Un líder sindical honrado, eficiente y pobre. Algo insólito en Honduras y en la práctica totalidad de los países iberoamericanos. En Tegucigalpa hay rara unanimidad en que Carlos H. Reyes, candidato presidencial independiente, con larga y combativa trayectoria como líder obrero, es un dirigente honrado a carta cabal. Por ello, causó sorpresa que el referente más sólido de la izquierda hondureña apoyara al depuesto presidente Manuel Zelaya, con un pasado familiar y personal ligado a la oligarquía más rancia.

El corresponsal de "La Vanguardia" mantuvo una larga charla con Reyes en el patio, más que jardín, de su casa, en medio de los columpios que levantó para sus nietos. Hablar con este veterano líder sindical supone repasar la larga historia de luchas reivindicativas y represiones que ha sufrido el movimiento obrero en Honduras y Centroamérica.

En 1954, siendo aún estudiante de secundaria, Carlos H. Reyes participó en la huelga de los trabajadores bananeros. Resume su larga trayectoria de la forma más escueta que le es posible, porque tiene tendencia innata a extenderse en sus comentarios:

UNA VIDA DE LUCHAS Y CÁRCEL

"Hacía colectas, conseguía centavitos para los huelguistas. Tenía como 14 o 15 años, ahora tengo 69. Después trabajé 47 años en la cervecería. Ocupé varios cargos en el sindicato. He estado en la cárcel un montón de veces por apoyar huelgas. Un 21 de octubre de 1982 casi me matan, me pegaron una torturada terrible por pedir que nos pagaran el domingo y un mes de vacaciones. Lo decía la Constitución que fue aprobada en enero de ese año. Me sacaron de la cárcel escupiendo sangre, fui uno de los pocos desaparecidos de la época que aparecí por las presiones de la gente e incluso por pedirlo la empresa privada. Gracias a esas presiones salí vivo; si no, me hubieran matado como a la demás gente. Logramos que nos pagaran el décimotercer mes y el séptimo día. Posteriormente estuve involucrado en otras luchas contra las privatizaciones, contra el tratado de libre comercio. He participado en las luchas que ha habido en todo el continente para que no se aprobara el Alca, el tratado de libre comercio. En Honduras constituimos el Bloque Popular, he armado un montón de sindicatos, he estado en las distintas federaciones y confederaciones".

En la actualidad, Reyes es uno de los principales dirigentes de la Resistencia Nacional que aglutina a los movimientos populares hondureños que desde hace más de cien días se manifiestan por las calles contra el golpe del 28 de junio. Ha sido uno de los principales activistas en la resistencia al golpe. En una reciente manifestación, cuando pretendía salvarse de los golpes de policías y soldados, perdió el equilibrio, cayó de mala manera y se fracturó la muñeca.

En la entrevista con este diario, Reyes dice que "si Zelaya no regresa al poder, de inmediato y con plenos poderes, nos retiraremos del proceso electoral; un diálogo para legitimar los comicios sin volver al orden constitucional es una trampa".

-¿Aceptaría que Zelaya vuelva a la presidencia con poderes limitados y por poco tiempo?
-Para la Resistencia lo principal es la restitución del orden constitucional, que pasa por el regreso de Zelaya a la presidencia. Pero no aceptamos renunciar al proceso constituyente; rechazamos dar impunidad a los golpistas, a los corruptos, a los políticos, a cualquiera que haya robado. Así se lo dijimos a Zelaya. Del Plan Arias aprobamos que Zelaya vuelva a la presidencia, pero impugnamos los otros puntos. Si lo restituyen con condiciones, no lo admitiremos.

-¿Temen que Zelaya puede cambiar de postura a espaldas de la Resistencia?
-Nosotros tenemos nuestra propia agenda, que no es la de Zelaya. Nuestra agenda, como movimiento de resistencia popular, viene de mucho más atrás, de antes del golpe y de antes de Zelaya. La Resistencia está montada sobre la coordinadora nacional de resistencia popular. Llevamos luchando muchos años por doce puntos que implican rechazar el modelo neoliberal. Desde ese punto de vida tenemos una agenda independiente, nuestra propia agenda. La agenda de la resistencia popular no es la de Zelaya, pero en algunas cosas coincidimos. Combatiremos a Zelaya si pacta con Micheletti no convocar la Constituyente. Sin embargo, podemos ir juntos en las cosas que coincidamos.

