Por Al Giordano
The Narco News Bulletin
Traducción: Fernando León

En la intervención esta mañana del presidente de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, en la Asamblea General de la ONU en Nueva York, dijo: "Sin voluntad política el mundo será testigo de otros golpes de Estado como el que derrocó a Manuel Zelaya en Honduras".

No sé lo que es tan difícil de entender de esta declaración para algunos observadores, una declaración proveniente de un presidente elegido en un país que fue víctima de un golpe de Estado militar en 1964. Brasil, como cualquier otra democracia del planeta, tiene el legítimo interés de asegurarse que ningún golpe militar tenga éxito, sobre todo en su propio hemisferio.

Al igual que el golpe de 2009 en Honduras, el golpe de 1964 tuvo una fachada "civil" al subir a la presidencia el vicepresidente de Brasil; pero solo bajo los términos dictados por los militares. (Muy parecido a las declaraciones de un abogado y alto mando militar hondureño al diario Miami Herald en julio, donde dijo que "sería difícil para nosotros, con nuestra formación, tener una relación con un gobierno de izquierda. Eso es imposible". Eso fue una prueba irrefutable de la mentira total de los argumentos del régimen golpista que dicen ser una "democracia" dirigida por civiles. Cuando las Fuerzas Armadas establecen que los ciudadanos no pueden elegir a un gobierno de izquierda o habrá riesgo de un golpe violento —que es exactamente lo que el oficial militar dijo— están dictando los términos. De ahí es donde viene la palabra dictadura.)

Bajo dicho régimen las elecciones libres y justas son imposibles. En días recientes, el "presidente" golpista de Honduras Roberto Micheletti, demostró, una vez más, que es incapaz de una gobernabilidad democrática. Cuando los hondureños se acercaron a la Embajada de Brasil para saludar pacíficamente al único presidente electo, fueron violentamente expulsados con tanques de agua, gas lacrimógeno, macanas y balas de goma. Luego de eso, la Policía Nacional salió a perseguir a la multitud dispersa por los barrios populares hiriendo y mutilando a algunos de ellos e invadiendo los hogares que les daban refugio. Ello dio lugar a escenas como ésta del barrio Hato de Enmedio ayer, y de otros 20 más barrios populares de los alrededores de Tegucigalpa.

Editores de escritorio sin idea de lo que está sucediendo, como los del New York Times titularon esos conflictos: "Disturbios en Honduras". El vídeo anterior muestra claramente la diferencia entre alborotadores y éstos jóvenes que sin importar el toque de queda impuesto, salieron a defender su barrio de la invasión policial, habiendo memorizado consignas políticas y versos que cantaban al unísono. Los “disturbios” son explosiones desorganizadas. Sin embargo, en este barrio, y en otros similares, la realidad del golpe de Estado los ha obligado a organizarse como nunca antes.

En el vídeo, también, se puede apreciar, por el barrio Hato de Enmedio, cómo viven la mayoría de los hondureños, ni siquiera la calle principal está pavimentada. De igual forma, muchas de las casas tienen piso de tierra. Y donde si un ciudadano es herido por un ladrón o un depredador se puede llamar a la policía, el problema es que ésta no vendrá. Las personas que viven en un barrio como éste solo ven a la policía cuando lo invaden, tal como sucedió ayer. Intentan hacer cumplir un toque de queda inaplicable a personas que si obedecen el mismo, morirían de hambre. Un toque de queda es insostenible en personas que viven al día.

En el vídeo podemos ver también la revelación de que las latas de gas lacrimógeno disparadas por la Policía Nacional ayer, están selladas como propiedad del gobierno del Perú, lo que fuertemente sugiere que el presidente peruano Alan García participa en el contrabando de armas al régimen golpista hondureño. Algo tendrá que responder ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), y en particular ante su vecino, Brasil.

Volviendo con Lula de Brasil. Hoy ante la ONU dijo: "La comunidad internacional pide que Zelaya regrese inmediatamente a la presidencia de su país y debe mantenerse alerta para asegurar la inviolabilidad de la misión diplomática de Brasil en Honduras".

