Por Marco Antonio Madrid
Escritor y catedrático universitario
madrizel2005@yahoo.com

Comenzó la temporada de circo, que en Honduras es igual a decir la temporada de elecciones. Nunca la payasada electorera había sido tan sui géneris pues, como ya sabemos, la oligarquía seudo hondureña –sépase que el golpe fue orquestado por un grupo de árabes racistas, un panameño y unos tres o cuatro malinchistas- se aferra a estas votaciones como tabla de salvación, y la comunidad internacional junto con la gran mayoría del pueblo las rechaza por espurias.

Eso sí, estos cómicos comicios serán los más votados en la historia democrática de Honduras –no sé por qué la homófona “botados” sería el término más adecuado para referirse a este proceso electoral. Para tal fin, la maquila del Registro Nacional de las Personas ya comenzó a sacar cédulas de identidad en cantidades industriales, todo para que los cachurecos o los liberales despistados o los comprados con un plato de arroz con pollo voten una y otra vez en ciudades, pueblos, aldeas, caseríos y villorrios.

Hasta este momento y en plena fiebre de la comicidad no hay quien le gane al italobeduino en la contadera de chistes, a tal grado que rivaliza con el chiste número 60 de la Constitución que literalmente dice: “En Honduras no hay clases privilegiadas. Todos los hondureños son iguales ante la ley”. Este señor expresó que “por ser él el presidente no puede tomar partido porque se lo prohíbe la moral y en este momento quiere ser justo y correcto”. Sí, así de sencillo, “se lo prohíbe la moral”, y “en este momento”… ¿quiere decir que en otro momento no es justo ni correcto? Vaya, vaya… cómo traiciona el inconsciente a los dictadores.

Para continuar con el carrusel, Pepe Lobo promete que Islas de la Bahía será joya del turismo. Hoy sí, cero mentiras, promete el candidato del Pinu. El TSE anuncia medidas para blindar las actas electorales, promete sellos secos con relieve, papeletas de votación numeradas y la casilla donde se leerá el resultado final de las actas electorales será sellada con cinta adhesiva de seguridad. Pepe vuelve a prometer no subir los impuestos sobre venta. Un gremio de taxistas golpistas le dice a los candidatos políticos que los hondureños ya no somos borregos y que deben cambiar; claro, nunca faltan los ingenuos, son como los curiosos o los noveleros, siempre están ahí. Elvin Santos –al que en una columna de opinión llamaron payaso mojado, no sé si por la mojada que le dieron en la Unah o quizá por algún “moje”, ese adjetivo calificativo que lo explique el columnista que lo usó- acusa a Pepe y a Mel de boicotearle las reuniones.

“El dirigente obrero” Felícito Ávila, candidato de la Democracia Cristiana, un partido más prostituido que la fiebre porcina, afirma que la solución de la crisis tiene que enmarcarse en la Constitución de la República y ésta imposibilita a Zelaya volver a la presidencia y que “el país no debe seguir padeciendo los efectos del aislamiento, ni la amenaza internacional, por eso estamos dispuestos a reafirmar la democracia a partir de noviembre en que se eligirá un nuevo gobierno”. ¡Epa, qué facilito, Ávila! ¿Y los muertos y heridos? ¿Y la sacada a tiros del presidente legítimo de la República? ¿Y la violación diaria y sistemática de los derechos humanos por el gobierno golpista?. Acordate, Felícito, de que ahora hay instancias jurídicas internacionales para acusar a los criminales del golpismo. Mas seguro estoy de que el gordito Corrales te puso ese disco duro. Bien, pero qué más da, vos con Bernard Martínez son como pobres en casa de ricos, bailan el disco que les ponen.

A nivel internacional la oligarquía latinoamericana ha buscado una personalidad de las letras para que les defienda su experimento hondureño y, a falta de Vargas Llosa, pusieron a Carlos Fuentes, que en declaraciones a una agencia de noticias expresó: “Lo mejor que puede pasar en Honduras es que haya elecciones libres y democráticas y un nuevo Presidente”. Algunos compañeros en la Universidad me dicen que las declaraciones de Fuentes se deben a que está descontextualizado. Yo les afirmo que el “gringo viejo” siempre ha estado bien contextualizado, es decir, le entiende al trámite, navega con la bandera de los pobres y la izquierda y termina defendiendo “la silla del águila”, o sea ubicándose en “la región más transparente”, que es donde fluye la propaganda y los dólares de la derecha.

Cuenta la leyenda de los siglos la historia de Procustes o Procusto y sus infames lechos. La versión más antigua –no la de Plutarco, sino más bien la que relata Apolodoro- nos dice que era un asaltante y criminal de la región de Eleusis, en la antigua Grecia. Este malvado tenía su morada al lado de un camino. Ahí había tendido dos lechos, uno corto y otro largo, e invitaba a los caminantes a aceptar su hospitalidad. Luego los asaltaba; a los de estatura pequeña los acostaba en la cama grande y les daba de martillazos hasta igualarlos con el lecho. En cambio, a los altos los ponía en la cama pequeña y les serraba las partes del cuerpo que sobresalían. El héroe Teseo lo mató poniéndolo en uno de sus propios lechos. Esta historia ha pasado al imaginario de la humanidad como símil o comparación del caso de las personas que ajustan una verdad a sus propios intereses valiéndose de ardides y mentiras. Que las elecciones son el elemento axial de una democracia es una verdad irrefutable. Pero que un régimen de facto, producto de un acto criminal, las convoque y que ellos, con las demás instituciones coludidas con el golpe las supervisen y luego las escruten, es como tenderle a la ciudadanía los dos lechos de Procusto. Esto sería tan absurdo como dejar al lobo –ustedes saben quién es- cuidando la cabra. Como dice don Filomeno, otro día no encuentran ni el mecate.

Como el presidente legítimo Manuel Zelaya Rosales ya está de nuevo en el país, creo que no precisamos de elecciones burguesas, sino de una Asamblea Nacional Constituyente para refundar la patria. Lo de la Constituyente ya lo escribí en un artículo publicado en Diario Tiempo unos días después del golpe que se titula “La espada de Damocles”. ¿Para qué asistir a las elecciones del cariato si vamos a perder en la contada? Asistir a esas elecciones supone pactar con el diablo, que por los cachos y las mañas ya saben a qué denominación política pertenece. Asistir a esas elecciones equivaldría a amanecer, otro día, unos estirados y otros amputados.

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