Por Odiseo Samayoa
Habla Honduras

Me reuní con mi amigo en un pequeño bar despues de muchos años de no vernos. Nunca habíamos perdido el contacto por completo, nuestra amistad había superado la prueba del espacio y el tiempo, pero nuestros caminos habían tomado rumbos muy distintos, hasta que volvieron a cruzarse, de común acuerdo, en aquel arrancadero de la capital hondureña.

Para él yo era ‘el chapín’, y para mí el era… bueno, eso no lo puedo mencionar, por que su identidad ha de permanecer secreta, y cualquier detalle al descuido podría arruinar el caparazón de furtividad con que mi amigo se mueve entre las sombras. No diré su nombre, ni su apodo, ni su rango, ni nada más.

Báste con decir que durante el tiempo que mis padres guatemaltecos residieron en Honduras por asuntos de trabajo, él y yo fuímos uña y mugre en algún colegio de la capital. De ahí su confianza al hacerme una de sus confesiones más asombrosas: ‘mirá, chapín,’ me dijo, y súbitamente la risa y la chanza desparecieron de nuestra conversación…

Habíamos estado hablando un poco de todo, y inevitablemente la conversación había comenzado a orbitar en torno a la caótica situación que vive Honduras. La caída económica es espantosa, las pérdidas para el país ya son incontables, y la situación de derechos humanos es deplorable y escurridiza, pues es evidente que el régimen golpista trata de ocultar la verdad mediante pantallas mediáticas ocultistas e inescrupulosas.

Por eso, frente a semejante oportunidad, yo tenía que saber más, yo tenía que entender, desde una perspectiva interna, cual era el queso del fundido, o la mostaza del perro caliente.

¿Y por que nó? Se dice que la curiosidad mató al gato, pero a mi eso siempre me pareció mentira. La curiosidad puede matar a un perro, pero… ¿a un gato? Nunca! No hay nada más ágil que un gato.

De modo que procedí a dispararle preguntas de alto calibre, y como entre amigos no deben haber secretos, le exigí que me pusiera al tanto de la situación, ‘riata a riata’, como verdaderos hermanos de sangre y aventura.

Y ahí es donde comprobé su amistad verdadera: un oficial del G2 del ejército hondureño, y uno de los hombres más profesionales que he conocido jamás, sin más ambáges ni miramientos me puso al tanto de la situación de un sólo porrazo, como sólo un militar puede hacerlo:

‘Mirá, chapín… el 75% del Ejército está en contra de Vásquez Velásquez…’

‘Y entonces,’ le pregunté, ‘por que no actúan?’

Me quedó viendo entonces con ojos chispeantes y curiosos.

‘Que pendejo sos,’ me dijo. ‘Si fueras militar no harías un pregunta tan tonta.’

Me encogí de hombros.

‘Obvio,’ le respondí, ’si fuera militar, pero como no lo soy, entonces puedo hacer preguntas tontas.’

‘Mirá,’ me dijo, ‘al principio todo era nebuloso, a muchos no nos gustó que le dieran golpe de estado a un presidente que había sido bueno con el pueblo, pero tampoco podíamos hacer nada al respecto, somos militares, no políticos, y frente a una cuestión política no podemos hacer más que encogernos de hombros… creímos honestamente que en dos semanas a lo sumo todo sería agua bajo el puente. Pero cabrón, las cosas pasaron de otra manera, muy, muy, muy diferente a lo que imaginábamos…’

Como lo ví encandilado y en el rumbo correcto preferí no interrumpirlo, y lo dejé que se expandiera a gusto.

‘Mirá, nosotros seguíamos igual, pero al pasar de las semanas y los meses muchos nos dimos cuenta que algo estaba mal, por que tanta gente revuelta no puede ser sólo por pendejadas políticas, nadie sále a la calle dispuesto a matarse con la autoridad sólo por defender a un político basura, si de esos hay miles. Yo jamás había visto tanta gente en la calle…’

‘Y entonces?’ le pregunté.

