Mario Ardón Mejía
Rebelión

Los esfuerzos, sacrificios y pérdidas de vidas humanas sufridas por el pueblo hondureño que ha tenido que enfrentarse a estos golpistas, que no pudieron llegar a conformar una personalidad coherente con la posmodernidad y que con sus actitudes retrógradas lograron superar los efectos nefastos del Huracán Mitch, que abatió sin misericordia a nuestro país y la región centroamericana. El júbilo no debe impedirnos hacer un balance de las lecciones aprendidas en estos cuatro meses de tensión y sufrimiento inmerecidos del pueblo hondureño. Es necesario dejar bien claro y con el fin de que estas situaciones no se vuelvan repetir, el papel jugado por algunos actores que han salido peor parados en este conflicto, como son:

1. El ejército y la policía nacionales, que una vez más han demostrado la invalidez de sus roles a favor de la patria, al haber quedado explícita la crueldad y saña con las que nos reprimieron, con excesiva creatividad y violencia, a pesar de que como pueblo actuamos desde una propuesta persistente de no violencia. Hay que aclarar que esta situación los deslegitima para que sigan actuando como los únicos garantes de un proceso electoral, por lo que será necesario identificar a los actores idóneos para observar, supervisar y auditar su rol. Sin perjuicio de generar los mecanismos preventivos para evitar una nueva traición al pueblo hondureño por parte de estos dos entes que han disfrutado con el dolor del pueblo. Hay que señalar la vergüenza que nos produjo ver como la policía y el ejército incluso se adelantaron al cumplimiento de órdenes que iban a emanar o actuaron a pesar de los vacíos de “mandatos legales”, como en el caso del asalto a los medios de comunicación. Hay que reconocer que será necesario el seguimiento legal de los delitos cometidos ante los tribunales nacionales e internacionales.

2. Los medios de comunicación y periodistas oportunistas constituyen el segundo grupo de perdedores, que de hecho se constituyeron en el complemento más eficaz de la represión de la dictadura militar que se instauró durante cuatro meses sometidos al silencio. Con estas actitudes ha quedado demostrada su poca relevancia y fiabilidad dentro de un proceso de reconstrucción y reconformación de una nueva nación desde una perspectiva de participación inclusiva. Por lo cual, la reformulación de una estrategia comunicativa nacional con mayor equidad, es un imperativo al que el pueblo no debe renunciar.

3. Los empresarios golpistas, sólo a los golpistas que se empecinaron en seguir aprovechándose de los recursos y oportunidades de la nación, en detrimento de las aspiraciones legítimas del pueblo hondureño. Por lo que debemos seguir alerta frente a la toma de decisiones que nos competen a todos por igual y no únicamente a unos pocos. Hacia el futuro, será necesario revisar monopolios como los de la producción y cobro de la energía eléctrica y otras múltiples prebendas que se han venido repartiendo y condonando en tajadas mayores de forma inconsulta con el pueblo hondureño.

4. La alta jerarquía de la iglesia católica animada por el Opus Dei y una rama de las iglesias evangélicas que han manifestado una gran falta de respeto a la vida y su complacencia manifiesta frente a la violación de los derechos humanos del pueblo hondureño. Pero hay que resaltar el papel valiente y persistente de acompañamiento de muchos pastores, religiosas, sacerdotes y obispos que siempre han estado y estarán con nuestro pueblo.

Los impactos positivos que el pueblo hondureño ha logrado son mucho mayores, como el respeto y solidaridad sentido y ganado en nuestras luchas, luchas en que siempre nos sentimos seguros del persistente apoyo de la comunidad y de organizaciones internacionales y el empeño y contundencia del gobierno del Presidente Barack Obama, OEA, ONU y UE. Apoyo solidario del cual el pueblo hondureño, se siente y sentirá agradecido y comprometido en el aprovechamiento positivo de esta experiencia, cuyos logros esperamos compartir con nuestros hermanos de forma solidaria y fraterna.

Este golpe, al igual que la guerra del 69, el huracán Fifí, el huracán Mitch y la huelga de los fiscales, nos proporcionaron momentos oportunos que en su momento, no supimos aprovechar positivamente. Pero ahora con la prolongada y persistente crisis y represión generada por el golpe, se constituyó en parte del éxito, pues permitió la maduración, organización y articulación del pueblo hondureño a nivel urbano y rural, como se pudo apreciar en la contundente manifestación de la pluralidad del pueblo hondureño en las diferentes marchas y en la que tuvo lugar durante el último 15 de septiembre en la que a nivel nacional sobrepasó en mas de un millón y medio de participantes con conciencia, mayor fraternidad y lejos del consumismo que ha permitido la erosión de los presupuestos familiares en vanos atuendos jolgorios falsos.

De ahora en adelante y hacia el futuro, el pueblo hondureño debe comenzar a actuar en consecuencia y pertinencia, no debemos dar un paso atrás en la continuidad de los procesos organizativos y de articulación territorial, que revise y evite la consolidación de liderazgos y organizaciones excluyentes y avanzar en una estrategia de revalorización cultural, comunicativa y de educación nacional, que nos lleve por fin a conformar un perfil de nacionalidad, desde una perspectiva pertinente que nos permita dar pasos firmes hacia la refundación de la nación, tal como nos exigía insistentemente Don Ramón Oquelí Garay.

Confiamos en que los miembros del Congreso Nacional no desperdicien esta oportunidad para revertir los males causados al pueblo hondureño. Y recordarles que antes de propiciar el golpe, no habrían resistido un plebiscito de aprobación de su gestión por parte del pueblo. Esperamos y confiamos que no se vuelvan a jugar el repudio al insistir en tomar acciones que traicionen nuevamente al pueblo hondureño, ahora y frente al futuro. Debemos estar vigilantes y listos para incrementar nuestro niveles de participación en la complejidad de asuntos a nivel de nuestras comunidades, municipios, departamentos, regiones y del país, sin perder de vista nunca que formamos parte de una región geográfica, de un continente y de un mundo compartido y al que cada ciudadano debe asumir con responsabilidad como una tierra patria y una tierra patria común.

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