Por: Wilmer Guzmán

Ni en la más chocarrera de las películas habría pensado ver lo que está ocurriendo en Honduras. Desde el pasado 28 de junio los hondureños no han tenido un momento de tranquilidad. Desde el golpe de estado que dejó fuera del poder a Manuel Zelaya Rosales, éste, con el apoyo de sus amigos Chávez y Ortega y encima el rechazo de la comunidad internacional al gobierno golpista, ha demostrado tener la habilidad del mejor de los esgrimistas para asestar golpes justo donde más duele, dejando a su paso en evidencia la pobreza de recursos y falta de colmillo de quienes detentan actualmente el poder en el vecino país, que prácticamente están contra la pared y a merced de las diestras jugadas del mandatario depuesto.

Entrar en detalles de lo ocurrido desde el golpe de estado sería abundar en algo que ya se ha informado profusamente por este y otros medios. Más bien he querido centrar mi interés en la más reciente acción de Mel Zelaya.

El pasado 21 de septiembre en horas de la mañana circulaba por todos los medios el rumor de que don Manuel había ingresado a territorio hondureño, pese a las advertencias del gobierno de Micheletti, pese a las recomendaciones de organismos extranjeros para que se condujera con prudencia. Primero se especuló que estaría refugiado en la sede de Naciones Unidas en Tegucigalpa, pero poco después, sobre las 9 de la mañana se confirmó: se encontraba en la misión diplomática de Brasil. El revuelo fue increíble, numerosos grupos comenzaron a movilizarse en la misma capital y en el interior del país para congregarse frente a la embajada brasileña.

Mientras tanto los medios de comunicación acudían al presidente de facto para consultarle sobre la veracidad del rumor. La respuesta de Roberto Micheletti no pudo ser más burda: “No es cierto que el señor Zelaya se encuentre en el país, nuestro gobierno cuenta con eficientes servicios de inteligencia y me han informado que en estos momentos él se encuentra en una suite en Managua”. Los hechos rebasaron esta declaración y rebasaron al mismo régimen impuesto; o Micheletti mintió para tranquilizar a la población o los servicios de inteligencia del estado hondureño están en pañales. En cualquiera de los dos casos quedaron en ridículo.

Poco después, ante los hechos consumados, el régimen hondureño pareció entrar en pánico. Dio la impresión de que estaban aterrorizados por todo lo que Zelaya pudiera desatar desde la sede diplomática. Y para evitar que Némesis encarnado en el mandatario derrocado cobrara venganza y lanzara con toda la furia de su poder a sus huestes contra los golpistas, decretaron estado de sitio en todo el territorio hondureño, prohibiendo reuniones que pudieran significar algún peligro para el gobierno, además cerraron todos los aeropuertos y, como la tortuga, el régimen se encerró en su concha y obligó a hacer lo mismo a todos el país.

Las pérdidas para el estado hondureño han sido cuantiosas en estos días, datos conservadores indican que el país ha perdido entre 800 y 1,000 millones de lempiras diarios. Y es que toda actividad productiva está prácticamente paralizada, no hay vuelos internacionales, las gasolineras comenzaron a agotar sus reservas de combustible. Bueno, casi al borde del derrumbe. Y todo esto por la sola presencia de Manuel Zelaya en la misión diplomática de Brasil.

Es obvio que Zelaya sabía que esto podía ocurrir; debe conocer muy bien a sus antiguos amigos que hoy gobiernan Honduras, está conciente de que ni Micheletti ni Romeo Vázquez Velázquez saben mantener la lucidez en momentos de crisis, sino todo lo contrario, unos cuantos sombrerazos y comienzan a corretear y a cacarear asustados, llevándose de encuentro a toda una nación que se está abocando poco a poco al colapso.
¿Qué va a pasar en las próximas horas? Seguramente es algo que Zelaya tiene muy bien calculado. No puede permanecer indefinidamente en la embajada brasileña; tarde o temprano tendrá que salir. Y esto le va a representar a Micheletti y asociados un nuevo quebradero de cabeza. Si lo arrestan lo convertirán en el mártir que Zelaya quiere ser, mientras Micheletti asumirá obligatoriamente el rol de verdugo.

La condena internacional podría llegar entonces al bloqueo económico absoluto, dejando a Honduras en la más completa orfandad y al régimen de Micheletti sin el menor sustento. Si por el contrario lo dejan libre y no lo encausan por los supuestos actos de corrupción que pesan sobre él, el pretendido imperio de la ley que tanto ha pregonado el gobierno golpista quedará en entredicho y esto ocasionará fisuras, cuando no grietas en el sólido frente que políticos, militares y empresarios han formado para oponerse al retorno de Zelaya, quien sin duda verá crecer su imagen y cobrará fuerza para exigir que se le restituya en el cargo del que fue separado.

Repito, lo que está pasando ahora en el vecino país no son otra cosa que jugadas maestras de Manuel Zelaya quien, igual que el Chapulín Colorado, lo tiene todo “fríamente calculado”.

En tal situación, si se corrieran apuestas a favor de uno u otro bando, dada la manifiesta torpeza de los que actualmente gobiernan en Honduras, yo por Micheletti o por Romeo Vázquez Velázquez no doy un centavo.

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