Por Gustavo Palencia y Edgard Garrido
Reuters

TEGUCIGALPA.- Fuerzas de seguridad hondureñas chocaron el martes con miles de seguidores del derrocado presidente Manuel Zelaya que desafiaron un toque de queda frente a la embajada de Brasil, donde el líder se refugió tras escabullirse en el país para intentar volver al poder.

Policías y militares dispersaron con gases lacrimógenos, carros hidrantes y una antena que emitía un sonido ensordecedor a los manifestantes, que se defendieron con piedras en enfrentamientos que dejaron decenas de heridos y detenidos.

Cientos de miembros de las fuerzas de seguridad fueron desplegados desde la madrugada alrededor de la sede, a donde Zelaya llegó el lunes por sorpresa burlando las defensas del Gobierno interino tres meses después de que le quitara el poder, agravando la peor crisis en América Central en décadas.

Brasil aseguró que no tolerará acciones contra su representación en Tegucigalpa y pidió una reunión especial del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Washington también urgió a respetar la inmunidad de la delegación diplomática. A ese llamado se unieron otras naciones como Ecuador.

El Gobierno de facto, que decidió extender el toque de queda hasta el miércoles por la mañana, respondió afirmando que Zelaya puede quedarse a vivir en la embajada si quiere.

"El régimen golpista está desafiando al mundo; la comunidad internacional quiere una salida negociada, pacífica, pero aquí lo que hay como respuesta es violencia, represión contra el pueblo", afirmó Zelaya a la radio local Globo.

Luego de ser dispersados en la embajada, seguidores del derrocado mandatario se congregaron en otros puntos de la capital pese al toque de queda, dictado por el Gobierno de facto por temor a una ola de violencia. En media docena de barrios, los simpatizantes marcharon y bloquearon calles.

En Nueva York, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo que espera que se respete la inviolabilidad de la sede diplomática de su país en Tegucigalpa, al tiempo que afirmó que garantizará el derecho de Zelaya a refugiarse allí.

Con apoyo de los sectores políticos más conservadores, el Congreso, miembros del poder judicial y militares derrocaron a punta de pistola a Zelaya a fines de junio y lo expulsaron a Costa Rica por supuestamente violar la Constitución para tratar de allanar el camino a la elección presidencial.

El presidente de facto, Roberto Micheletti, aseguró que la policía arrestará al líder derrocado si deja la embajada brasileña por la supuesta violación a la Constitución y una serie de acusaciones de corrupción.

Pero, en una entrevista con Reuters, desechó un asaltó a la representación diplomática.

"Nosotros vamos a ser respetuosos a lo que mandan las leyes nacionales e internacionales, si él (Zelaya) quiere quedarse viviendo allí unos 5 o 10 años, nosotros no tenemos ningún inconveniente en que viva allí", aseguró.

A pesar de todo, Zelaya denunció el martes por la noche un supuesto plan para asesinarlo.

"Hoy en la noche se va a tomar la embajada de Brasil. Supuestamente hay un plan, sea de captura y asesinato. Dicen que ya tienen las pruebas listas para declarar que es un suicidio", dijo el mandatario derrocado a Telesur.

CALLEJON SIN SALIDA

El Gobierno de facto pidió a Brasil que entregara al derrocado presidente para su arresto o le dieran asilo diplomático para que abandone el país. También advirtió que culparía a la nación sudamericana de cualquier hecho de violencia dentro y fuera de la sede diplomática.

"Brasil está garantizando que él (por Zelaya) permanezca allí, lo cual es un derecho internacional y no esperamos que los líderes golpistas toquen la embajada brasileña. Los esperamos para negociar", dijo Lula, quien está en Nueva York para asistir a la Asamblea General de Naciones Unidas.

Además del toque de queda que comenzó el lunes, el Gobierno de facto cerró los cuatro aeropuertos comerciales del país.

Un fotógrafo de Reuters en la sede diplomática brasileña dijo que había agua y electricidad en el edificio, donde se agolparon unas 150 personas, la mayoría seguidores de Zelaya. Por la tarde, decenas de personas salieron de la embajada.

Durante los enfrentamientos, dos bombas lacrimógenas cayeron dentro de la sede diplomática, según un testigo de Reuters. La Cruz Roja dijo en un comunicado que atendió a 34 heridos o afectados por gas lacrimógeno.

Un vocero de la policía agregó que hay varios detenidos, pero no precisó la cantidad.

Pero, Berta Oliva, presidenta del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Honduras, afirmó a periodistas que hay más de 150 detenidos en el centro deportivo Villa Olímpica en Tegucigalpa.

Zelaya, que crispó a la clase política conservadora con su acercamiento al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, había intentado desde su derrocamiento volver a su país a través de negociaciones diplomáticas que naufragaron, incluso cruzando brevemente la frontera desde Nicaragua.

LLAMAN AL DIALOGO

En Washington, el Departamento de Estado instó a los hondureños a evitar acciones que terminen en violencia.

"Estados Unidos llama a todas las partes a permanecer en calma y evitar acciones que puedan provocar violencia en Honduras y que puedan dañar a las personas o ponerlas en riesgo", dijo el portavoz del organismo, Ian Kelly.

La OEA aún propone reflotar una propuesta impulsada por el presidente costarricense, Oscar Arias, para que Zelaya vuelva al poder y finalice su mandato hasta enero, pero que fue rechazada de plano por Micheletti.

"Vamos a intentar el diálogo y mediación porque ésas son las herramientas que tenemos, no tenemos un ejército para ir allá y tampoco lo usaríamos para una cosa así", dijo el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, a periodistas en Nueva York.

Por su lado, la canciller durante el Gobierno de Zelaya, Patricia Rodas, dijo, sin dar detalles, que se está "trabajando para crear nuevas alternativas" de diálogo.

Pero Martha Alvarado, vicecanciller de Honduras del Gobierno de facto, afirmó en cadena televisiva que el regreso sorpresivo de Zelaya "es una muestra de que todo lo que estaba por consensuarse en el acuerdo fue obviamente obstaculizado".

El derrocamiento de Zelaya fue condenado por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama; la Unión Europea y los gobiernos de Latinoamérica, que prometieron desconocer al Gobierno que surja de las elecciones presidenciales convocadas en Honduras para noviembre.

Según analistas, un eventual arresto de Zelaya podría llevar a un mayor aislamiento de Honduras, que ha sido marginado por la comunidad internacional y por organismos multilaterales, que recortaron ayuda financiera clave para el segundo país más pobre del continente.

Honduras es un importante exportador de café, pero de acuerdo con el director del Fondo Cafetalero Nacional, Samuel Reyes, la cosecha no se ha visto afectada por la crisis política debido a la cercanía del fin del ciclo cafetalero.

(Reporte adicional de Anahí Rama, Alonso Soto en Santiago, Enrique Andrés Pretel en Caracas, Fernando Exman en Brasilia, Anthony Boadle en Washington, Manuela Badawy y Walter Brandimarte en Nueva York y Mica Rosenberg en México. Escrito por Pablo Garibian y Alejandro Lifschitz)

Fuente:Reuters

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