Entrevista a Eduardo Bähr: “La Asamblea Constituyente es la base de una ciudadanía participativa e incluyente”

Por Mario Casasús
El Clarín de Chile

Tegucigalpa.- En entrevista con Clarín.cl el escritor Eduardo Bähr (1940), director de la Biblioteca Nacional de Honduras, habla de “La Cuarta Urna, como preámbulo de la Asamblea Constituyente y base para la redacción de una Constitución participativa e incluyente que diese oportunidades a una mayoritaria comunidad relegada hacia la base de la pirámide económica, social y política y con la única opción de votar a cada cuatro años por sus propios enemigos”

Eduardo Bähr es Premio Nacional de Literatura (1990), autor de: Fotografía del Peñasco (1969); El Cuento de la Guerra (1971); Mazapán (1981); El Diablillo (1991); Tegucigalpa. Paseo por la ciudad desolada (1992); Guerra a la Guerra (1995); Malamuerte (1997); Fondo de Reptiles (2002); El niño de la montaña de la Flor (2003); Mandrágora: Melodrama con Esperpento, en tres actos y epílogo (2006) y Ventanas de la Memoria (2007).

El catedrático, narrador y dramaturgo Eduardo Bähr, hace un inventario a 4 meses del golpe de Estado, desde su opción por no renunciar a la Biblioteca Nacional, como una defensa del espacio público; asimismo presenta un análisis sobre el debate previo al 28 de junio y advierte: “Haré lo que me corresponde sin interés personalista, incluso sin autoría si es necesario, tanto en el teatro como en la ensayística menos, los dioses me libren, en la poesía patriótica”, para finalizar con una remembranza de su relación con Chile, con el cineasta Raúl Ruiz y un proyecto pendiente: “En la Biblioteca Nacional de Honduras habrán de funcionar regularmente, esa es nuestra intención, las cátedras Mistral, Neruda y Martí”

MC.- ¿Cuál era el debate entre los intelectuales antes del 28 de junio?
EB.- Los intelectuales hondureños estuvieron involucrados de alguna o muchas maneras durante el llamado “decenio del terror”; el de los años 80 del siglo pasado, cuando se implementó en nuestro país la Doctrina de la Seguridad Nacional, con ayuda y asesoría norteamericana, argentina, chilena, salvadoreña e israelita, como defensa de las oligarquías contra el influjo de las revoluciones populares de otros países Centroamericanos: El Salvador, Nicaragua y Guatemala. Para el imperio la prioridad estuvo centrada en Nicaragua, puesto que sus analistas medían el peligro de cada país conforme a la eficacia de las fuerzas represivas internas, que impedirían su avance o alargarían el tiempo de sus oportunidades. En ese sentido, Nicaragua observaba una cohesión casi absoluta de las fuerzas populares en contra de la dictadura y su revolución estaba en su etapa final. El imperio utilizó a nuestro país como ‘portaviones’ de la contrarrevolución. Antes del 28 de junio el debate estaba diluido, o enclaustrado en la academia y el aula universitaria. Las fuerzas de izquierda, desmembradas y debilitadas por la caída del Muro apostaban tímidamente a la aventura electorera, sin perder su inveterada costumbre de ejercitar el pleito ideológico interno y considerar al camarada como enemigo más enemigo que el verdadero. Muchos militantes se diluyeron en la derecha socialdemócrata o la ultraderecha democristiana y otros centraron sus energías en las denuncias contra la corrupción gubernamental o la defensa de derechos humanos y ambientales. Se podría asegurar, con un poco de propiedad, que antes del 28 de junio los intelectuales hondureños estaban divididos en la obligación ético progresista de apoyar o no la confrontación anti oligárquica que el Presidente Zelaya tenía abierta en varios frentes. Con bastante reticencia algunos encontraron motivos para alejarse de esa confrontación alegando que el gobierno del Presidente Zelaya era igualmente corrupto que los anteriores (sic); mientras otros creímos que era necesario ayudar a acercar el tiempo de ajustar cuentas y, consecuentemente, apoyamos el proyecto de La Cuarta Urna, preámbulo de la Asamblea Nacional Constituyente y base para la redacción de una Constitución participativa e incluyente que diese oportunidades a una mayoritaria comunidad relegada hacia la base de la pirámide económica, social y política y con la única opción de votar a cada cuatro años por sus propios enemigos. Al mismo tiempo, las instituciones de las oligarquías: partidos políticos, comerciantes e industriales, iglesias, instancias jurídicas del estado, el ejército y una alta burguesía aterrorizada por los planes del Presidente Zelaya, afinaban los suyos para el zarpazo final que resultó en Golpe de Estado.