"NO RENUNCIAMOS A UN PROCESO CONSTITUYENTE"

-¿Desconfían o no de Zelaya?
-Desde que Zelaya aceptó la mediación del presidente costarricense Óscar Arias nos preocupó un tanto lo que se pudiera acordar. Por ello, mandamos a Costa Rica una comisión del frente de la resistencia con la posición de que el punto capital era la restitución del orden constitucional, que pasa por volver a Zelaya a la presidencia. No aceptaríamos nada que tenga que ver con la renuncia a un proceso de constituyente, ni aceptaríamos una amnistía que buscara la impunidad de golpistas y corruptos. Eso se lo mandamos a decir a Zelaya y al presidente de Costa Rica. Cuando Arias sacó los ocho puntos de su plan le dijimos que no estábamos de acuerdo, nosotros no aprobamos el Plan Arias. Aceptamos el primer punto referente a la restitución de Zelaya al poder pero rechazamos los otros siete. Si Zelaya, por una decisión política, lo restituyen con algún tipo de condiciones, con las que no estemos de acuerdo, no vamos a renunciar a la constituyente ni a la lucha contra la impunidad. Si obligan a pactar a Zelaya no lo aceptaremos. Y seguiremos en la calle, con Zelaya o contra Zelaya.

-¿El movimiento de resistencia va más allá de Zelaya?
-Por supuesto. La burguesía nos califica de zelayistas. Yo no lo soy. Hay un montón de gente en la calle que no es zelayista.

-¿A qué sectores aglutina la Resistencia?
-A más del 90 % de las organizaciones del país, campesinos, estudiantes, indígenas, negros, derechos humanos, mineros… Aquí, a quien tienen miedo no es a Zelaya, sino a nosotros. Le tienen miedo a la democracia, le tienen miedo al pueblo. Tienen terror a que la presión del pueblo fuerce un acuerdo. Quieren imponer un acuerdo vergonzoso con Zelaya para neutralizarlo y acabar con la Resistencia. Son una oligarquía terriblemente atrasada, Honduras sido el país con la derecha más poderosa de Centroamérica. Por eso tenemos una base militar norteamericana. Por eso aquí se armó el golpe que derrocó al presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, aquí se preparó la invasión cubana de Bahía Cochinos, y la de la República Dominicana contra el presidente Juan Bosch.

-Cuando dice nosotros, a quién se refiere.
-A la Resistencia.

-La Resistencia parece aglutinar a poca gente, en las marchas hay escasa participación.
-¿Quién se va a manifestar con tanta represión? No puede haber diálogo y elecciones con represión.

-Cuando Zelaya llegó por sorpresa en la mañana del 21 de septiembre a la embajada de Brasil, no había estado de sitio. Aunque la policía tardó varias horas en acordonar la zona, apenas se juntaron allí unas 5.000 personas en apoyo a Zelaya.
-Que decís, imposible. Iban a venir de todo el país y empezaron a detenerlos. Pararon a toda la gente que iba para allá. Si hablan ahora de diálogo y elecciones con represión, eso no procede. Yo soy un viejo sindicalista, toda la vida me he sentado con las multinacionales a negociar. Y nunca me pusieron una pistola en la cabeza a la hora de buscar acuerdos. A la oposición la reprimen. Por eso decimos, que si a Zelaya lo obligan a no se qué, no lo aceptaremos. Porque a Zelaya le pueden decir, o firmas esto o te matamos.

-A la gente de la Resistencia les alarmó el afectuoso abrazo que dentro de la embajada brasileña Zelaya dio a Elvin Santos, el candidato del partido liberal.
-Ese abrazo alarmó a alguna gente de su partido. En la Resistencia hay muchos liberales.

-Dada la división del partido liberal, ¿va a seguir el bipartidismo entre los dos grandes partidos, o se va a configurar una fuerza de izquierda con posibilidad de acceder al poder?
-Esa es la esperanza, Por eso se está luchando. Creemos que el bipartidismo ha entrado en una zona muy difícil. Nosotros, como pueblo con el nivel más alto de Centroamérica de analfabetismo político, hemos entrado en un período de cambio.

