Vicente Otta R.
Pueblos

En el Perú, el Estado Nación es el Tema de la sociología política, de la politología y de la política nacional de la primera mitad del siglo XXI; esta es la cuestión que la teoría y la práctica política tendrán como problema a resolver en las próximas décadas.

Diversidad cultural, Globalización y los Retos del Estado Nación, son tratados usualmente como temas que aluden a la necesaria modernización del estado y la sociedad, entendida ésta como la contemporaneidad del actual estado.

Es decir, una vez más de cómo las elites políticas e intelectuales del poder tradicional en el país buscan poner al Estado a tono con los tiempos y cómo se produce su relación con el escenario internacional. Buscan resolverlo de varias maneras, que van desde la incorporación forzada de las nuevas herramientas y tecnologías (informática y comunicación- los llamados TICs); la adopción de las orientaciones y políticas de los organismos multilaterales (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo); la articulación económica y financiera bajo las formas y reglas que imponen las empresas transnacionales. Y a regañadientes, cuando se trata de cambios progresistas que se dan en al ámbito del derecho internacional: OIT con el convenio 169, la ONU y declaración sobre derechos de los pueblos indígenas, o decisiones de la Corte Interamericana de Justicia.

En otras palabras, se trata de adecuar al actual estado fundado en 1821 a los requerimientos que el sistema mundial, ahora bajo la denominación de globalización, exige para estar insertados en él.

Finalmente se trata de una respuesta funcional al sistema existente. En este enfoque, la diversidad cultural es entendida como aceptación, cuando no resignación, a ciertas manifestaciones culturales de los pueblos indígenas: música, danza, vestimentas o gastronomía, y campañas contra el racismo y la discriminación étnica o sexual. Es decir, la diversidad cultural se resuelve mediante una ampliación de la tolerancia y, en sus expresiones mas avanzadas, en la formulación de políticas inclusivas. Que, por supuesto, casi nunca se cumplen cabalmente.

Sin duda, realizar todo lo anterior es ya un enorme reto para las clases y elites tradicionales y de un estado que brilla por su ineficacia y corrupción. Estos son los esfuerzos que han venido realizando desde 1990, el desmantelamiento del estado y la trans-nacionalización de la economía son sus resultados más evidentes, mientras los aspectos sociales, jurídicos y de democratización efectiva de la sociedad han sufrido resultados adversos.

Pero nuestra idea de los retos del Estado Nación, la Diversidad Cultural y la Globalización tiene otro significado, otro enfoque.

En nuestra propuesta se trata de refundar el Estado Nación, de construir otro Estado Nación. Porque la diversidad cultural, que en nuestro país debe entenderse como plurinacionalidad, no se resuelve mediante llamados a la tolerancia y aceptación de las diferencias o con campañas contra la exclusión. Es el estado actual que con su carácter criollo excluyó a las mayorías indígenas; su esencia y razón de ser es su colonialidad euro-céntrica y en tanto tal opuesto a la diversidad y heterogeneidad, en otras palabras, es incapaz de recoger la pluralidad nacional, rasgo central de un estado nacional verdaderamente democrático. Por eso, es que su transformación es necesaria e inevitable.

Somos un país en el que convivimos pueblos con idiomas, costumbres y tradiciones diferentes que no caben en la denominación de diversidad cultural y menos todavía en una versión de Estado Nación unicultural, como el que tenemos en la actualidad. Un estado nación que histórica y sistemáticamente ha excluido a los otros pueblos y nacionalidades (quechuas, aymaras, asháninkas, awajun y otros).

El reconocimiento del carácter plurinacional de nuestra sociedad tiene su expresión política en un Estado plurinacional. Entonces el reto es organizar el Estado Nación plurinacional. Un organismo de esta naturaleza se convierte en representante de nuestra comunidad nacional heterogénea, en tanto que los intereses fundamentales de los diversos pueblos y nacionalidades estén recogidos y representados de manera efectiva en esta nueva entidad jurídica y política. Esto significa que la constitución, leyes, políticas básicas, políticas públicas, elite gobernante y burocracia se fundamentan en estos intereses, los encarnan y expresan cotidianamente.

Estas transformaciones deberán traducirse en el reconocimiento oficial y vigencia efectiva de los diferentes idiomas, en la administración de justicia, en la educación, salud, alimentación etc.

Llevar adelante transformaciones de esta envergadura es un verdadero Pachakuti, una subversión raigal del orden establecido hace casi 500 años que se ve reforzado con el estado que se organiza con la independencia de España.

Historia y presente del proyecto de Estado y Nación plurinacional

La aspiración de tener una patria que sea suma de todas las patrias, no es nueva. Por el contrario, es una muy antigua aspiración de nuestros pueblos. En el lejano 1742, Juan Santos Atahualpa inició la larga saga de rebeliones contra la dominación colonial, en 1780, T. Amaru II llevó las aspiraciones libertarias a su punto mas alto.

A finales del siglo XIX una serie de rebeliones campesinas persistieron en la defensa de la tierra y la justicia; iniciando el siglo XX, el movimiento indigenista, que congregó a destacados intelectuales peruanos, principalmente provincianos, trató de recoger las aspiraciones de una sociedad en que lo andino jugara un rol central.

