por TULUM

En independencia de las múltiples razones, factores, detalles, decisiones y opiniones que se han generado en torno a la abrupta destitución presidencial, la ruptura del hilo constitucional, la movilización de amplios sectores populares y la represión policial militar derivada de todo ello, muestra con gran claridad tres elementos importantes en la vida política regional que no podemos pasar por alto.

Y digo regional por que todo esto desborda las fronteras físicas de Honduras, y en diversas formas los acontecimientos referidos se convierten en una especie de termómetro para América Latina y el Caribe.

El primero de ellos tiene que ver con la pervivencia de la inveterada intransigencia y cerrazón mental de las élites regionales (oligarquías terratenientes y burguesías financiero-comerciales, alta jerarquía militar y eclesial). Estos sectores y fracciones de clase forman un sólido bloque centroamericano y mucho más allá, y sin tapujos han declarado su respaldo público a la ilegal acción golpista.

Para estos sectores la transición hacia la democracia ha sido poco menos que un mero ?cuento de hadas?, y no están dispuestos a nombre de ella ni de ningún otro ?concepto político metafísico?, ceder ni siquiera medio milímetro de su poder y privilegios. Para ellos, la única palabra adecuada que el diccionario proporciona para describir su actitud es ?cerril?.

El segundo elemento a resaltar lo constituye la pervivencia de la polarización política en Centroamérica, derivada no tanto de posiciones ideológicas sino, fundamentalmente, alimentada por una pobreza generalizada que la transición post bélica no ha logrado eliminar.

Se simpatice o no con Zelaya, nadie puede negar la existencia de amplios sectores populares descontentos con el orden burgués tradicional, y ellos, muchas decenas de miles de personas que en estas semanas de anarquía política se han movilizado a costa de muchos sacrificios, son la mejor prueba de tal aseveración.

No es pues un asunto que compete exclusivamente a un finquero necio, ?sombrerudo?, ?botudo? y ?bigotudo?. Se trata en realidad, para horror de las élites más reaccionarias e impopulares de Centroamérica, de la madurez de un pueblo, el pueblo políticamente más rezagado de todo el continente.

Sí, el colapso democrático en la región centroamericana es de tal magnitud, que hasta un pueblo tradicionalmente desmovilizado y desorganizado como el hondureño, ha empezado a madurar su orientación y sentido de clase. No tienen opción. Morir en la extrema pobreza y de hambre (de comida y de dignidad) o hacerse cargo de su propia historia.

El tercer elemento a señalar es la pervivencia de la inefectividad de organismos como la OEA, la debilidad de la ONU para tomar medidas serias, la tibieza del gobierno de Obama para sancionar con más dureza a los golpistas, y en otro nivel de análisis, la parálisis e indiferencia de las izquierdas centroamericanas, que con muy pocas excepciones, ante los hechos suscitados no han hecho más que meras acciones retóricas y ataques diarréicos-verbales, mediante comunicados y artículos.

En términos generales, podría decirse que los recientes hechos acaecidos en torno al llamado ?caso Zelaya?, son un campanazo de alerta ante un hecho grave que está en marcha desde hace cierto tiempo; se trata del fracaso del proceso democrático de transición y del colapso democrático en Centroamérica.

En nuestra región nadie va a defender una democracia parcial que no da de comer, no proporciona empleo, seguridad ni nada. Y por parte de las élites, ellas tampoco van a defender ningún proceso de apertura política que amenace sus privilegios históricamente detentados.

En nuestras propias narices se está produciendo un inmenso vacío, y ya sabemos que la naturaleza aborrece tal cosa?y pronto no tardarán en asomar sus cabezas aquellos que siempre están al acecho de nuevas oportunidades para volver a los viejos tiempos aquellos?

¿Propuestas?, ¿Soluciones? ¿Salidas?

En mi opinión, antes de que sea demasiado tarde, la fracción progresista de las élites políticas centroamericanas deben de convocar a un nuevo Esquipulas, está vez de tipo social y económico. Y en cuanto a los sectores populares democráticos, tendríamos que unirnos en un solo bloque regional para empujar el cumplimiento derivado de esos nuevos acuerdos, necesariamente de Estado y no de gobierno. De largo y no de corto plazo.

Me parece que todavía estamos a tiempo, antes de que la extrema pobreza, el crecimiento demográfico, el crimen organizado, la crisis mundial y el acelerado deterioro del medio ambiente hagan estallar revueltas anárquicas que nadie podrá encauzar.

Por todo ello, me parece muy oportuno el papel activo que Brasil empieza a jugar en la sub-región, haciendo un llamado urgente al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y al mismo tiempo, el dramático llamado de Rigoberta Menchú que me llega precisamente en estos momentos en que termino el presente artículo.

Sergio Barrios Escalante
Sociólogo centroamericano
Fuente: indextulum.blog.com.es

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