Por Juan Carlos Rivera

El pasado 11 de agosto, The Wall Street Journal, el periódico estadounidense defensor de la dictadura en Honduras, aseguró que el Partido Unificación Democrática (UD) figuraba en una lista de organizaciones financiadas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Tres días después, Roberto Micheletti prometió las pruebas contra esa institución política.

Estamos en septiembre. Ya han transcurrido más de veinte días y las partes acusadoras no han presentado las pruebas ante juzgados o a la luz pública para someter el caso al gran juicio de las masas. Micheletti, el primer dictador del siglo XXI, se ha quedado callado. El diario norteamericano, igualmente, se ha esconido entre las sombras del silencio.
El periódico del magnate Rupert Murdoch (enemigo visceral del presidente Hugo Chávez y de todo lo que huele a Venezuela) difundió la columna titulada “Los amigos hondureños de las FARC”, escrita por Mary Anastasia O'Grady, exactamente el día que los presidentes de Estados Unidos, Barack Obama; el de México, Felipe Calderón, y el primer ministro de Canadá, Stephen Harper, celebrarían una cumbre en la cual abordarían el tema del narcotráfico y condenarían, una vez, a Micheletti por ejecutar un golpe de Estado.

“Es una lástima que el Ministerio de Defensa de Colombia no participe ya que podría mostrarles evidencia de la conexión entre los simpatizantes del depuesto presidente hondureño, Manuel Zelaya, y el proveedor sudamericano más importante de drogas ilegales a América del Norte: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Lo sé porque la semana pasada esa evidencia acabó sobre mi escritorio”, escribió O'Grady.

En su columna semanal, la “analista” aventuró en decir que “el Partido de Unificación Democrática (UD) de Honduras es una de las organizaciones en dicha lista. El UD tiene una representación limitada en el Congreso pero es el único partido que apoya el regreso de Zelaya. Dondequiera que haya manifestaciones violentas y bloqueos de caminos en apoyo a Zelaya, está el UD”.

Luego, Micheletti (a quien el Journal le publicó una columna) dijo en Tegucigalpa a periodistas, durante una conferencia de prensa, que “hay un partido político reconocido que recibe apoyo económico de las FARC y una organización de federación de trabajadores que también recibe dinero de las FARC; tenemos las pruebas, fueron enviadas desde Colombia y en su momento nosotros vamos a publicar”.

Tras haber conocido esa información, dirigentes de UD, que yo entrevisté, anunciaron que, con el apoyo de amigos estadounidenses, procederán judicialmente, dentro y fuera de Honduras, contra los medios de comunicación y las personas que acusen a la institución de recibir dinero para financiar campañas políticas.

Para los que nos dedicamos al periodismo, es inaudito y despierta suspicacias el hecho de que un medio de comunicación se limite anunciar pruebas y no las muestre a sus lectores (O'Grady asegura que le llegaron a su escritorio). Cuando observamos estos comportamientos, deducimos que es una campaña detractora (casi siempre pagada, naturalmente aviesa y antiética) contra una persona o institución, en este caso, los blancos mediáticos son UD y Zelaya Rosales.

Debo recordarles a los lectores de The Wall Street Journal que en el Tercer Mundo los periodistas no estamos sentados detrás de un escritorio y nos jugamos la vida en medio de carteles de la droga, traficantes de seres humanos, dictadores, como Micheletti, que dan rienda suelta a los policías y militares para atacar a quienes ejercemos esta profesión.
Aquí, en América Latina, los periódicos que son serios, pese a no ser poderosos como los de Estados Unidos, no anuncian listas, las publican.

Por ejemplo, mucho antes de que The Wall Street Journal y el jefe del régimen en Honduras anunciarán la presunta vinculación entre el Partido Unificación Democrática y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, algunos medios de comunicación, entre ellos los blogs, difundieron una lista confidencial del Ministerio de Defensa de Honduras en la cual figura el nombre de Roberto Micheletti Bahín por mantener conexión con el Cartel de Cali.
Micheletti, quien tiene derecho a la defensa, aún no ha expresado su punto de vista sobre esta lista.

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