Armando García
Escritor y catedrático

No se sabe su lugar de origen. Se presume que nació un 28 de junio del año sin cuenta. Aseguran, testigos de línea, que tal fémina vio la luz en las bananeras, que es sureña, pueda que sampedrícola o de algún rincón patepluma. Pese a no tener madre, tiene varias cédulas de identidad. Porta cinco carnets: uno por partido tradicional. Carga, a su vez, uno de colaboradora de la preventiva, otro de oreja de las gloriosas, se le ha visto uno de sapo de la Dgic y el chantajista de perioreja. Anda, por si las moscas, tres pasaportes: el diplomático, el ordinario y un tercero, falso; visados para filtrarse –húmeda o mojada– a los Yunái.

Se sospecha que es guanaca. Para otros: infiltrada sandinista o agente del mandamás del Sur. No se sabe para quién pichea o batea. Su carburador universal procesa el guaro que sea, su lema: “de regalado, hasta ácido de batería”. Es graduada de la Escuela de las Américas. Especialista en guerra psicológica; en sonsacar verdad con picana; en rumor y en mentira fresca. Anticomunista, tan de derecha que odia, siquiera, ver a la izquierda.

Profesión u oficio: perioreja “honrada” con los premios de la merusa, la machaca, el desnuque y la marmaja del canje bajo la mesa. Se mueve, cual soldado de fortuna, si hay billete mediante. Su singularidad: tergiversar noticias, sesgar verdad, tapar corruptela, montar campañas y lameculiar oligarcas. Impulsora del amarillismo, de la nota roja contra rojos y de las insulsas revistas de corazón. La sal de su vida: la moral trocada. Por pisto –hasta el asterisco le han visto– es capaz de jurar que el sol es cuadrado y el arco iris, blanco y negro.

Con esta delatora toparon las agujas. En su vocación de boa, la marea el tufo a moteado verdeolivo o el tintineo verdedólar. ¡Uy!, alérgica al olor de pueblo: odia la chusma por mugre y chuña, por eso sólo entrevista a ricos y mañosos. No halla cómo poner el flato esta cizañera cuando mira la opulencia o el tolete tilinte de los chepos. Arrastradísima frente al bacán, soberbia con el miserable. Su atiplada voz siempre la ha puesto –esta bandolera de la vesanía– al servicio de la asonada de barraca y del madrugón de las botas que botan… He aquí, pues, una constreñida biografía de la asnúpida y superestrella de la radiodifusión: Prosilapia Ventura, viuda de varios.

Tomado del blog La obsesión de Babel

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