‘No, pues entonces eso quiere decir que el Vaquero no andaba tan perdido despues de todo, en algo andaba enrumbado, por que la gente, el pueblo pobre, la gente humilde, esos nunca han aceptado el cagadal que hizo Vásquez Velasquez, los berguean, los matan, los patean, y siguen saliendo… puede que algunos estén locos, pero no puede ser que todos estén locos… ese pueblo está dispuesto a todo, eso lo tenemos claro.’

‘¿Y qué era lo que les ofrecía el Vaquero, según vos?’ le pregunté, para sondear sus inclinaciones políticas.

‘No lo sé, ni me importa,’ me contestó. ‘No me importó la tal la Cuarta Urna, no sé para que putas era, no me interesa si era legal o no, no me importa, yo soy militar, y gracias a Dios no soy político, lo que yo he visto a esos políticos basura hacer aquí en la capital…’

Escupió al suelo con una mueca.

‘Dan asco esos hijos de puta,’ observó, ‘pero sus hijos de mierda son los que más asco dan.’

‘¿Y por qué decís que el cagadal lo hizo Vásquez Velásquez?’ le pregunté.

‘¿Y quien más, pendejo?’ contestó. ‘¿O es que alguna vez has visto a un político mierdero de esos apearle la puerta a tiros a un presidente y llevarlo arrastrado a un avión para que lo baje en otro país? ¿Vos creés que un político basura de esos tiene la capacidad de hacer eso?’

Me sonréi. ‘¿Será que le guardás admiración a tu general?’ le pregunté.

‘¿Admiración?’ respondió, ‘¿yo? ¿por traicionar a su comandante superior? ¿por poner al ejército al servicio de un puño de pícaros? ¿por volverse lacayo de esos políticos ladrones? ¡No, hombre!’

‘Bueno,’ le dije, ‘ahora el cagadal ya está hecho, ni modo.’

‘Pues si,’ me dijo, ‘pero no todos vamos a caer juntos, eso te lo aseguro.’

‘¿Qué quiere decir eso?’ le pregunté.

‘Quiere decir que no todo el ejército acepta lo que Vásquez Velásquez hizo, y que si él cree que vamos a salir a matar al pueblo en caso de un bergueo, se equivoca… si llega a haber una guerra civil, fijáte bien, Vásquez Velásquez sólo tendría control sobre dos mil quinientos soldados ó menos. Los demás no van a obedecer sus órdenes.’

‘¿En serio, vos?’ le pregunté asombrado.

‘Así como te lo estoy diciendo,’ respondió.

‘¿Y sí los coronoles y los capitanes los obligan?’ pregunté.

Y se sonrío con otra mueca.

‘Vos si sos pendejo,’ me dijo, ’si te estoy diciendo que el resto de los soldados no van a obedecer sus órdenes es precisamente por que sus comandantes no van a obedecer las órdenes de Vásquez Velásquez. Los coroneles no van a obedecer, mucho menos los capitanes o sargentos.’

‘¿Y entonces?’ pregunté por última vez.

‘Entonces esperemos que no haya ningún bergueo,’ me dijo en tono cansado, ‘por que si lo hay, la primera víctima va a ser el ejército, nos vamos a partir en dos, y nos vamos a matar como animales…’

Minutos despues nuestra conversación salió de la laguna de las revelaciones, y derivó hacia temas familiares y chistosos.

No obstante, esas palabras soltadas como fieras en la noche se apoderaron de la realidad circundante, y ya no pude olvidarlas.

‘Si tan sólo Romeo supiera,’ pensé.

Si tan sólo Romeo supiera…

*Odiseo Samayoa es un periodista guatemalteco independiente con experiencia en fotografía de reportaje investigativo, actualmente cubriendo el golpe de estado militar en Honduras. Ha realizado trabajos fotográficos para National Geographic en español y otras revistas de prestigio. Puede escribirle a odiseo@gmail.com

Fuente: http://voselsoberano.com/v1/index.php?option=com_content&view=article&id=1786:75-fuerzas-armadas-en-contra-de-romeo-g2&catid=1:noticias-generales

1 Comentarios:

si que anda perdido este periodista que se
dice ser fotografo de national Geographic que demandarlo deberia el ejercito no tiene nada de G-2 es c-2 si es tan profecional como dice deberia de investigar antes de publicar notas periodista de barrio este

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