Las Naciones Unidas no pueden ignorar la petición de Lula, a Brasil se le debe su liderazgo en las Fuerzas de Paz de la ONU en Haití, y también por su papel único como organizador respetado y Estado portavoz de los países "en desarrollo", siendo una fuerza para la justicia económica y social global. Mientras tanto, las naciones más ricas, desde los Estados Unidos a China y Europa, son muy dependientes del mercado de consumo gigantesco que es Brasil. En ocho cortos años, Lula ha aumentado importantemente el estatus y respeto de Brasil en el mundo al jugar con estos factores astutamente.

Así que cuando Reuters publica, como lo ha hecho, lo que llama un "análisis", titulado "El papel de riesgo de Brasil en Honduras puede ser contraproducente", su autor, un Raymond Colitt, no distingue entre su culo y su codo. Su texto es una pieza de propaganda pura, basada en la presunción errónea de que el objetivo de Brasil es el de mediar en algún tipo de solución negociada en Honduras. "Analistas" como esos solo pueden ser calificados así, honestamente, usando comillas. Cualquier tonto puede ver que la crisis en Honduras se ha desplazado a un nivel de disfunción más allá de cualquier solución negociada. Es una lucha de poder entre un régimen golpista que desesperadamente se aferra al poder y un pueblo cada vez más organizado que está pelando las capas de su apoyo.

Un "análisis" similar sin idea de la situación vino de Sara Miller Llana y Andrew Downing, del Monitor Cristiano de la Ciencia, al que titularon "¿Zelaya desairó a Chávez por Brasil?" Aquí está la primera pista: cuando los periodistas hablan de "desaire" no son más que columnistas de la sección de chismes, no periodistas. Lo que es mucho más probable es que Brasil se haya convertido en un interlocutor entre Venezuela y los Estados Unidos, cuyas agencias de inteligencia no trabajarían conjuntamente, pero podrían coordinarse eficazmente para no tropezar continuamente entre sí y trabajar así con una parte que es amigable para ambos y que tiene, igualmente, a sus propias agencias de inteligencia de calidad, como lo es Brasil. Si eso es lo que estamos presenciando aquí —todas las partes negarían haber tenido un rol en la impresionante operación que llevó a Zelaya de vuelta a Honduras, mientras que el régimen hacía el ridículo pensando que Zelaya estaba en Nicaragua— entonces no hay ningún "desairado", excepto tal vez los líderes de México y Colombia, que en el pasado habían sido los interlocutores entre Washington y América Latina.

Desde esa perspectiva, Brasil ya ha triunfado en esta ecuación. Se ha convertido en el organizador de la comunidad de las naciones del hemisferio: el único país que tiene la confianza suficiente de partes tan diferentes que no necesariamente confían entre sí y que puede coordinarlas eficazmente.

El régimen golpista de Honduras tiene que conformarse con la realidad de que no puede tocar la Embajada de Brasil, o puede convertirse en anfitrión sin querer de las Fuerzas de Paz de la ONU que tienen a Brasil como una de sus naciones líderes.

Y mientras esa realidad sigue penetrando —donde Micheletti y su Consejo Simiesco son impotentes contra esa ecuación— el régimen continuará desechando las capas de su apoyo. La simple presencia del Presidente Zelaya, día a día, en Tegucigalpa, protegido por la Embajada de Brasil, le resta al régimen cualquier pretensión de la inevitabilidad o de ser los ganadores eventuales.

Como sucedió en la conferencia de prensa de anoche —celebrada apresurada y vergonzosamente en inglés, como si no hubiera tiempo de traducir las tonterías incoherentes que el cabildero estadounidense Lanny Davis les escribió para recitar— el régimen golpista hondureño está dando patadas de ahogado. Todo lo que puede hacer ahora son los montajes mediáticos patéticos como ese y aumentar la brutalidad de la represión contra su propia gente: una fórmula para el repudio continuo y la total autodestrucción.


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