MC.- Leí que usted presentó su renuncia, negándose a continuar dirigiendo la Biblioteca Nacional, ¿por qué no fue en calidad de irrevocable?, ¿es otra forma de defender los espacios públicos?
EB.- Presenté mi renuncia públicamente y en dos ocasiones mientras otros incluidos en la burocracia estructural buscaban acomodo, incluida la recomendación de los sirvientes cercanos al gobernante de facto y con la firma de éste. La única persona que me acompañó, en la segunda ocasión, fue el director del Archivo Nacional, el historiador Mario Argueta. Hubo varias razones para que esa renuncia no fuese irrevocable: una, egoísta, que se basa en que una fuente de trabajo es garantía de protección económica para sostener a una familia de clase media pobre; otra, que la permanencia en nuestra fuente de trabajo implica derechos adquiridos con prestaciones, si uno es ‘echado’ del puesto te olvidas de todo; los espacios públicos deben ser dirigidos, administrados y defendidos cuando mediante la capacitación ha sido lograda una experticia procedente y cuando las direcciones son escogidas por capacidad, no por ‘chamberismo’ político. Al mismo tiempo se debe considerar que abandonar un puesto significa ser sustituido por otra persona del gobierno de facto de manera inmediata y sin analogías de capacidad e interés por el trabajo que se hace. En mi caso, soy un escritor que desea, con un interés cultural especial, seguir dirigiendo la biblioteca más importante del país hasta que avatares, caprichos o circunstancias forzadas por individuos revestidos de poder lo permitan.

MC.- ¿Qué ha visto desde su balcón que colinda con una importante calle de Tegucigalpa?
EB.- La Avenida Cervantes es la arteria más importante de acceso al centro de Tegucigalpa; sobre esta avenida está enclavada la Biblioteca Nacional. Desde sus balcones ha sido posible observar cómo, de manera constante y sostenida, la Resistencia –cuerpo ciudadano de protesta en contra del Golpe de Estado (“Golpe de gobierno” lo llamó el vicepresidente del Congreso), que incluye a liberales zelayistas, intelectuales progresistas y ciudadanos de las clases bajas y medias del sustrato social convencidos de que la Constituyente aún es un proyecto viable; algunos oportunistas salidos del afán artístico-literario en busca de reconocimiento, y avezados luchadores en pro de la justicia social y los derechos humanos y ambientales-, día a día y sin parar hace sentir su presencia en contra del Golpe. Solamente hay tres hitos históricos anteriores al fenómeno social que vive actualmente el país: primero, la gran huelga de trabajadores de 1954, en procura de derechos laborales y en contra de las transnacionales bananeras, que centró su lucha en los campos de producción de la Costa Norte hondureña; segundo, el descontento de los intelectuales ante la guerra de 1969 con El Salvador, provocada en su razón medular por diferencias económicas de compraventa dentro de un Mercado Común Centroamericano controlado por Norteamérica (descontento que fue ampliamente rebasado por el patrioterismo); y tercero, el levantamiento popular espontaneísta producido por la entrega de un supuesto capo narcotraficante de nacionalidad hondureña a la DEA norteamericana, por parte del gobierno de Azcona y que dio como resultado la quema de la omnipotente Embajada norteamericana en Tegucigalpa. En estos tres casos el factor común fue un orgánico descontento ciudadano, el mismo que hoy se manifiesta como frente de lucha ciudadana.

MC.- ¿Aumentó el número de consultas en la Biblioteca Nacional después del 28 de junio?, ¿qué interés presentan los estudiantes por conocer la Historia hondureña?
EB.- Las consultas en nuestra Biblioteca son, en gran porcentaje, ordenadas por el sistema educativo al pedirles investigaciones sobre tareas específicas. La población joven, que es mayoritaria, no lee por placer ni costumbre, sino por obligación. La situación política de nuestro país influyó para que la afluencia de usuarios bajara ostensiblemente. Incluso, la afluencia marcada por las obligaciones de los exámenes finales bajó casi a cero pues, como se sabe, el año lectivo fue promovido por parte del gobierno de facto sin el necesario requisito del aprendizaje y la evaluación.

MC.- ¿Qué tipo de dinámica tenía la Biblioteca Nacional antes del golpe?, ¿organizaban presentaciones de libros y tertulias?
EB.- La estrategia de visibilizar a la Biblioteca mediante actividades culturales diarias de toda índole implementada desde hace casi dos años (aún hay gente que busca a la Biblioteca, trasladada al edificio actual hace más de un decenio, en una dirección que no existe, frente a un cine que no existe) se lleva a cabo con admirable asiduidad. Allí hay presentaciones de libros, tertulias, sesiones académicas, teatro, cine, talleres, música juvenil, exposiciones artísticas y de caricaturas, cursillos de bibliotecología para civiles y militares; talleres de música electrónicas, de grafitti, de discjokey; de danza y baile de las calles, cursillos de teatro mimo para promotores de la lectura... Algunas de estas actividades fueron, incluso, a nivel centroamericano, como el Festival de Teatro-títeres con presencia de compañías de Honduras, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica y Guatemala. La Biblioteca está abierta para niños y niñas, jóvenes y adultos sin restricciones de ninguna clase, a excepción de que se le cuide como un bien del estado y, por tanto, de la ciudadanía. No hay más rótulos que los que indican rutas de evacuación y, si de mi parte fuera, aceptaría muy visibles únicamente dos: “prohibido prohibir”, y “amaos los unos sobre los otros” (risas).