En las décadas del 60-70 nuevamente los grandes levantamientos campesinos de la sierra central y sur-este del ande peruano van a retomar este largo camino de lucha y resistencia.

Es el antecedente inmediato para que en 1969, el gobierno militar que lidera el general Juan Velasco Alvarado, adopte una serie de medidas políticas y sociales que cambiaron la situación del campesinado indígena.

La Reforma Agraria, el reconocimiento del quechua como idioma oficial fueron elementos decisivos para que el campesino dejara su condición de servidumbre y transitara a la condición de persona y ciudadano. El reconocimiento del voto al analfabeto en la constitución de 1979 puede entenderse como corolario del proceso anterior, y significó un cambio radical en la presencia de los pueblos indígenas en la sociedad. Pues analfabeto era mayoritariamente el que hablaba un idioma nativo, sea andino o amazónico.

Estos antecedentes van a configurar el Perú actual, mayoritariamente urbano, de amplio mestizaje y andinizado social y culturalmente. El emprendedurismo de los pueblos andino-amazónico se da en los diversos aspectos de la sociedad. Economía, música, danza, gastronomía, y empieza también a producirse en sectores técnico- profesionales. En otras palabras, empieza a formarse una elite intelectual y cultural que se reconoce en su espiritualidad andino-amazónico, y en el carácter diverso y múltiple de nuestro ser nacional, condición esencial para la formación de los núcleos conductores del proyecto de Estado-Nación plurinacional.

De las luchas de Bagua al futuro de la Patria de todas las sangres.

La visibilización de la presencia indígena amazónica no es una casualidad ni se reduce al impacto causado por los resultados del conflicto de Bagua el 5 de junio pasado.

Esta coyuntura es fruto de un largo y amplio proceso de organización que se inicia a finales de 1970 y se cristaliza en la formación de la Asociación Inter-étnica de Desarrollo de la Amazonía Peruana (AIDESEP) y de otros organismos como la Coordinadora Permanente de Organizaciones Indígenas del Perú, en 1997, de la Confederación de Comunidades Afectadas por la Minoría (CONACAMI), en 1999, y la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas, el 2006 (CAOI).

Como el espacio sudamericano andino-amazónico es una misma realidad geográfica y socio-cultural, el desarrollo político-organizativo del movimiento indígena peruano ha sido estimulado y acompañado de experiencias similares en Ecuador y Bolivia. En Ecuador la emergencia de los pueblos indígenas empieza a inicios de la década del setenta con la formación de Ecuador Runacunapac Riccharimui-Confederación de los Pueblos de Nacionalidad Kichua del Ecuador (ECUARUNARI) y va a continuar a lo largo del 80 y 90 con avances organizativos y participación política de alcance nacional.

Pero es en Bolivia, donde se está produciendo la experiencia política más avanzada. La movilización campesina-indígena ha mantenido una constante a lo largo de las últimas décadas, y su organización alcanza mayor densidad con la formación de la Confederación de los Pueblos Indígenas de Bolivia en 1982 y del Consejo Nacional de Ayllus Markas de Quillasuyo, en 1997. Su rica experiencia organizativa y trayectoria de lucha son los que explican su activa y potente presencia en la construcción del actual Estado Plurinacional que, el Movimiento Al Socialismo (MAS), bajo el liderazgo de Evo Morales está llevando adelante.

Señalar estas experiencias que se desarrollan en los hermanos países de Ecuador y Bolivia, sirven para ilustrar la unidad histórica que mantenemos con estos pueblos, que nuestras raíces andinas siguen vigentes y operantes pero, sobre todo, para enfatizar que es el camino a transitar.

Las luchas que se libran en estos países, particularmente en Bolivia, guardan similitudes muy grandes con las que se han abierto en el Perú. Las mayores tensiones y las resistencias mas duras, como los odios mas enconados tienen su origen en el hecho de que las oligarquías criollas y sus aliados internos y externos, se resisten al cambio del carácter criollo y unicultural del Estado. Temen y odian la posibilidad de que el vetusto orden se revierta, que como en el Sueño del pongo de Arguedas, los indígenas y cholos subviertan el orden y se encuentren en la posición dominante.

Este es el factor central que produce nuestras coincidencias con el proyecto boliviano. En nuestro caso, la lucha por llevar adelante la construcción de un Estado-Nación plurinacional, implica un reto gigantesco, supone una transformación cualitativa de los intelectuales y políticos formados en una visión criolla- euro-céntrica (al margen de su rótulo de izquierda o derecha) para abrazar una causa que exige una ruptura tanto política, como epistémico y cultural.

En esta trascendental tarea la presencia activa y operante de los pueblos andinos y amazónicos será un acicate permanente. La vigencia de sus organizaciones y la gestión de sus nuevas elites dirigenciales, alimentarán el proceso de renovación radical que los intelectuales y políticos esclerotizados en las ideas y prácticas del siglo veinte, tenemos que procesar para concurrir a la construcción del Estado-Nación plurinacional, del nuevo Perú.

Vicente Otta R. forma parte del equipo de la publicación peruana Nosotr@s.
Fuente: http://www.revistapueblos.org/spip.php?article1761

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