En el valle de los reyes vivientes de Copán aseguran que el ego del descubridor de Rosalila jamás pudo superar el haber reprobado los exámenes del doctorado en antropología en la prestigiosa Universidad de Tulane allá por 1978; debió consolarse con que su alma mater le acreditara una maestría terminal con los requisitos parciales que había cumplido. En descargo del reprobado Ricardo Agurcia, diremos que los exámenes compresivos del doctorado no son fáciles; requieren además de una disciplina académica, una capacidad de análisis y síntesis, por lo tanto no todos los individuos están calificados para ello. Cuentan que por ello Agurcia no tolera a los arqueólogos extranjeros y a los académicos nacionales con doctorado porque todos ostentan el título que su incapacidad le negó.

Al regresar a Honduras después de su fracaso académico su padre, secretario privado en su momento del Presidente Ramón Villeda Morales, depuesto en un golpe de Estado en 1963, se contactó con amistades que se desempeñaban en el Banco Atlántida y que eran parte del Consejo Administrativo de la recién fundada Universidad Privada en San Pedro Sula; cuentan que le habilitaron un espacio en esa institución para que se entretuviera dando charlas de arqueología a pudientes coleccionistas privados de piezas prehispánicas, los promotores de la depredación del patrimonio arqueológico del Valle de Sula, y que hoy, afortunadamente yacen en el Museo de Antropologia e Historia bajo la dirección de la antropóloga Teresa Campos, esposa del Ministro de Cultura legítimo Dr. Rodolfo Pastor, quien actualmente es profesor visitante en la Universidad de Harvard.

Gracias a las influencias familiares (su padre fungió como Embajador de Honduras en Washington en el gobierno de Roberto Suazo Cordova) entre 1982 y 1986 se desempeñó como Gerente del IHAH, y le correspondió cosechar lo que el Dr. Adan Cueva con afanosa responsabilidad cívica había sembrado entre 1974-1980—dando vida a esa institución gubernamental que paso sin pena ni gloria entre 1952-1972. El Dr. Cueva fue el responsable de reactivar la investigación y conservación de Copán, implementar investigaciones científicas para inventariar los recursos arqueológicos del Valle de Sula en peligro de desaparecer y gestionar el proyecto de salvamento y rescate arqueológico de las áreas que serían inundadas con la construcción de la represa El Cajón. Fue el Dr. Cueva, también defenestrado de la Gerencia irregularmente durante la transición a la democracia, quien impulsó la instalación del museo en Villa Roy y bajo cuya administración salió a luz Yaxkin, la revista del IHAH. El Dr. Cueva abrió las puertas del IHAH a jóvenes recien graduados en los campos de la antropología, historia y museología que regresaron a Honduras después de haberse preparado en Alemania, México y Estados Unidos.

Cuentan que el golpe de suerte le llegó a Agurcia cuando los arqueólogos extranjeros del Proyecto Arqueológico de Copán (PAC), queriendo quitarse de encima a tan “caprichoso junior y fresa,” lo mandaron a excavar el Templo 16 y con tan buena fortuna que encuentra la estructura que después se denominó Rosalila. Ese descubrimiento lo convirtió en una especie de Indiana Jones y le ha dado notoriedad nacional, y especialmente en los sectores que promueven el turismo en el país. Sus descripciones e interpretaciones iconográficas de los rasgos de esa estructura y artefactos asociados le han permitido a lo largo de casi 20 años repetir lo mismo en distintos foros; su exposiciones sobre Rosalila y Copán son verdaderos refritos. No encontramos en su hoja de vida artículos seminales con propuestas interpretativas que innoven nuestro entendimiento de Copán; no vemos que su producción intelectual haya pasado por el riguroso arbitraje académico de revistas científicas internacionales (peer reviewed journals). Sin embargo, reconocemos que sus libros publicados son aceptables sumarios de lo escrito por los verdaderos y reputados arqueólogos mayistas y mesoamericanistas, y eso tiene su mérito, el vulgarizar el conocimiento arqueológico.

En la década de 1990 con el “boom” de las ONG, creó su propia organización, Asociación Copán, con el apadrinamiento del banquero Jorge Bueso Arias, que le ha permitido conseguir contratos con el IHAH (como aquel de la supervisión del museo de las esculturas que después colapsó y jamás se deslindaron responsabilidades y el pueblo hondureño pagó las reparaciones al edificio) y jugosos proyectos con el Instituto Hondureño de Turismo (IHT), asi ejecutando o supervisando estudios sobre el aprovechamiento del patrimonio arqueológico para fines turísticos (para estos proyectos creó el Programa de Desarrollo Integrado de. Parques Arqueológicos (DIPA), de modo que pudo ser juez y parte en muchos estudios sobre proyectos que nunca se realizarían por no ser factibles). Cuentan que su regreso a la gerencia del IHAH al termino del gobierno del panameño Maduro, en junio del 2005, no fue tanto para “modernizar” la administración del IHAH, sino para remover de su cargo a una funcionaria de esa institución que siempre le hacía “clavo” en sus planes de avanzar sus proyectos en el IHT.

¿Qué intenciones habrán detrás de las intrigas de Agurcia hoy en día, quien es considerado el “ideólogo” en la remoción del Dr. Euraque (este señor si es un verdadero académico hondureño, con un doctorado y su disertación fue dirigida por el reconocido historiador latinoamericanista Dr. Steve Stern)? ¿Qué pretende al regresar al IHAH y aliarse con los del IHT, la CANATURH y los demás miembros del Consejo Directivo espurio?

La arqueología hondureña urge de profesionales serios y comprometidos con la historia de este país. Esperamos que los jóvenes arqueólogos que actualmente cursan postgrados en el extranjero regresen con una formación teórica sólida para superar la visión monumentalista de la arqueología hondureña. Esperemos que esta nueva generación de jóvenes pongan fin al estilo caudillista de gerenciar el IHAH, que superen los compadrazgos y madrinazgos y la mediocridad intelectual que el Dr. Euraque tanto combatió en su extraordinaria gestión al frente del IHAH. Para desgracia de la antropología e historia de Honduras, la insuperable ignorancia de la ministra usurpadora Castro se juntó con la mediocridad intelectual del indocto Indiana Jones nacional.

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