-¿El partido liberal puede decantarse hacia posiciones más progresistas?
-Tienen una situación de crisis que no creo la resuelvan fácilmente. La mayor parte de esa gente se va a sumar a cualquier proceso progresista que surja en el país. Porque históricamente así ha sido. La derecha se va a quedar con el Partido Nacional, y los liberales y partidos pequeños van a tener que buscar otra forma de reacomodo para, en próximas elecciones, tener una estructura que pueda dar pelea. Nuestra esperanza es que el pueblo hondureño ha cambiado muchísimo a raíz del golpe

-¿Ustedes aceptarían que el gobierno de facto pactara con Zelaya que la reforma constitucional la realizara el próximo presidente?
-Todas las organizaciones populares quieren una nueva Constitución. Eso puede ser que se logre ahorita o no. Lo importante es la restitución del orden constitucional. Si no hay restitución, lo que cabe es una constituyente.

-A Zelaya se le acusa de que su convocatoria al plebiscito para dar paso a la Constituyente no era legal, y que así se lo dijo el Tribunal Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia.
-El problema no es jurídico sino político. La Constitución actual se hizo en 1982, durante el período de guerra de baja intensidad, bajo tres ejes: dos públicos y un tercero no publicado. Los dos primeros son: vendamos a Honduras y reducir al Estado a su mínima expresión. Zelaya no podía gobernar con esta Constitución, lo maniataba. Decían que la única salida para el país es venderse. No sé si ha oído hablar de Miguel Facussé, es de los grandes ideólogos de la empresa privada. Toda su vida ha sido un gran aliado de la embajada de EE.UU. Era el que iba promoviendo ese principio de venderse. Y no se decía que la Constitución se iba a hacer así, pero se sugería que debía tener esos principios para poder vender al país, lo justificaban diciendo que el Estado es corrupto. Tercer elemento no publicado: vamos a abandonar los golpes de Estado, el Ejército va a tener otra función, le va a quedar el papel fundamental de garantizar la Constitución de la República. Hoy, casi 30 años después, tienes un Estado reducido, casi vendido, o regalado, y tienes que los militares garantes de la Constitución, cuando los empresarios les dijeron que hay que dar el golpe, lo dieron.

-¿Qué resolvería la nueva Constitución?
-Nosotros desde el año 2005, cuando aprobaron el Tratado de Libre Comercio, dijimos que Honduras necesitaba una nueva Constitución. Con ese tratado echaron la actual Constitución al cesto de la basura. Cuando Mel Zelaya vio que ya no podía gobernar, y que la única alternativa para el futuro, para cualquier gobierno que viniese, era una nueva Constitución que nos diera otras alternativas, nosotros lo aceptamos, dijimos que estaba bien. Una nueva Constitución, como en cualquier otro país, no se le puede negar al soberano, que es el pueblo. No se sabe qué condiciones le van a poner a Zelaya para volver a la presidencia. Aquí, sobre cualquier cosa que opines, estás hablando sobre terreno movedizo. No tienes seguridad de nada.

-¿Participará como candidato independiente en el proceso electoral?
-Nosotros hemos dicho que si no hay restitución constitucional, vamos a consultar con la gente si vamos o no al proceso electoral. De momento consideramos que no se debe ir. La Coordinadora Nacional de Resistencia Popular tiene agenda reivindicativa y agenda política, que son esos 12 puntos para revertir el modelo neoliberal. Pero no tenemos una agenda electoral, ni un instrumento electoral. Entonces se decía que la UD (Partido Unificación Democrática) representaba al movimiento popular. Mentira, no lo representa, y no porque yo lo diga. La UD ha estado en crisis. Nuestro sindicato de industrias de la bebida es de los más viejos del país, funcionamos desde 1954. En Honduras han fracasado los partidos pequeños; cada vez que se hace un partido pequeño, los grandes terminan absorbiéndolo, manejándolo y utilizándolo para sus propósitos.

