el-salvador.blogspot.com/2009/09/la-coyuntura-politica-en-america.html

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