Daniel Martínez Cunill
Rebelión

Avanzando el mes de octubre, a más de 100 días del golpe de estado encabezado por Roberto Micheletti y la oligarquía hondureña contra Manuel Zelaya, se están decidiendo en Honduras, los límites de la negociación para destrabar la crisis. Hay que reconocer que un catalizador de todo este va y viene de Cancilleres, Secretario General y funcionarios de la OEA y hasta un representante de España, fue la audaz maniobra de Mel Zelaya que se le coló a escondidas a los policías y militares hondureños hasta “hospedarse” en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa.

Y aquí una autocrítica (en el obsceno lenguaje del pasado). La verdad es que hasta hace unas semanas yo tenía la fuerte convicción que a Zelaya se le habían aguado los helados y que su prolongado periplo por el Continente no terminaría jamás. Por experiencia yo desconfío de los políticos, nada más que el costo de andar desconfiando siempre es que de repente a uno se le pasa la mano caray.

Así me ocurrió con Zelaya a quién pude saludar al momento de retirarse de una visita al Senado mexicano gracias a la amabilidad de la senadora Yeidckol Polevnsky que me presentó como chileno. Cuando el presidente depuesto escuchó mencionar a Chile, consideró que venía al caso hablar de Allende y hacer algunos paralelos entre ambas experiencias. A mi me ardía la lengua por citarle al Presidente Allende que en reiteradas ocasiones dijo: “A mí no me van a hacer subir a un avión en pijama ni solicitar asilo en una embajada” y relatarle que –como muchos chilenos- fui testigo del rechazo que le causaba la falta de dignidad de algunos mandatarios depuestos en América Latina. Pero en fin, algo aprende uno en la vida y decidí omitir la cita. Pero igual me le fui a la yugular y le dije que -en esta coyuntura- en su figura se resumía la dignidad de todo el Continente y que esperaba que no nos defraudara. El hombre, muy plantado, comprometió su palabra de que no fallaría y se despidió con un abrazo.

Yo me quedé con una razonable dosis de duda, por eso ahora desde aquí le mando una disculpa y espero que no se deje enredar en una negociación de condescendencia con los golpistas. Digo esto porque aunque los gobiernos latinoamericanos, la Organización de Estados Americanos (OEA), la la Asamblea General de Naciones Unidas y la UE condenaron el golpe y reclamaron el restablecimiento del presidente constitucional el tema se atascó porque Obama y su secretaria de Estado, Hillary Clinton, fueron muy ambiguos, condenaron la violencia y se apresuraron a pedir negociaciones entre los usurpadores y el mandatario, elevando así al mismo nivel al golpista que al “golpeado”.

El portaaviones US Honduras

Es bueno recordar que Washington ha entrenado a la mayoría de los de oficiales de Honduras, lo que le facilitó una profunda penetración y co-participación en la planificación estratégica hondureña. Con permanente presencia militar, la inteligencia militar y la CIA han utilizado el territorio catracho como un virtual portaaviones, para derrocar presidentes y agredir naciones. Los agentes de la inteligencia militar del Pentágono y la CIA durante décadas (1945) han actuado impunemente en Centroamérica, basados en territorio hondureño. La prueba más evidente ocurrió entre 1981 y 1989 cuando fueron adiestrados y armados más de 20.000 mercenarios de la “contra” para atacar al gobierno sandinista elegido democráticamente. Nada novedoso entonces que esos generalotes y las 5 o 6 familias de la oligarquía aplicaran sus experiencias en casa y ordenaran a los soldados expulsar a Zelaya.

Pero lo más grave de esta tragedia en tres actos, es que o bien Obama está de acuerdo en que se den golpes de estado en nuestro Continente para iniciar un retroceso de la tendencia progresista y democrática que impera, o bien que lo ignora y que sus militares y agentes de inteligencia operan con una política de seguridad propia, ajena a la Casa Blanca y el Departamento de Estado. Si la primera hipótesis es mala, la segunda es peor.

La resistencia interna

Con el golpe militar en Honduras se desencadenó una extensa represión en contra de la población y que acarreó asesinatos y arresto de líderes de la resistencia y una disminución brutal de los derechos políticos y civiles de la población hondureña. Además se han cerrado medios de información contrarios al nuevo gobierno golpista. Con la vuelta a Honduras del Presidente Zelaya las cosas no hicieron más que empeorar.

Los mismos que no cesan de denunciar la impopularidad del Presidente Zelaya cada día se ven obligados a incrementar la represión contra una resistencia que no pide gran cosa: El retorno a la constitucionalidad y el reconocimiento de Zelaya como legítimo presidente del país. Aquí es donde cabe la pregunta ¿de donde salió tanta gente para la resistencia si Zelaya era tan impopular? O será que la mayoría está por la legalidad y no queda más que golpear, encarcelar y desinformar, como los enseñaron los “maestros” norteamericanos.

Lo más increíble es que una buena parte de la prensa internacional se hace partícipe de este juego perverso y guarda silencio o bien adultera las cosas. Al punto de que se han permitido condenar el retorno de Zelaya a su país del cual es Presidente constitucional.

La acusación a Zelaya de querer perpetuarse en el mandato presidencial es falsa

Se ha intentado justificar el golpe militar en Honduras bajo el argumento de que Zelaya intentaba mantenerse en el poder y que la consulta que estaba previsto hacer sobre el tema el 28 de junio serviría para perpetuarse en el poder. (Aquí cabe recordar que e l gobierno de Uribe en Colombia, está haciendo una consulta para cambiar la Constitución para mantenerse en el poder. Pero parece que en este caso no constituye pecado para EEUU y las oligarquías locales).

Déjenme decirles que eso es falso. Pero incluso se así hubiera sido, y la ciudadanía hubiera votado a favor, aún y así el Presidente Zelaya habría tenido que entregar el poder en enero de 2010 y dejar el cargo al nuevo presidente electo. En el mejor de los casos, y si Zelaya hubiera manifestado intenciones de volver a ser Presidente, tendría que presentarse a las elecciones después de que el mandato del nuevo presidente terminara y bajo la modalidad que la nueva Constitución indicara.

Lo cierto es que sobre falsedades y violencia se ha montado una negociación falaz. ¿Qué tiene que negociar un presidente legítimo con un usurpador afirmado en las armas golpistas? Una salida honorable dicen en la OEA. ¿Sabrá Micheletti el significado del término honorable? Vamos a estar atentos al tema, no se que por la vía de la negociación se termine por indultar a todos los “honorables golpistas”.

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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