-¿Su candidatura aglutinaría a todo este movimiento social contra el golpe, que va más allá de que Zelaya reasuma el poder?
-La gente piensa que en el futuro habrá que constituir un partido. O se va a candidaturas independientes en la forma en que lo hemos manifestado. A veces el ir constituyendo partidos no deja de ser problema, a la gente le gusta pescar sin mojarse las nalgas. Y aquí con las candidaturas independientes tienes que ir a buscar a la gente, tienes que ir a buscar las firmas. Y eso te pone a trabajar, la gente te ve. Nosotros no ofrecemos nada, lo único que planteamos es la necesidad de luchar por el bien común, para buscar un equilibrio en las distintas relaciones sociales, económicas, en todas las relaciones políticas. Hay que buscar un equilibrio con la reforma agraria al atraso campesino. El Estado tiene muy pocos ingresos, lo que tenemos que ver es cómo se ponen más impuestos.

-¿Fue difícil que las autoridades electorales aceptaran su candidatura independiente?
-No fue nada fácil. Lo logramos gracias a un largo proceso. Nos planteamos por qué los trabajadores no elegimos a candidatos a diputado. Decidimos reunir las firmas para inscribirlos y pelear. Acordamos inscribir candidaturas para demostrar que sí se puede. Nos exigían 40.000 firmas para un candidato independiente a la presidencia, las mismas que piden a un partido. Busquen al candidato, dijeron los compañeros. Decidieron que yo tenía que serlo. Nunca he pertenecido a un partido político, en muchas elecciones ni he votado. Estuve dedicado a mi sindicato. Les dije que me propusieran como candidato. A cada uno de los dos mil y pico de afiliados se les dio un papel para que decidieran si aceptaba o no la candidatura independiente para las elecciones presidenciales de un sector del movimiento popular. Eso fue en marzo de 2009. Se lo mandamos a la gente. El 99 % dijo que me autorizaban a ser candidato. Para poder ser candidato nos exigían 40.000 firmas, en cinco semanas logramos juntar 63.000. ¿Cómo nos iban a rechazar la inscripción? Después del golpe nos reunimos con la gente del tribunal, nos dijeron que 7.000 firmas no eran válidas. No importaba porque teníamos firmas válidas más que suficientes.

-¿Qué va a hacer con su candidatura?
-Ahora no estoy interesado en la candidatura independiente. La prioridad es volver a la institucionalidad, eso es lo primero. La candidatura no era más que un medio para demostrar que se podía inscribir candidatos independientes, y demostramos que sí se puede. Mucha gente dice que la candidatura independiente puede ser una salida frente al tradicionalismo político. Me ha llamado el ex presidente Carlos Flores para que me meta en el proceso electoral, el jefe de las Fuerzas Armadas me ha mandado mensajitos para que nos reunamos y me meta en el proceso electoral. Pero yo mantengo mi postura.

-En Honduras se nos ha dicho que el tema central que provocó la caída de Zelaya fue el temor a Chávez, visto lo que ha sucedido en Venezuela, Colombia, Ecuador y Bolivia. En estos países, el cambio de Constitución ha tenido como fin esencial la reelección, la concentración de poder por parte del presidente y la confrontación de clases. Chávez y Correa también convocaron referéndum no contemplados en las Cartas Magnas de Venezuela y Ecuador para poder llegar a una Constituyente. Correa, de hecho, incluso disolvió el Congreso.

-¿Uribe no lo ha hecho?
-También. Aún peor. Uribe compra al Congreso y a los congresistas. Uribe hace cuatro años cambió la Constitución para poder reelegirse y ahora pretende hacer lo mismo.
-Aquí, la burguesía hondureña, no le tiene miedo a la reelección. Si ellos controlan los dos grandes partidos que se reeligen cada cuatro años Ellos a la reelección no le tenían ningún temor. Ellos a lo que sí le temían es que con la nueva Constitución íbamos a quitar aquel principio de poder vender Honduras, que ya la vendieron. Aquí hay petróleo. Con esa Constitución que tenemos lo regalan, se lo entregan. Todos los servicios públicos se los han regalado a las multinacionales.