MC.- ¿De qué forma describiría a Tegucigalpa?, ¿todavía es una ciudad desolada?
EB.- La somnolencia de esta bella ciudad ha pasado a ser una escondida alerta ante lo que, de manera inesperada, pueda ocurrir. Las actividades laborales, económicas y culturales se vuelven febriles a determinadas horas del día pues, a eso de las siete u ocho de la noche las sombras pesan más por los temores que cubren a la ciudad que por los contrastes de luces y oscuridad que le han dado su maquillaje romántico y nostálgico. La noche es patrimonio de la delincuencia y, en lo que a la ciudadanía se refiere, intimidación de las autoridades mismas.

MC.- A su generación le tocó vivir tiempos difíciles, ¿cómo valora el relevo generacional?, ¿los jóvenes escritores e historiadores han estado a la altura de las circunstancias?
EB.- Desde el decenio de los años 90 del siglo pasado ha habido novedosos avances en la producción audiovisual, con excelentes directoras y directores de cine, productores, guionistas y técnicos. Ha habido pasos hacia adelante en la literatura de género por parte de las mujeres y los grupos literarios, teatrales y artísticos de calidad se han hecho presentes. No obstante, y hablando de manera generalizada, me parece que la falta de causas bien definidas por parte de los jóvenes ha provocado cierta dispersión y baja calidad. A esto ha contribuido la llamada “literatura de Internet”, masiva, mediocre y egocéntrica. Tengo la impresión de que los jóvenes no han captado aún en su totalidad los beneficios que en el plano de las comunicaciones y la cultura suponen las aperturas de la globalización. En el contexto de la crisis actual puede verse este asunto. La comunicación para la Resistencia ha permitido masivos envíos de ‘poesía popular’, de corte patriótico y heroicista; en un 80% esa poesía es basura causada más por afanes de sobresalir individualmente que por genuina expresión artística, patriótica y ciudadana.

MC.- ¿Tiene noticias sobre las presentaciones callejeras de los actores y artistas del Frente Nacional de Resistencia Contra el Golpe de Estado?
EB.- El teatro de la calle ha estado presente en pueblos y ciudades de Honduras desde antes del Golpe, incluso la SCAD ha patrocinado ese tipo de eventos. Son admirables las actividades de grupos citadinos que ni siquiera tienen recursos para mantener sus obras y, en las ciudades del interior del país, en departamentos como Santa Bárbara, por ejemplo, debemos respeto y admiración a directores, actores y artistas que han logrado condicionar sus performances a las necesidades de las causas actuales.

MC.- ¿Escribirá alguna obra de teatro sobre la coyuntura de la crisis hondureña?, ¿o recurrirá a la ensayística para analizar el conflicto visto en perspectiva?
EB.- Ya se verá cómo, en cuanto esta etapa de la crisis merme o se soluciones comenzarán a salir producciones impresas de toda índole y de calidad variada. Haré lo que me corresponde sin interés personalista, incluso sin autoría si es necesario, tanto en el teatro como en la ensayística menos, los dioses me libren, en la poesía ‘patriótica’.

MC.- Finalmente, tomando en cuenta que lo leerán en Santiago de Chile, háblenos de su relación con el país andino… por ejemplo de su trabajo actoral con el cineasta Raúl Ruiz o el significado del galardón Gabriela Mistral (1995)
EB.- Nuestro trabajo con Raúl Ruiz pertenece al pasado, pero también al presente por el significativo producto que quedó. La película UTOPÍA representa para la magra producción cinematográfica del país una verdadera joya de calidad puesto que debemos tomar en cuenta también que la cámara en ese filme es de Sami Kafati, el fallecido pionero del cine en Honduras. Nuestra relación con la hermana República de Chile tiene varios decenios de existencia, desde la cátedra universitaria en la que hemos enseñado permanentemente la literatura de el país andino hasta la fundación (aunque de irregular funcionamiento) de las cátedras Neruda y Mistral, que aún tienen adeptos. Mis talleres de poesía para niños y niñas con base en la poesía de Mistral, durante varios decenios, resultó en el galardón mundial Medalla Gabriela Mistral, que me sorprendió más por la calidad de los otros 49 intelectuales galardonados que por mis modestos merecimientos. En la Biblioteca Nacional de Honduras habrán de funcionar regularmente, esa es nuestra intención, las cátedras Mistral, Neruda y Martí, de las que hemos sido capítulo correspondiente con las fundaciones de Chile y Cuba, pese a la naturaleza de nuestras comunicaciones.

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