Ricardo Arturo Salgado

El 15 de septiembre el dictador de utilería y su cohorte de payasos montaron un número bochornoso que se llevó a cabo entre mariachis, caballos, aviones de combate y, muchos pero muchos gorilas. El escenario, el Estadio Nacional de Tegucigalpa, al cual trataron de llenar con gente obligada, lució vacio, hueco, muerto. Cerca, marchando por el boulevard Morazán, una enorme multitud se vestía de revolución para rechazar la dictadura.

Los famosos desfiles, parte del folklore que nos ha dado la derecha cada año para recordar una independencia que nunca se dio, y una soberanía que radica en los intereses de un puñado de mercaderes, cambiaron de apariencia y de contenido radicalmente este año.

Tegucigalpa es una ciudad mal organizada, con una población estimada en 1.2 millones de habitantes. El tamaño de la marcha se calcula, según periodistas afines a la resistencia, en cerca de medio millón de personas. La prensa extorsionadora golpista dijo que se trataba de unos 15 mil vagos. En cualquier caso la muchedumbre revela la creciente movilización de la gente.

Una señal también alentadora fue ver representantes de muchos barrios ya organizados en resistencia localmente. La movilización de masas ahora está coherentemente organizada, disciplinada y tiene fines más claros entre todos sus participantes.

Hoy pudimos confirmar que el juego de la derecha de ganar tiempo se esta volviendo en contra de sus intereses. La movilización nacional del día de hoy pudo, según cálculos de conocedores, haber movilizado hasta 3 millones de manifestantes en actividades diversas en todo el país. Si la cifra es correcta o no, no importa, lo que si importa es la incorporación masiva del pueblo en rechazo a la dictadura.

Otro acontecimiento relacionado fue la declaración de Hillary Clinton por la independencia de Honduras. En un comunicado rutinario el Departamento de Estado yankee emitió un comunicado para mencionar la “independencia” de nuestro país. En el mismo se menciona la división en la sociedad Hondureña (aunque no mencionan la desproporcionada diferencia entre los que estamos en resistencia y los golpistas).

En un intento claro por colocar a las autoridades ilegítimas al mismo nivel que las fuerzas en pro de la institucionalidad, el gobierno gringo apunta nuevamente hacia San José. Esta vez la situación es mas grave, y la solución debe ser mas rápida. Mañana 16 de septiembre Oscar Arias, después de un misterioso silencio, ha llamado a una reunión a los candidatos presidenciales hondureños para pedirles que presionen la firma del pacto.

Hasta el momento de escribir el presente trabajo, los dos candidatos de la izquierda César Ham del Partido Unificación Democrática, y Carlos H. Reyes de la Candidatura Popular Independiente, no habían confirmado sobre su asistencia, y es que ambos están integrados en la resistencia y su posición es clara sobre las elecciones: no participar a menos que haya restitución constitucional, por lo que lo mas probable es que se abstengan de participar.

Los otros cuatro candidatos, ya confirmados, tienen muchas cosas en común, la más notoria: todos apoyan el golpe de estado. De los cuatro, hay uno socialdemócrata (al menos nominalmente, no está claro si tiene alguna formación ideológica), sin opciones de ganar nada en un proceso legítimo; el otro es Felicito Ávila, ex dirigente sindical, oportunista y parte del tristemente celebre partido demócrata cristiano. Este hombre, con poca formación y menos escrúpulos, es algo así como un voto adicional para los dos candidatos de los partidos tradicionales, y por tanto para los golpistas. Ha sido parte de las delegaciones golpistas a Estados Unidos.

Los dos participantes restantes son Porfirio Lobo Sosa del ultraderechista Partido Nacional de Honduras, parte activa del golpe, y con una gran cuota de poder en el actual régimen de facto; y Elvin Santos Ordoñez, personaje obscuro, de poco talento y claramente manipulado por Carlos Flores Facussé, ex presidente y arquitecto del golpe de estado.

De esta reunión lo único que puede esperarse es que se aliente a estos sujetos a que presionen a los golpistas a firmar la Capitulación de San José, una salida que les da a los golpistas muchas más concesiones que las que podrían alcanzar en procesos legítimos. De hecho, el Pacto por si mismo representa un reconocimiento del golpe como una vía para alcanzar posiciones de negociación.

El único hecho que parece quedar sin discusión hasta ahora, es el delito mismo del Golpe. El pacto contempla una amnistía; con Micheletti de regreso al congreso y la corte, la fiscalía y procuraduría golpistas intactas. Evidentemente, el trato este es un perdón a las fechorías del régimen durante dos meses y no contempla ninguna reconciliación. Aquí se presupone, que llegado el presidente Zelaya bajo el pacto, la resistencia se acaba.

Aquí también se incluye un adelantamiento de las elecciones, convirtiendo a Zelaya, según Arias y los gringos, prácticamente en una marioneta que solo servirá para que el mundo reabra las puertas y olvide el delito cometido el 28 de junio. Así lo han dispuesto los dioses de la Casa Blanca, del departamento de estado y otros entes que se olvidan que los países los hacemos los pueblos.

Casi todo ha salido como esperaban. Siguen haciendo tiempo, hasta que llegue el momento de traer a Mel de regreso. El presidente Zelaya lo sabe. También sabe que su apoyo interno es inmenso, y que su sola presencia es suficiente para impulsar al pueblo en una dirección distinta a la que planean los de San José. El presidente sabe que le pueden atar de pies y manos, pero no pueden callarlo, y como ciudadano puede hablar y dirigir a este pueblo en insurrección.

Las mediaciones normalmente han terminado en terribles traiciones a los pueblos; Oscar Arias es especialista en eso, esta vez la coyuntura nos enseña a ver que el futuro inmediato pretende deslegitimar la resistencia por medio de la reconciliación (no pretendo contradecir mi afirmación anterior sobre la falta de reconciliación, ya que en ese punto me refiero a un proceso verdadero). Sin embargo, de la movilización de hoy, y de las 79 jornadas precedentes, podemos fijar nuestras expectativas en un nivel muy alto. La misión es la Asamblea Nacional Constituyente (palabras mas, palabras menos para no ofender a los que les gustan las definiciones mas claras), y el regreso del presidente, gracias o a pesar de la traición de San José, es solamente una de las etapas de nuestra lucha.

Mientras tanto el dictadorcillo y sus bufones, siguen haciendo eventos vacios y compartiendo entre animales. Los días que siguen son cruciales, pues la “cocina” del departamento de estado tiene listo el “tamal”* para terminar este bochornoso acto que ellos comenzaron.

Para nosotros, la misión sigue siendo la organización, la movilización permanente. Debemos estar alerta frente a las movidas imperiales en las horas y días que se nos vienen. Las estructuras organizadas avanzan y crecen, la consciencia que se ha ganado marchando no se compara con ningún otro proceso.

El presidente Zelaya puede estar seguro de que el tiempo ha corrido a favor nuestro, y puede contar con un gran apoyo popular, mucho mas grande que el que lo llevo al poder hace casi cuatro años.

Hace falta mucho camino por andar, pero ese es el único camino que hay para conquistar la independencia. Nuestra obligación es caminar por él, no importa lo que tengamos que hacer para lograrlo.

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