-El referéndum convocado por Zelaya que se iba a celebrar el 28 de junio, día del golpe, se iba a celebrar sin ningún tipo de supervisión independiente.
-Yo no voy a defender a Zelaya ni quiero aparecer como zelayista. Yo no soy zelayista ni soy liberal. Este Zelaya, sabes que hizo, en la asamblea de la Organización de la Organización de Estados Americanos (OEA), dijo públicamente "con las reformas constitucionales yo no pretendo continuar en el poder". A partir de ahí los empresarios se olvidaron de que la reelección. Entonces empezaron a decir que, como en Venezuela, la Constitución iba va a quitar los hijos a los padres. E iba a quitar las casas a las gentes para meter a otras familias. Empezaron esa campaña porque les había fracasado la táctica de que este jodido quería reelegirse. Entonces se fueron a otro plano, que aquí venía el comunismo de Chávez.

-Usted es un sólido referente de la izquierda hondureña. ¿Cómo un líder sindical de su trayectoria puede apoyar a Zelaya, con un pasado oligárquico casi feudal?
-Nosotros somos la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular. Y hemos estado peleando por 12 puntos que incluyen reforma agraria, pertenecer al Alba, no a las privatizaciones…O sea, echar para atrás al modelo neoliberal, porque sabemos el daño que nos ha hecho. ¿Qué sucede con Mel Zelaya? Un día estábamos reunidos con él y le pregunté a qué se debían sus posiciones, su cambio de manera de pensar y actuar. Le dije a Zelaya: "Usted ahora adopta posiciones de izquierda pero es un burgués, ha sido neoliberal".

-¿Qué le contestó?
-"Mirá", me dijo. "Cuando yo era diputado, te miraba a vos en las calles, peleando, tirándole macetas a los gringos. Y me decía, ese Reyes no tiene la razón. Ese hombre es honesto, pero no tiene la razón. Hoy me estoy dando cuenta de que vos tenías la razón. Porque estando en la presidencia me he dado cuenta de que no me dejan hacer nada. Yo quiero hacer una cosa, y la empresa privada me dice usted no puede hacerlo. Quiero hacer otra cosa, y me dicen que tal ley se lo prohíbe. Quiero hacer un cambio, dicen usted no puede tocar eso. Quiero poner un impuesto, tampoco se puede". Me dijo Zelaya que en esa situación empezó a ver las cosas distintas.

-¿De qué manera se produjo el cambio en Zelaya?
-Dijo que a los cinco días de llegar a la presidencia de la República le convocaron a una reunión con el embajador de Estados Unidos, periodistas, empresarios, ideólogos, analistas, todos allí sentados. Vio una silla vacía y se sentó. Le dijeron que no se podía sentar ahí. "Es la silla del presidente, quítese de ahí. Es la silla de Carlos Flores (ex presidente)", le señalaron. Después de la introducción, le indican que ahora no debo estar en campaña, que debe ver la realidad, que debe poner los pies en la tierra, que no se qué. Le dijeron que iban a privatizar los puertos, la energía eléctrica, el agua, el resto de la energía eléctrica, todos los servicios públicos. A todo les dijo que sí. Cuando iban a privatizar los puertos, el sindicato portuario pudo hablar con él. En esencia le contaron lo que era la administración de los puertos. Le dijeron que el Estado recibía 33 centavos de dólar por cada dólar que ingresaba. Y que si privatizaban, el Estado recibiría menos. Eso inquietó a Zelaya. Llegaron los de la empresa privada, le presentan un proyecto para hacer más eficiente el servicio. Zelaya les pregunta ¿cuánto va a recibir el Estado por esa empresa privatizada? 13 centavos por cada dólar, le contestan. Entonces Zelaya vio que la privatización era para favorecer al sector privado.

-¿Qué contestó Zelaya?
-Que no privatizaba. Desde la Resistencia le apoyamos. Ese era uno de los 12 puntos que defendíamos nosotros. Querían privatizar el agua, los teléfonos. Le decían que el tratado de Libre Comercio obligaba a privatizar. La telefonía internacional le da buenos ingresos al Estado. Ahí le cayeron las avispas al hombre. Le declararon la guerra. El 1 de mayo todo el mundo salió a apoyar el no a las privatizaciones, la subida del 60 % del salario mínimo para equiparlo al costo de la canasta básica y el sí a la Constituyente. Desde el 2005 dijimos que al entrar en vigor el Tratado de Libre Comercio era necesaria una nueva Constitución. Zelaya dijo que sólo una nueva Constitución iba a salvar al país. Nosotros le apoyamos.

