La Organización de Estados Americanos (OEA) ha demostrado a lo largo de su existencia una dependencia total hacia los intereses de los Estados Unidos de Norteamérica. Las escandalosas incursiones de las compañías transnacionales en la soberanía de naciones económicamente débiles, es parte de la “anécdota” y de la “comidilla” diaria de los diplomáticos en cuanta sesión o asamblea ordinaria o extraordinaria se convoque. Muy poco o nada tampoco ha servido para restaurar el orden constitucional o el estado de derecho cuando alguno de sus miembros ha sufrido la embestida de gorilas militares y de fuerzas retardatarias. No hace falta ir a la historia para comprobarlo, lo estamos viendo actualmente en Honduras.

Desde los funcionarios más encumbrados de los Estados Unidos, hasta personajes siniestros en América Latina, no se inmutan y siguen actuando con total impunidad: manipulan con absoluto desprecio a los intereses ajenos y propinan garrotazos a diestro y siniestro. En El Salvador el representante directo de la oligarquía en el Comité Ejecutivo del partido Arena, Alfredo Cristiani, actúa y brinda declaraciones incendiarias y “recomienda” al gobierno “actuar con prudencia y con respeto a las leyes de la república” porque de lo contrario…Es el vocero ideal de un sistema y de un modelo económico y político cuya historia es al parecer un interminable “porque puedo, mandamos y decidimos”.

La relación política, militar y económica, el imperio la establece por medio de organismos continentales y mundiales. También con el establecimiento de gendarmes en regiones estratégicas del mundo, tal el caso de Israel en el Medio Oriente y Colombia en América Latina. Las oligarquías se sienten así respaldadas en desprecio de la voluntad de los pueblos que al menos en este Nuevo Mundo han dicho un ¡basta ya! Al bestial modelo económico neoliberal, a la injerencia de gobiernos guerreristas, a compañías transnacionales y a las oligarquías criollas que todavía conservan el poder económico en sociedad con el poder mediático.

Esa resistencia a perder el poder absoluto lleva a los grupos económicamente poderosos a utilizar muchas opciones como las perversas campañas propagandísticas en contra de gobiernos democráticos, a la desestabilización mediante movilizaciones de grupos sociales, a las protestas de los más variados temas, a reiterar sus posiciones sobre la necesidad de respetar las leyes del mercado y la estabilidad macroeconómica, hasta golpes de Estado y la “rápida” intervención de organismos multilaterales o diplomáticos para “ganar tiempo” y darle “una nueva oportunidad” a la democracia. Esta la relación de la que hablamos y que posibilita al imperio continuar con el saqueo de materias primas.

No está muy lejano el tiempo cuando los Estados Unidos vendieron materias primas industriales de sus reservas estratégicas, como aluminio, cobre, plomo, estaño, tungsteno y zinc. Y no está demás recordar que los países latinoamericanos, entre ellos, México, Venezuela, Chile, Bolivia, Perú y Brasil, son productores de estos minerales. Es tan sencillo de entender que uno sólo necesita un pedazo de trapo para secarse las lágrimas: ventas masivas y precios de dumping con la esperanza de aminorar en algo la inflación norteamericana. Y, al mismo tiempo, un recio golpe a la economía de los países productores.

Si hace falta, también saldrán al mercado otros productos. Si hace falta también impulsarán medidas para frenar “las ansias” de libertad e independencia de estos pueblos. Ojalá el imperio procediera de la misma forma cuando se tratara de restaurar el orden constitucional como el caso de Honduras. Al menos han dado señales con “el retiro” de visas y pasaportes a determinados funcionarios del gobierno de facto. No está procediendo lo mismo en América del Sur, donde se empeñan en continuar con el establecimiento de bases militares con el pretexto de “luchar contra el narcotráfico y el terrorismo”. ¿Para qué? Pues para restañar las heridas de un imperio que si bien se tambalea nadie puede afirmar que se está cayendo en picada. Así reacciona el hombre que gobierna los destinos de la nación del Norte. Es un político imperturbable que puede sinceramente extrañarse cuando alguien le habla de “los demás”. Los demás, si es que existen, sólo pueden hacerlo en función de que el imperio no pierda una pulgada de influencia y que los grandes magnates no hagan un solo mal negocio.

Los Estados Unidos tienen sus representantes diplomáticos y de negocios en todos los países de América Latina y del mundo no porque estén preocupados por el bienestar y el desarrollo de los pueblos, sino porque conviene a sus intereses estratégicos y hegemónicos. Por ello no es ninguna paradoja afirmar que el señor Obama está haciendo más el solito por la auténtica unidad de nuestros países, que todos nuestros gobernantes juntos. Su dialéctica es de una sencillez espeluznante: soltar declaraciones retóricas aquí y ahora, que por lo menos con ello se prolonga lo que en un futuro al parecer ya no muy lejano, no podrá prolongarse. El será, por lo visto, el que nos obligue a entender que no tenemos más camino que aprovechar con valor y energía hasta el último milímetro de nuestra capacidad de maniobra.

Los comienzos son alentadores. A ello han contribuido las mismas contradicciones del capitalismo. Los gobiernos de izquierda y democráticos de América Latina no han surgido de manera espontánea. La concentración de la riqueza en pocas manos, la explotación inmisericorde de la mano de obra, la multiplicación de la miseria, han llevado a los habitantes de este continente a tomar conciencia de su posición y actuar conforme lo exigen los nuevos tiempos y la misma realidad de estos pueblos. La extrema derecha, las fuerzas retrógradas están condenadas a desaparecer. Solo falta un “empujoncito”, un grado mayor de organización y de movilización de las fuerzas de la izquierda para dejar en el panteón del recuerdo a estos movimientos retardatarios. Los timoratos, los que le dan la espalda a la historia y piensan que nuestro camino sólo puede ser el que nos decreten los Estados Unidos y las oligarquías criollas, ya pueden ir firmando su particular acta de defunción.

Sin caer en optimismos peligrosos, bien puede decirse que nuevos vientos soplan en el continente. El mundo, para fortuna de quienes como los salvadoreños hemos sido explotados, marginados, oprimidos y saqueados, no es el mismo de hace veinte años, solo para un referente histórico, porque la data se registra desde hace 188 años. La América Latina, Central y del Caribe observa como surgen gobiernos de fuerte acento nacionalista y popular, sin que automáticamente sean puestos fuera de combate, con la excepción de Honduras, donde más temprano que tarde retornará la justicia.

Por POCOTE

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