-¿Usted cree en una sincera, y no táctica, conversión de Zelaya a posturas de izquierda?
-Es cierto que Zelaya viene de la oligarquía. Pero eso no le quita que en su proceso de ejercer la presidencia se diera cuenta de que había que hacer algunas reformas. Y no dejaron que las hiciera. Mel Zelaya dice que está de acuerdo con el Área de Libre Comercio con Estados Unidos, Alca, y que está de acuerdo con el Alba de Chávez. Hay dos posiciones en una misma persona. En algún momento ha dicho que el Alba es para el pueblo y el Alca para los ricos. No te voy a decir que Mel Zelaya es un revolucionario. No. Pero es uno de esos fenómenos que se dan cuando al ejercer como jefe de Estado de un país, en donde la presidencia tiene un bajo perfil, y la persona que llega, que es un orgulloso de la burguesía, siente que los demás burgueses lo quieren aplastar y al ver a un pueblo jodido se dice "a ver qué se hace". Eso no es ningún pecado, es una acción correcta, valiente, de una persona.

-¿Suscribieron una alianza con Zelaya?
-Hemos tenido una alianza tácita. No es una alianza orgánica. No somos liberales ni zelayistas. Cuando me preguntas eso, te lo contesto por los hechos que se han dado. No es por demagogia, no es por esto ni por lo otro.

-Hay muchas denuncias de corrupción contra Zelaya.
-A Zelaya no lo destituyen por ladrón. Porque aquí ladrones son todos, ladrones son todos. Y ahora aparece que Zelaya es un gran ladrón y sólo a él investigan. ¿Y a los otros del Gobierno que saquean al Estado? ¿Por qué este pueblo es tan pobre? Por la corrupción general.

-¿Vería mal una amnistía general para zelayistas y micheletistas?
-Lo vería mal. Como frente ya hemos dicho que no aceptamos la amnistía, que no aprobamos la impunidad para los corruptos. Si no, aquí se van a seguir dando golpes. Porque este golpe lo dieron los empresarios. Y estos empresarios actúan como lo hacen en sus empresas. A este trabajador lo echo porque me cae mal, a este presidente lo saco porque no me interesa que siga. Yo lo financié para que llegara a la presidencia pero me cae mal. Así es el país, la Constitución es pura babosada. El empresario hondureño da golpes de Estado cuando consideran que hasta con el pétalo de una rosa pueden dañarle sus intereses.

-¿No le parece sospechoso que Zelaya quisiera celebrar el referéndum para la Constituyente cuando le quedaban sólo dos meses de mandato? ¿No lo hacía para buscar la reelección?
-Estaba haciendo una convocatoria para que la gente dijera si quería que el 29 de noviembre se colocara una urna para expresar si apoyaba o no una Constituyente el próximo año. Para que la nueva Constitución estuviera ya en 2011.

-¿No fue un factor esencial del golpe el temor a Chávez?
-¿Quién asoció a Zelaya con Chávez? Los mismos empresarios privados para que no les pusieran impuestos. Quienes estaban más interesados en el Alba eran los empresarios. ¿Por qué? Porque el dinero de Chávez les permitía a ellos que no les pusieran impuestos para sostener el Estado. En Europa, en Norteamérica, el Estado recibe como entre el 40 y el 48% del producto interno bruto en ingresos corrientes. En Honduras recibe el 14 y antes de esta Constitución recibía el 25 % del PIB. ¿Ante qué Estado estás? Los empresarios dicen entonces "el Alba nos puede ayudar a que no nos metan impuestos, y a que nos ayuden a sostener el presupuesto". ¿De quién fue la idea de que Honduras entrara en la iniciativa de Chávez de Petrocaribe? De los industriales, de Fito Facussé. A través del Alba y de Petrocaribe acercan a Chávez en Honduras. ¿Y después qué? ¿Cuál es el ese papel? ¿Detrás de qué andamos? Eso es lo que hay que analizar.

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